CAPÍTULO 25
—Cassie, despierta.
Y me despierto. Mi
madre está al lado de mi cama cruzada de brazos con una expresión bastante
seria. Me froto los ojos para quitarme las legañas y bostezo.
—¿Qué pasa? —pregunto. Señala
detrás de mí.
Me vuelvo. Nate está
dormido con la boca abierta y un hilo de baba cayéndole por la comisura de los
labios. Tengo que contener la risa con todas mis fuerzas. Un momento, Nate está
dormido a mi lado. ¡¿Qué hace dormido a mi lado?!
Me giro hacia mi madre
intentando formar una explicación coherente en mi cabeza.
—Esto… Estábamos
repasando historia y nos dormimos. Te juro que no hicimos nada. Se suponía que…
La expresión seria de
mi madre torna en una sonrisa burlona. ¡Será malvada!
—Es evidente —se acerca
a la cama y coge el libro de historia del regazo de Nate. Me relajo de
inmediato.
Incorporándome, alargo
la mano hacia la mesita de noche para coger mi móvil. Un momento así debe pasar
a la posteridad. Selecciono la cámara y le saco una foto a Nathan. La próxima
vez que comencemos una guerra tendré algo con lo que chantajearle.
Cuando alzo la vista mi
madre me está mirando con una extraña sonrisa, casi que da miedo.
—¿Qué pasa?
Saca su propio móvil y
me enseña una foto de Nathan y yo durmiendo. La miro con la boca abierta.
¡¿Cómo se atreve a sacarme una foto así?! Entonces caigo en la cuenta. Yo he
hecho exactamente lo mismo con Nate.
—Se nota que eres mi
hija —me revuelve el pelo con una sonrisa—. El desayuno estará listo en cinco
minutos. Será mejor que os levantéis ya o llegaréis tarde a clase.
Acerco mis labios a la
oreja de Nate sigilosamente cuando mi madre sale de la habitación.
—¡Despierta!
Nate pega un bote
incorporándose y mira a todos lados confundido hasta que se encuentra con mi
mirada. Suspira de alivio.
—Levántate, Bello
Durmiente. Tenemos que ir al instituto.
—¿Al ins… —frunce el
ceño, luego sus ojos hielo se iluminan. Acaba de darse cuenta de que está en mi
casa. La siguiente expresión de su cara es de alarma—. Lo siento, Cassie, te
dormiste y no pude evitar quedarme un rato más; eres demasiado mona cuando
duermes.
—No puedo decir lo
mismo de ti. Me has babeado la almohada y encima roncas como un cerdo.
Él se limpia la baba
con la camiseta dejando al descubierto sus abdominales.
—Tú también deberías
limpiarte la baba.
Le pego un puñetazo en
el brazo. Se hace el herido de muerte y vuelve a tumbarse, arrastrándome con
él. La química chisporrotea ahí donde nuestras pieles se tocan. ¿Puede haber
una sensación más maravillosa que esta? Y pensar que ayer nos “odiábamos” a
muerte.
El beso que me da en el
cuello me hace olvidarlo todo. Sus labios se acercan a los míos peligrosamente
y su aliento mañanero hace que vuelva la cabeza y me deshaga de su abrazo.
—Si quieres besarme,
primero tendrás que lavarte los dientes —él pone los ojos en blancos. Le saco
la lengua.
Mientras se despereza
en la cama elijo la ropa para el instituto. Me pregunto qué dirán mis amigos
cuando vean que Nate y yo nos hemos reconciliado. Lily se enfadará al
principio, estoy segura; Becky dirá que somos muy monos y Tom, que está
dispuesto a pegarle al baboso de Nate si me vuelve a hacer algo.
***
Antes de que nos
levantemos de la mesa de la cocina mi madre se cruza de brazos y mira
seriamente a Nate.
—Te di permiso para
quedarte a cenar jovencito, no para quedarte a dormir —tengo que contener una
carcajada al ver la cara descompuesta de Nate, que se acentúa cuando mi padre
le mira sosteniendo un cuchillo en la mano.
—Señora Griffin, lo
siento mucho. Yo…
—La próxima vez avisa,
no me gustaría encontrarme con algo inapropiado.
—N-No, claro que no. Yo
respeto mucho a su hija —entonces mi madre sonríe para relajar la tensión. Le
recordaré este momento incómodo a Nate toda la vida.
—Bien. Marchaos ya si
no queréis llegar tarde.
