Páginas

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Capítulo 25

CAPÍTULO 25
—Cassie, despierta.
Y me despierto. Mi madre está al lado de mi cama cruzada de brazos con una expresión bastante seria. Me froto los ojos para quitarme las legañas y bostezo.
—¿Qué pasa? —pregunto. Señala detrás de mí.
Me vuelvo. Nate está dormido con la boca abierta y un hilo de baba cayéndole por la comisura de los labios. Tengo que contener la risa con todas mis fuerzas. Un momento, Nate está dormido a mi lado. ¡¿Qué hace dormido a mi lado?!
Me giro hacia mi madre intentando formar una explicación coherente en mi cabeza.
—Esto… Estábamos repasando historia y nos dormimos. Te juro que no hicimos nada. Se suponía que…
La expresión seria de mi madre torna en una sonrisa burlona. ¡Será malvada!
—Es evidente —se acerca a la cama y coge el libro de historia del regazo de Nate. Me relajo de inmediato.
Incorporándome, alargo la mano hacia la mesita de noche para coger mi móvil. Un momento así debe pasar a la posteridad. Selecciono la cámara y le saco una foto a Nathan. La próxima vez que comencemos una guerra tendré algo con lo que chantajearle.
Cuando alzo la vista mi madre me está mirando con una extraña sonrisa, casi que da miedo.
—¿Qué pasa?
Saca su propio móvil y me enseña una foto de Nathan y yo durmiendo. La miro con la boca abierta. ¡¿Cómo se atreve a sacarme una foto así?! Entonces caigo en la cuenta. Yo he hecho exactamente lo mismo con Nate.
—Se nota que eres mi hija —me revuelve el pelo con una sonrisa—. El desayuno estará listo en cinco minutos. Será mejor que os levantéis ya o llegaréis tarde a clase.
Acerco mis labios a la oreja de Nate sigilosamente cuando mi madre sale de la habitación.
—¡Despierta!
Nate pega un bote incorporándose y mira a todos lados confundido hasta que se encuentra con mi mirada. Suspira de alivio.
—Levántate, Bello Durmiente. Tenemos que ir al instituto.
—¿Al ins… —frunce el ceño, luego sus ojos hielo se iluminan. Acaba de darse cuenta de que está en mi casa. La siguiente expresión de su cara es de alarma—. Lo siento, Cassie, te dormiste y no pude evitar quedarme un rato más; eres demasiado mona cuando duermes.
—No puedo decir lo mismo de ti. Me has babeado la almohada y encima roncas como un cerdo.
Él se limpia la baba con la camiseta dejando al descubierto sus abdominales.
—Tú también deberías limpiarte la baba.
Le pego un puñetazo en el brazo. Se hace el herido de muerte y vuelve a tumbarse, arrastrándome con él. La química chisporrotea ahí donde nuestras pieles se tocan. ¿Puede haber una sensación más maravillosa que esta? Y pensar que ayer nos “odiábamos” a muerte.
El beso que me da en el cuello me hace olvidarlo todo. Sus labios se acercan a los míos peligrosamente y su aliento mañanero hace que vuelva la cabeza y me deshaga de su abrazo.
—Si quieres besarme, primero tendrás que lavarte los dientes —él pone los ojos en blancos. Le saco la lengua.
Mientras se despereza en la cama elijo la ropa para el instituto. Me pregunto qué dirán mis amigos cuando vean que Nate y yo nos hemos reconciliado. Lily se enfadará al principio, estoy segura; Becky dirá que somos muy monos y Tom, que está dispuesto a pegarle al baboso de Nate si me vuelve a hacer algo.
***
Antes de que nos levantemos de la mesa de la cocina mi madre se cruza de brazos y mira seriamente a Nate.
—Te di permiso para quedarte a cenar jovencito, no para quedarte a dormir —tengo que contener una carcajada al ver la cara descompuesta de Nate, que se acentúa cuando mi padre le mira sosteniendo un cuchillo en la mano.
—Señora Griffin, lo siento mucho. Yo…
—La próxima vez avisa, no me gustaría encontrarme con algo inapropiado.
