Cuando llego a casa no hay absolutamente nadie. Subo
a mi habitación corriendo y suelto la mochila. Saco el libro de dentro y lo
abro. Inmediatamente lo cierro. No es mi libro. El miedo me invade. Había dos
libros negros, debí de coger el libro equivocado, lo que significa que él tiene
el mío. No me importa que lo lea, pero sea como sea tengo que recuperarlo. O
ella se enfadará. No se por cuanto estará dormida.
Vuelvo a abrir el libro de Nate para echarle un
vistazo y el recuerdo de su mirada fría vuelve a helar mi sangre. Será mejor
que ni siquiera lo lea. Me tumbo sobre la cama y relajo todos los músculos.
Cojo el móvil para apagar la música y veo que tengo un mensaje de Kevin: “A las seis las pruebas para el teatro”. Es
raro que las pruebas sean tan pronto. Eso significa que la obra de este año va
a ser larga. Me han dicho que el año pasado representaron el musical de West Side Story y que Becky hizo de
María. Me hubiera gustado mucho verla.
Me levanto de la cama, me quito las sandalias y bajo
a la cocina a por un vaso de agua. Me veo cayendo al suelo y escucho su voz en
mi cabeza “666 recuerda esa es la cifra, sólo te quedan 66 para llegar” su risa
malvada me paraliza y me quedo allí tumbada en el suelo. Mi madre entra
corriendo a la cocina e intenta levantarme del suelo, pero no puede. Su voz se
vuelve lejana y todo se desvanece. Un escalofrío recorre mi cuerpo. La vista de
la cocina me ha traído ese recuerdo a la mente. Malos tiempos que prefiero no
volver a recordar. Cojo un vaso y me echo agua.
Su frescura se lleva los amargos recuerdos y me aclara la mente.
Miro el reloj de la cocina, son las cinco menos
cuarto. Tengo una hora de relax antes de volver andando al instituto. Siento
una vibración en el aire. Me giro pero no veo a nadie. Debo haberlo imaginado.
Voy al salón y enciendo el estéreo. La música suena a todo volumen por la casa.
Tengo que aprovechar ahora que no hay nadie. Bailar. Hacía siglos que no
bailaba. No tuve tiempo para bailar en mi viaje. Subo las escaleras haciendo el
tonto y cantando a todo pulmón …Baby One More Time de Britney Spears. Puede que
sea la canción más pasada de la historia pero me encanta. Hit me baby one more time!
Entro en el baño y me ducho mientras la música no
para de sonar. Me pregunto de qué será la obra este año. Espero que sea algo
divertido. No quiero más dramas. Aunque estoy ansiosa por hacer las pruebas.
Voy a conseguir el papel principal cueste lo que cueste, más les vale a mis
dotes de actriz no haberse oxidado, porque si no… ¡me enfado!
Salgo de la ducha, me seco y me visto. Aún hace
calor así que me pongo un pantalón corto de rayas verticales azules y blancas y una blusa de tirantes blanca con las
sandalias de esta mañana.
Son las cinco, todavía me da tiempo a secarme el
pelo. Enchufo el secador y desempaño el espejo. Me asusto al ver mi melena de
rizos dorados. Parezco un león. Tom se reiría de mí si me viera así. Con el
secador consigo arreglármelo lo suficiente para no parecer una loca indigente.
Me recojo los rizos en una media cola que adorno con un pequeño lazo azul. Saco
el set de maquillaje y uso el rímel para alargar mis pestañas y volverlas más
negras y me pongo un poco de brillo en los labios. Observo a la chica que hay
ahora en el espejo, tan diferente a la de hace un par de años. El pelo mucho
más largo, la cara más afilada, los ojos de un marrón más oscuro, el cuerpo con
muchas más curvas. Aparto la mirada del espejo. Parezco una Barbie. No era esa
mi intención. Nunca he querido ser una Barbie. Suspiro y salgo del baño, cojo mi
móvil y las llaves, apago el estéreo y salgo de mi casa.
Cuando llego al instituto Kevin y Becky están en la
puerta esperándome. Beck viene corriendo y me dan un abrazo. Huelo su perfume,
vainilla. Es como oler los bizcochos que solía hacerme mi abuela cuando era
pequeña. Una pizca de tristeza se cuela en mi corazón. Murió el año pasado
mientras estaba de viaje. No pude estar aquí para el funeral.
Una ráfaga de viento revuelve el pelo moreno de
Becky y lo despeina.
̶
Sería
mejor que entrásemos ya – miro a Kevin que nos espera de brazos cruzados – si
habéis terminado de abrazaros, claro está.
̶
Claro
– dice Becky.
Deshacemos el abrazo y seguimos a Kevin al teatro
del instituto. Beck está de los nervios, no para de lanzar grititos y de
saltar. El teatro ya está lleno de gente cuando llegamos. Los asientos, el
escenario, me traen tantos buenos recuerdos. Como aquella vez en primero que
tuve que cantar delante de todo el mundo con Lily y Becky el himno del
instituto y como no nos gustaba – y al encargado de la música tampoco – en
mitad de la canción cambiamos la música y cantamos Baby de Justin Bieber.
Recuerdo que todo el instituto estalló en carcajadas, incluso el director
Peterson.