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viernes, 26 de abril de 2013

Capítulo 4


Cuando llego a casa no hay absolutamente nadie. Subo a mi habitación corriendo y suelto la mochila. Saco el libro de dentro y lo abro. Inmediatamente lo cierro. No es mi libro. El miedo me invade. Había dos libros negros, debí de coger el libro equivocado, lo que significa que él tiene el mío. No me importa que lo lea, pero sea como sea tengo que recuperarlo. O ella se enfadará. No se por cuanto estará dormida.
Vuelvo a abrir el libro de Nate para echarle un vistazo y el recuerdo de su mirada fría vuelve a helar mi sangre. Será mejor que ni siquiera lo lea. Me tumbo sobre la cama y relajo todos los músculos. Cojo el móvil para apagar la música y veo que tengo un mensaje de Kevin: “A las seis las pruebas para el teatro”. Es raro que las pruebas sean tan pronto. Eso significa que la obra de este año va a ser larga. Me han dicho que el año pasado representaron el musical de West Side Story y que Becky hizo de María. Me hubiera gustado mucho verla.
Me levanto de la cama, me quito las sandalias y bajo a la cocina a por un vaso de agua. Me veo cayendo al suelo y escucho su voz en mi cabeza “666 recuerda esa es la cifra, sólo te quedan 66 para llegar” su risa malvada me paraliza y me quedo allí tumbada en el suelo. Mi madre entra corriendo a la cocina e intenta levantarme del suelo, pero no puede. Su voz se vuelve lejana y todo se desvanece. Un escalofrío recorre mi cuerpo. La vista de la cocina me ha traído ese recuerdo a la mente. Malos tiempos que prefiero no volver a recordar. Cojo un vaso y me echo agua.  Su frescura se lleva los amargos recuerdos y me aclara la mente.
Miro el reloj de la cocina, son las cinco menos cuarto. Tengo una hora de relax antes de volver andando al instituto. Siento una vibración en el aire. Me giro pero no veo a nadie. Debo haberlo imaginado. Voy al salón y enciendo el estéreo. La música suena a todo volumen por la casa. Tengo que aprovechar ahora que no hay nadie. Bailar. Hacía siglos que no bailaba. No tuve tiempo para bailar en mi viaje. Subo las escaleras haciendo el tonto y cantando a todo pulmón …Baby One More Time de Britney Spears. Puede que sea la canción más pasada de la historia pero me encanta. Hit me baby one more time!
Entro en el baño y me ducho mientras la música no para de sonar. Me pregunto de qué será la obra este año. Espero que sea algo divertido. No quiero más dramas. Aunque estoy ansiosa por hacer las pruebas. Voy a conseguir el papel principal cueste lo que cueste, más les vale a mis dotes de actriz no haberse oxidado, porque si no… ¡me enfado!
Salgo de la ducha, me seco y me visto. Aún hace calor así que me pongo un pantalón corto de rayas verticales azules y blancas  y una blusa de tirantes blanca con las sandalias de esta mañana.
Son las cinco, todavía me da tiempo a secarme el pelo. Enchufo el secador y desempaño el espejo. Me asusto al ver mi melena de rizos dorados. Parezco un león. Tom se reiría de mí si me viera así. Con el secador consigo arreglármelo lo suficiente para no parecer una loca indigente. Me recojo los rizos en una media cola que adorno con un pequeño lazo azul. Saco el set de maquillaje y uso el rímel para alargar mis pestañas y volverlas más negras y me pongo un poco de brillo en los labios. Observo a la chica que hay ahora en el espejo, tan diferente a la de hace un par de años. El pelo mucho más largo, la cara más afilada, los ojos de un marrón más oscuro, el cuerpo con muchas más curvas. Aparto la mirada del espejo. Parezco una Barbie. No era esa mi intención. Nunca he querido ser una Barbie. Suspiro y salgo del baño, cojo mi móvil y las llaves, apago el estéreo y salgo de mi casa.
Cuando llego al instituto Kevin y Becky están en la puerta esperándome. Beck viene corriendo y me dan un abrazo. Huelo su perfume, vainilla. Es como oler los bizcochos que solía hacerme mi abuela cuando era pequeña. Una pizca de tristeza se cuela en mi corazón. Murió el año pasado mientras estaba de viaje. No pude estar aquí para el funeral.
Una ráfaga de viento revuelve el pelo moreno de Becky y lo despeina.
̶            Sería mejor que entrásemos ya – miro a Kevin que nos espera de brazos cruzados – si habéis terminado de abrazaros, claro está.
̶            Claro – dice Becky.
Deshacemos el abrazo y seguimos a Kevin al teatro del instituto. Beck está de los nervios, no para de lanzar grititos y de saltar. El teatro ya está lleno de gente cuando llegamos. Los asientos, el escenario, me traen tantos buenos recuerdos. Como aquella vez en primero que tuve que cantar delante de todo el mundo con Lily y Becky el himno del instituto y como no nos gustaba – y al encargado de la música tampoco – en mitad de la canción cambiamos la música y cantamos Baby de Justin Bieber. Recuerdo que todo el instituto estalló en carcajadas, incluso el director Peterson. 

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