—N-No, claro que no. Yo respeto mucho a su hija —entonces mi madre sonríe para relajar la tensión. Le recordaré este momento incómodo a Nate toda la vida.
—Bien. Marchaos ya si no queréis llegar tarde.
Cojo mi mochila y me despido de mis padres. Mientras camino hacia la puerta escucho decir a mi padre: “Ni se te ocurra tocar a mi hija”. No llego a oír lo que contesta Nathan porque alguien toca en el timbre.
Abro la puerta aún con una sonrisita en la cara, pero esta se desvanece al ver el rostro serio de Elektra.
—Hola —le digo—. Íbamos a ir a buscarte ahora mismo.
—Será mejor que no aparezcas en mi casa por una buena temporada. Mi madre está planeando algo contra ti, lleva paranoica desde el viernes.
—Genial —Nate aparece a mi lado—, entre tu madre y la mía voy a quedar convertido en cenizas.
Hago una mueca al escuchar la palabra. Si nuestros progenitores asesinos no lo consiguen reducir a cenizas terminaré siendo yo la que lo haga, literalmente.
—Mamá acabará contigo cuando llegues a casa. Tenlo por seguro.
—Gracias por la info, Electric Woman.
Con las llaves del coche en la mano Nate cierra la puerta de mi casa y nos empuja para que entremos en el Ford Fiesta.
***
—Ya estás soltando la pasta —Pierre mira con cara de fastidio a Paula y le entrega un billete de 10 dólares.
Miro a ambos buscando una explicación, aunque mi mente tiene una clara idea de lo que puede haber pasado.
—Pensé que no volverías con Johnson, mon amie. He perdido diez pavos por tu culpa.
—No culpes a Griffin. Nadie puede resistirse a mis encantos de seducción.
Paula suelta una carcajada y de buena gana me uno a ella. Pierre le da unas palmaditas en  la espalda a Nate.
—Ta petite amie est une femme fatale mais tu ne sais pas ça. Bonne chance, Johnson —y se aleja por el pasillo.
—¿Por qué me desea buena suerte?
—Acaba de decir que tu novia es una mujer fatal y que no tienes ni idea —traduce Paula—. Deberías prestar más atención en las clases de francés. No sé lo que harás ahí atrás con Cass, tampoco es que tenga mucho interés en saberlo, pero deberías dejar de hacerlo.
—Para vosotras es fácil decirlo, os pasáis toda la clase mirando a Bill. Si fuera una profesora, modelo de Victoria’s Secret, seguro que prestaría más atención.
Pongo los ojos en blanco. Es un pervertido sin remedio. La risa de Lily me llega desde el fondo del pasillo y me giro. Mis ojos se abren con sorpresa al verla acompañada de Rory. Nate frunce el ceño.
—Nos vemos luego chicos —se despide Paula.
—No puedo creerlo —murmura Nathan—. Embrujó a Lily para alejarte de mí y ahora es él el que está saliendo con una humana.
—No… no fue por eso, porque yo sea humana quiero decir —no quiero que Nate se enfade con Rory—. Él lo sabe. Sabe que soy peligrosa y, al igual que yo, quería protegerte.
Nate me mira a los ojos largamente. Supongo que intenta descubrir algo en ellos o saber si estoy diciendo la verdad. Suspira y me atrae hacia él rodeándome la cintura con los brazos. Apoyo la cabeza en su hombro, aspirando su aroma y abrazándolo fuerte. Estar con él va a ser muy duro; mantener el secreto lo va a ser aún más pero no puedo contárselo.  No soportaría estar cerca de él si supiera la verdad. No podría soportar su mirada acusadora reprochándome lo egoísta que soy no alejándome de él. Porque un día Scarlett tomará el control de mí y ese día lo arrasará todo con fuego; y ese día, si Nate está a mi lado, ella se asegurará de que sea el primero en arder.
—Así que después de todo sí que eres una femme fatale —susurra en mi oído con una risita. Me da un beso en la coronilla antes de separarse de mí.
Rory y Lily se paran junto a nosotros, ambos con una sonrisita de felicidad pintada en el rostro. No sé si esto acabará bien o no, pero como Rory le rompa el corazón a la chica Tumblr juro que no vive para contarlo.