Cojo mi mochila y me
despido de mis padres. Mientras camino hacia la puerta escucho decir a mi
padre: “Ni se te ocurra tocar a mi hija”. No llego a oír lo que contesta Nathan
porque alguien toca en el timbre.
Abro la puerta aún con
una sonrisita en la cara, pero esta se desvanece al ver el rostro serio de
Elektra.
—Hola —le digo—. Íbamos
a ir a buscarte ahora mismo.
—Será mejor que no
aparezcas en mi casa por una buena temporada. Mi madre está planeando algo contra
ti, lleva paranoica desde el viernes.
—Genial —Nate aparece a
mi lado—, entre tu madre y la mía voy a quedar convertido en cenizas.
Hago una mueca al
escuchar la palabra. Si nuestros progenitores asesinos no lo consiguen reducir
a cenizas terminaré siendo yo la que lo haga, literalmente.
—Mamá acabará contigo
cuando llegues a casa. Tenlo por seguro.
—Gracias por la info,
Electric Woman.
Con las llaves del
coche en la mano Nate cierra la puerta de mi casa y nos empuja para que
entremos en el Ford Fiesta.
***
—Ya estás soltando la
pasta —Pierre mira con cara de fastidio a Paula y le entrega un billete de 10
dólares.
Miro a ambos buscando
una explicación, aunque mi mente tiene una clara idea de lo que puede haber
pasado.
—Pensé que no volverías
con Johnson, mon amie. He perdido diez pavos por tu culpa.
—No culpes a Griffin.
Nadie puede resistirse a mis encantos de seducción.
Paula suelta una
carcajada y de buena gana me uno a ella. Pierre le da unas palmaditas en la espalda a Nate.
—Ta petite amie est une
femme fatale mais tu ne sais pas ça. Bonne chance, Johnson —y se aleja por el
pasillo.
—¿Por qué me desea
buena suerte?
—Acaba de decir que tu
novia es una mujer fatal y que no tienes ni idea —traduce Paula—. Deberías
prestar más atención en las clases de francés. No sé lo que harás ahí atrás con
Cass, tampoco es que tenga mucho interés en saberlo, pero deberías dejar de hacerlo.
—Para vosotras es fácil
decirlo, os pasáis toda la clase mirando a Bill. Si fuera una profesora, modelo
de Victoria’s Secret, seguro que prestaría más atención.
Pongo los ojos en
blanco. Es un pervertido sin remedio. La risa de Lily me llega desde el fondo
del pasillo y me giro. Mis ojos se abren con sorpresa al verla acompañada de
Rory. Nate frunce el ceño.
—Nos vemos luego chicos
—se despide Paula.
—No puedo creerlo —murmura
Nathan—. Embrujó a Lily para alejarte de mí y ahora es él el que está saliendo
con una humana.
—No… no fue por eso,
porque yo sea humana quiero decir —no quiero que Nate se enfade con Rory—. Él
lo sabe. Sabe que soy peligrosa y, al igual que yo, quería protegerte.
Nate me mira a los ojos
largamente. Supongo que intenta descubrir algo en ellos o saber si estoy
diciendo la verdad. Suspira y me atrae hacia él rodeándome la cintura con los
brazos. Apoyo la cabeza en su hombro, aspirando su aroma y abrazándolo fuerte.
Estar con él va a ser muy duro; mantener el secreto lo va a ser aún más pero no
puedo contárselo. No soportaría estar
cerca de él si supiera la verdad. No podría soportar su mirada acusadora
reprochándome lo egoísta que soy no alejándome de él. Porque un día Scarlett
tomará el control de mí y ese día lo arrasará todo con fuego; y ese día, si
Nate está a mi lado, ella se asegurará de que sea el primero en arder.
—Así que después de
todo sí que eres una femme fatale —susurra en mi oído con una risita. Me da un
beso en la coronilla antes de separarse de mí.
Rory y Lily se paran
junto a nosotros, ambos con una sonrisita de felicidad pintada en el rostro. No
sé si esto acabará bien o no, pero como Rory le rompa el corazón a la chica
Tumblr juro que no vive para contarlo.
—¿Qué te ha pasado en
el brazo? —mierda. ¿Por qué está Rory en mangas cortas? ¿Y por qué Nathan se
fija en estas cosas?
Los pocos segundos que
tarda en contestar se me hacen eternos. Su sonrisa gatuna hace acto se
presencia y sus ojos esmeralda se entrecierran de forma misteriosa.
—Me quemé con la tostadora
—no puedo evitar soltar una carcajada. Es decir, después de poner esa cara tan
enigmática, que suelte una tontería así
me hace gracia. Además estoy nerviosa.
