Las horas pasan lentas y aburridas con los
profesores explicando que es el último año y el más difícil. ¿No me digas? Yo pensaba
que el último curso era el más fácil. Ironía. Cuando llega la hora del almuerzo
estoy ansiosa por reunirme con Becky y Lily. También tengo muchas ganas de ver
a Kevin, a Tom y a Paula.
Me siento en la mesa
con Becky a esperar que vengan los demás y me preparo para el festín que
está a punto de empezar. Desde primaria la madre de Becky hace una bandeja de
brownies el primer día de clase y son los mejores que he probado nunca.
Becky empieza a sacar tupperwares de su mochila y la
boca se me hace agua. Abre uno y enseguida me llega el olor a chocolate. Alargo
la mano para coger uno.
̶
Hay
que esperar a que todo el mundo esté sentado a la mesa para comer – la voz de
Lily me llega desde mi derecha.
Me giro para mirarla y me veo envuelta en un millón
de brazos. Cuando se apartan veo la cara sonriente de Tom, Kevin a su lado con
sus gafas de hipster me guiña un ojo y Paula me mira de arriba abajo
entrecerrando los ojos.
̶
Sin
duda tienes mejor aspecto – dice asintiendo.
Mis tripas rugen en ese momento. Todos se ríen y nos
sentamos a comer. Observo a Paula, Kevin y Tom mientras saboreo mi brownie. Son
un trio bastante peculiar. Kevin y Tom han sido mejores amigos desde el jardín
de infancia y Paula, al ser la melliza de Tom, siempre los acompañaba, eran
como los tres mosqueteros, siempre juntos a todas partes. El año pasado Kevin y
Paula empezaron a salir – sé esto porque me lo contó Becky en cuanto entró ayer
por la puerta de mi casa – todos pensaron que Tom dejaría de ser amigo de Kevin
por atreverse a salir con su hermana, pero se han mantenido igual de unidos que
siempre. Me alegro por ellos.
̶
Tu
madre se supera cada año – dice Tom con la boca llena.
Becky sonríe dulcemente y se aparta un mechón de
pelo moreno de la cara.
Hace siglos que no hago educación física. Las chicas
vamos a echar un partido de baloncesto en la mitad del gimnasio y los chicos en
la otra. Lily a pesar de ser bajita es una de las más rápidas de nuestro
equipo. Supera sin dificultad a la defensa del contrario y me pasa el balón.
Estoy a punto de hacer el mate de mi vida cuando una pelota me da en la cabeza
y caigo al suelo. Me levanto rápido algo mareada y recojo la pelota que me ha
dado en la cabeza. Miro hacia el campo de los chicos y veo a Nate mirándome de
brazos cruzados esperando que le lance la pelota.
̶
¡¿Es
que no me vas a pedir disculpas?! – le grito llena de rabia.
̶
No es
mi culpa que estuvieses en medio – le lanzo el balón a la barriga.
No se lo espera y le da de lleno. Recoge el balón y
se acerca mí hecho una furia. Yo ando hacia él. Noto como todo mi cuerpo está
en tensión listo para presentar batalla.
̶
Vas a
arrepentirte de esto toda tu vida – puede que sus ojos sean fríos y no muestren
ninguna emoción pero su voz tiembla de rabia contenida.
̶
Lo
dudo mucho – le digo cortante.
Nate se acerca más a mí. Su cuerpo a centímetros del
mío. La tensión entre nosotros es bastante palpable.
̶
¡Johnson!
¡Griffin! – grita la entrenadora Philips mientras llega corriendo hasta nosotros – ¿Qué
pasa aquí?
̶
Nathan
Johnson me ha dado con el balón en la cabeza y no me ha pedido perdón. Le he
devuelto el balón del mismo modo en que llegó a mí.
̶
No
tengo la culpa de que Cassandra Griffin estuviera en el mismo sitio que el
balón y al mismo tiempo – dice Nate –. Me ha dado un balonazo en el estómago.
̶
Bueno,
entonces ya estáis en paz. Y ahora vais
a pediros perdón si no queréis que os amoneste.
̶
Él
primero – digo cruzándome de brazos.
Me mira con sus gélidos ojos azules.
̶
Lo
siento – dice.
̶
Yo
también lo siento.
̶
Me
alegro de que ya estés recuperada y al pie del cañón, hacía mucho que no te
veía así – miro a la entrenadora con una sonrisa –. Europa te ha sentado bien.
̶
Sí –
admito.
̶
¿Estás
totalmente recuperada ya?
̶
No.
Mi… enfermedad no tiene cura. Siempre
va a estar ahí.
̶
Lo
siento – la entrenadora parece avergonzada por haber metido la pata con la
pregunta –. Volved al partido.
Cuando me giro capto un cambio sutil en Nate. Algo
diferente en su mirada, hay una chispa en ellos, pero apenas dura unos segundos.
Camino hacia las chicas de vuelta al partido y todas me reciben en un corrillo.
̶
Nunca
he visto a Nate así – Lily frunce el ceño algo confundida – ¿Le has hecho algo?
̶
Me
choqué con él y le tiré los libros, pero pedí disculpas y se los recogí, ya lo
viste. Supongo que es algo así como odio a primera vista.
Todas se ríen aunque Lily sigue con el ceño fruncido
mirando al infinito pensativa. La empujo al campo de juego y corro tras Paula a
colocarme en mi posición.
A mitad del partido Lily parece despertarse y
conseguimos remontar al equipo contrario. Becky viene hacia nosotras algo
disgustada. Me dirige una mirada asesina.
̶
Te
recuerdo que es baloncesto no rugby, me has hecho un placaje y ¡ni siquiera te
han pitado falta! – me encojo de hombros – Te odio, Cassie.
̶
Lo
siento, Beck – le sonrío.
Abro los brazos y ella viene hacia mí para recibir
mi abrazo.
̶
Vamos
– grita Lily desde la puerta del vestuario de chicas –. Llegaremos tarde a
francés.
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