—¿La tostadora? ¿Y
justamente te dejó el número 620 grabado en la piel?
—Nathan, tío, sabes que
hubiera preferido el 69, pero uno no elije estas cosas. Simplemente pasan. Como
cuando besé a Cassie en la discoteca, simplemente pasó.
—¿Cuándo qué? —Lily
fulmina a Rory con la mirada. Debo admitir que el chico sabe cambiar de tema,
aunque es un poco idiota. ¿Cómo se le ocurre decir eso delante de Lily? Sus
ojos verdes se cruzan con los míos un momento antes de responder a mi amiga.
Intento mostrarle mi más sincera gratitud con la mirada y creo que lo capta.
—Lil, Cassie no era la
única borracha del lugar —ella frunce el ceño pero no dice nada más—. Esta
tarde voy a ver a Harrington —dice dirigiéndose a Nate ahora—, ¿me acompañas?
—Claro.
—Genial, te recojo a
las cinco. Cassie —se despide—. Lil, te llamaré esta noche, ¿vale?
Ella asiente. La campana
suena justo cuando Rory sale por la puerta del instituto.
—Cassie —Nate me coge
del brazo antes de que pueda seguir a Lily.
—¿Qué pasa?
—La quemadura de Rory,
fuiste tú, ¿verdad? Por eso me dijiste que le preguntara cuanto dolía quemarse.
Abro la boca para decir
algo y no encuentro las palabras. Me ha pillado. ¿Qué le digo ahora? De ninguna
manera voy a hablarle de Scarlett pero ya me ha visto hacer magia en varias
ocasiones, ha visto como mi mano despedía esos rayos color fuego. Estoy segura
de que la próxima vez que ocurra delante de sus narices no lo va a dejar pasar.
Dios quiera que eso no ocurra.
—Te he dicho que soy
peligrosa. Quise alejarme de ti, ¿lo recuerdas?
Intento que mi rostro
se muestre como una máscara para no dejar escapar alguna emoción no deseada.
Nate me mira a los ojos y puedo ver en esos dos iris de hielo que estaba en lo
cierto cuando pensé que la próxima vez no lo dejará pasar. Y más si Rory piensa
que soy lo suficientemente peligrosa como para inmiscuirse y hechizar a mi
mejor amiga.
Él suspira y me
acaricia la mejilla con el pulgar. Cierro los ojos unos instantes dejándome
llevar por la química.
—No quiero que te pase
nada por mi culpa —murmuro en su oído.
—Está bien, Cass. Nos
vemos en el almuerzo.
Una idea loca empieza a
tomar forma en mi cabeza mientras alcanzo a Lily casi en la entrada de la clase
de historia. No sé si tendré el valor para llevarla a cabo. Pero si Nate no
está en casa esta tarde quizás pueda hablar con Amy y explicarle… algo.
***
Nunca pensé que una
casa pudiera imponer tanto y mucho menos que podría llegar a sentirme como un
vampiro cuando no ha sido invitado a entrar. Pero aquí estoy. Parada frente a
la vieja casa azul de Nathan, decidiendo si poner o no un pie en el camino de
grava. Todo mi cuerpo tiembla al recodar lo que pasó la última vez, cuando Nate
me trajo aquí después de que fuéramos a la discoteca. El dolor que sentí en el
pecho fue tan fuerte que me hizo despertar y entonces el aluvión imágenes de
Scarlett entrando en la casa me invadió. Nunca había tomado el control de mi
cuerpo por tanto tiempo y jamás lo había hecho sin que yo me diese cuenta.
Respiro hondo
intentando olvidar todo eso. Tengo que entrar ahí y hablar con Amy. Tengo que
contárselo, aunque pensar en las consecuencias que eso puede traerme… Quizás
decida marcharse de aquí y llevarse a Nate. No. Debería hablar con George
primero, él sabrá si es buena idea o no contárselo, para algo es el Adalid.
Mis opciones se esfuman
en el momento que Amy abre la puerta. Doy un paso al frente e intento ignorar
el dolor. Yo no soy Scarlett. Yo sí puedo entrar en esta casa.
Amy me mira fríamente
mientras camino hasta la puerta. La expresión de su cara no me da demasiados
ánimos. Pero ya que estoy aquí no hay vuelta atrás. No soy una cobarde.
—Tengo que hablar con
usted —digo. Ella se aparta de la puerta y me deja entrar en la casa. El dolor
incrementa cuando cierra la puerta tras de mí.
La casa es muy personal
y acogedora. Cada mueble, cuadro e incluso las manchas en el suelo de madera
parecen tener su propia historia. Las lámparas de cristales de colores hacen
que la luz se atenúe de forma cálida.
—¿Elektra está en casa?
—pregunto.
—No. Sólo tú y yo,
Cassandra. ¿Ese es tu nombre? —la forma en la que lo pregunta hace que aparte
la mirada de la decoración y la mire directamente a los ojos.
—Sí, ese es mi nombre.
Cassandra Griffin.
—Pensé que tal vez
podrías tener un segundo nombre. Scarlett te quedaría bien.
La sangre empieza a
correr más rápido por mis venas y las mejillas se me incendian de rabia. No
puedo culparla de que me trate así pero he venido aquí con toda mi buena
voluntad. Podría contenerse un poco al menos. Podría esperar a que le contase
la historia. Mi historia.
—Sé lo que piensa de mí
y quizás no esté muy equivocada. Pero quiero que me escuche antes de que vuelva
a juzgarme. ¿Podemos sentarnos?
Ella asiente y me
conduce hasta una pequeña habitación con una mesa redonda en el centro. No me
sorprendería si hubiese una bola de cristal en el medio. Aunque por el porte de
Amy y lo que sé del Aquelarre de su exmarido no creo que sea algo típico de su
familia de brujos. La primera vez que acudí a una bruja de verdad pensé que
estaba tomándome el pelo sin embargo hay brujas que realmente usan las bolas de
cristal para adivinar el futuro. No suele dar muy buen resultado.
Tomo asiento frente a
ella y me aclaro la garganta antes de comenzar. Me sudan hasta las manos de los
nervios.
—Desde que era pequeña
he tenido una voz en mi cabeza, gritando, maldiciendo y volviéndome
completamente loca. No sabe la cantidad de médicos a los que he acudido, la
cantidad de medicación que he tenido que tomar. Bipolaridad, esquizofrenia…
tengo un diagnóstico de lo más variado. No sé cuántos miles de dólares se han
gastado mis padres para nada, pero teniendo en cuenta que las primeras palabras
que dije fueron bruja y hoguera tenían todo el derecho del mundo a preocuparse.
«Nada hacía efecto en
mí y conforme fui creciendo aprendí a ignorar esa voz de mi cabeza. Así todos
creían que estaba bien, que por fin me había curado. Pero cada vez que conocía
a un brujo o bruja, soñaba con su muerte, veía como ella los quemaba en el
Fuego Sagrado; y cuantos más morían más fuerte se hacía ella y más crecía el
dolor de mi alma. Porque… todas las personas nacen con un alma. Yo no. Yo tengo
dos. Tengo que acarrear con la suya, tengo que luchar para mantener el control
sobre mi propio cuerpo. Todos sus pensamientos, todos sus recuerdos, su magia,
su mierda, todo lo suyo me afecta y yo ¡no tenía ni idea de lo que estaba mal
en mí! He pasado diecisiete años y ocho meses de diecisiete años y diez meses
de mi vida luchando contra algo sin tener idea de lo que era.»
«Todo acabó hace unos
meses y ni siquiera recuerdo como. Busqué ayuda por todas partes, pregunté a
todos los brujos que conocía, hasta que hace un año me topé con George
Harrington y me lancé sobre él como una loca desesperada. Le pregunté si
conocía a una bruja llamada Scarlett que había vivido siglos atrás y quería
quemar a todos los brujos. Él me contó sobre ella, quien era para vosotros esa
persona que gritaba en mi cabeza. Me dijo que fuera a Europa a buscar sus
orígenes. Primero fui a Irlanda donde nació, luego a Inglaterra donde pasó la
mayor parte de su infancia, después a Francia donde vivió con su tía y… bueno
supongo que sabes su historia. Recorrí toda Europa y no sé dónde encontré a la
persona que me ayudó. No recuerdo nada de ella, no sé si era hombre o mujer, no
sé su edad ni nacionalidad, sólo que me dijo lo que me pasaba después de
haberla hechizado para mantenerla atada en las profundidades de mi ser.»
«Así pude buscar la
copa y esconderla. Ahora que ha despertado no podrá saber dónde está porque ese
recuerdo no existe en mi mente. Quizás mate a brujos pero no será con el Fuego
Sagrado —Amy hace una mueca de desagrado—. No es muy alentador, lo sé. Soy
plenamente consciente del peligro en el que pongo a todo el mundo pero tengo 17
años, quiero vivir la vida y esa persona que me ayudó me prometió que
intentaría buscar una solución para sacarla de dentro de mí. Yo… —me paro un
momento para coger aire e intentar que el nudo que se está empezando a formar
en mi garganta desaparezca— le dije que me matara si la cosa se descontrolaba
cuando ella tuviese el control de mi cuerpo. No quiero hacer daño a nadie —murmuro.»
No miro Amy cuando
acabo. No soportaría ver el odio en su rostro y mucho menos la pena.
La puerta de la
habitación se abre bruscamente haciendo que ambas miremos. Frederick, el padre
de Nate, está al otro lado. El fuego que parece haber en sus ojos me hace
estremecer. ¿Habrá escuchado algo de la conversación? En ese caso estoy muerta.
—¿Dónde está mi hijo?
—pregunta. Amy se encoge de hombros. No parece estar asustada en absoluto.
—No lo sé, salió hace
un rato con Rory —Frederick mira hacia atrás y entonces me doy cuenta de que
viene acompañado por otro hombre. Nada más mirarle a los ojos sé que es el
padre de Rory.
—¿Y no le has
preguntado a dónde iban?
—Tiene edad suficiente
para ir a donde quiera.
Frederick se acerca a
nosotras. Doy un respingo cuando golpea la mesa con las palmas de las manos.
¿Qué demonios le pasa?
—¿Y Elektra, sabes
dónde está mi hija?
—También es su hija —en
el momento que los ojos de Frederick se encuentran con los míos me arrepiento
de haber abierto la boca. Aun así le sostengo la mirada.
—Cassandra Griffin.
¿Qué haces aquí? —el padre de Rory se acerca también a la mesa cuando escucha
mi nombre. ¿Qué le respondo? ¿Qué he venido a contarle a sus exmujer que la
bruja que juró vengarse de todos ellos está dentro de mí? Mis ojos se posan en
una baraja del Tarot tirada en un rincón del cuarto.
—Amy acaba de leerme el
futuro. Por lo visto es muy negro y oscuro además de estar plagado de muerte y
dolor —pongo los ojos en blanco, intentando aparentar que no creo ni por un
segundo en esas cosas. Las chipas de magia se desvanecen de los ojos de
Frederick; no le ha quedado muy claro si miento o no al parecer.
Él coge las cartas y
las extiende sobre la mesa.
—Coge una.
Le doy la vuelta a una
carta sin pensarlo demasiado. La Muerte. Frederick y su amigo comparten una
mirada.
—Prueba otra vez.
Cojo otra carta. Cuando
le doy la vuelta vuelve a ser la Muerte. Frunzo el ceño. Esto no es posible,
sólo hay una carta de cada. Le doy la vuelta a las demás y el resultado es el
mismo. Miro a Amy.
—Desde el principio era
muy negro. Totalmente negro —mascullo entre dientes. ¿Qué clase de Tarot tiene todas las cartas
iguales?
La madre de Nate está
mirando con la boca abierta las cartas. Todo el color en su cara ha desaparecido.
La expresión del padre de Rory no es muy diferente tampoco.
—Venga ya, no me digáis
que creéis en estas tonterías. La magia sólo existe en los cuentos —me burlo—.
¿Alguien quiere té?
—Tú —dice Frederick.
Antes de que pueda hacer nada ha cogido la palma de mi mano. La equivocada.
—¿También lees las
palmas de la mano? ¿Corrobora lo que dicen las cartas?
—¿Qué ha sido de tu
amabilidad, Cassandra? No pareces la misma chica que conocí en el parque.
Mi sangre comienza a
tomar velocidad en mis venas al recordar el día en el que pegó a Nate. Fue
también el día en el que usé por primera vez los poderes de Scarlett.
—Cassie, —me giro hacia
Amy— creo que es hora de que te vayas a casa. Acabaremos nuestra charla otro
día.
Una sonrisa aparece en
su rostro. ¿Significará eso que no está enfadada conmigo, que me entiende?
—Hasta otro día
entonces —me despido. Camino hasta la puerta sintiéndome mucho más ligera que
antes. Ya ni siquiera noto el dolor en el pecho.
—Nathan dijo que eras
su mejor amiga, tendrás que saber dónde está.
Me vuelvo hacia
Frederick desde el final del camino de grava. No puedo evitar que una sonrisa
malvada se abra paso en mi rostro.
—Claro, han ido a ver a
George Harrington. Rory quería formalizar su permanencia en el Aquelarre.
No espero a ver las
caras que ponen. Salgo corriendo hacia mi casa y no miro atrás.
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