—¿Qué te ha pasado en el brazo? —mierda. ¿Por qué está Rory en mangas cortas? ¿Y por qué Nathan se fija en estas cosas?
Los pocos segundos que tarda en contestar se me hacen eternos. Su sonrisa gatuna hace acto se presencia y sus ojos esmeralda se entrecierran de forma misteriosa.
—Me quemé con la tostadora —no puedo evitar soltar una carcajada. Es decir, después de poner esa cara tan enigmática,  que suelte una tontería así me hace gracia. Además estoy nerviosa.
—¿La tostadora? ¿Y justamente te dejó el número 620 grabado en la piel?
—Nathan, tío, sabes que hubiera preferido el 69, pero uno no elije estas cosas. Simplemente pasan. Como cuando besé a Cassie en la discoteca, simplemente pasó.
—¿Cuándo qué? —Lily fulmina a Rory con la mirada. Debo admitir que el chico sabe cambiar de tema, aunque es un poco idiota. ¿Cómo se le ocurre decir eso delante de Lily? Sus ojos verdes se cruzan con los míos un momento antes de responder a mi amiga. Intento mostrarle mi más sincera gratitud con la mirada y creo que lo capta.
—Lil, Cassie no era la única borracha del lugar —ella frunce el ceño pero no dice nada más—. Esta tarde voy a ver a Harrington —dice dirigiéndose a Nate ahora—, ¿me acompañas?
—Claro.
—Genial, te recojo a las cinco. Cassie —se despide—. Lil, te llamaré esta noche, ¿vale?
Ella asiente. La campana suena justo cuando Rory sale por la puerta del instituto.
—Cassie —Nate me coge del brazo antes de que pueda seguir a Lily.
—¿Qué pasa?
—La quemadura de Rory, fuiste tú, ¿verdad? Por eso me dijiste que le preguntara cuanto dolía quemarse.
Abro la boca para decir algo y no encuentro las palabras. Me ha pillado. ¿Qué le digo ahora? De ninguna manera voy a hablarle de Scarlett pero ya me ha visto hacer magia en varias ocasiones, ha visto como mi mano despedía esos rayos color fuego. Estoy segura de que la próxima vez que ocurra delante de sus narices no lo va a dejar pasar. Dios quiera que eso no ocurra.
—Te he dicho que soy peligrosa. Quise alejarme de ti, ¿lo recuerdas?
Intento que mi rostro se muestre como una máscara para no dejar escapar alguna emoción no deseada. Nate me mira a los ojos y puedo ver en esos dos iris de hielo que estaba en lo cierto cuando pensé que la próxima vez no lo dejará pasar. Y más si Rory piensa que soy lo suficientemente peligrosa como para inmiscuirse y hechizar a mi mejor amiga.
Él suspira y me acaricia la mejilla con el pulgar. Cierro los ojos unos instantes dejándome llevar por la química.
—No quiero que te pase nada por mi culpa —murmuro en su oído.
—Está bien, Cass. Nos vemos en el almuerzo.
Una idea loca empieza a tomar forma en mi cabeza mientras alcanzo a Lily casi en la entrada de la clase de historia. No sé si tendré el valor para llevarla a cabo. Pero si Nate no está en casa esta tarde quizás pueda hablar con Amy  y explicarle… algo.
***
Nunca pensé que una casa pudiera imponer tanto y mucho menos que podría llegar a sentirme como un vampiro cuando no ha sido invitado a entrar. Pero aquí estoy. Parada frente a la vieja casa azul de Nathan, decidiendo si poner o no un pie en el camino de grava. Todo mi cuerpo tiembla al recodar lo que pasó la última vez, cuando Nate me trajo aquí después de que fuéramos a la discoteca. El dolor que sentí en el pecho fue tan fuerte que me hizo despertar y entonces el aluvión imágenes de Scarlett entrando en la casa me invadió. Nunca había tomado el control de mi cuerpo por tanto tiempo y jamás lo había hecho sin que yo me diese cuenta.
Respiro hondo intentando olvidar todo eso. Tengo que entrar ahí y hablar con Amy. Tengo que contárselo, aunque pensar en las consecuencias que eso puede traerme… Quizás decida marcharse de aquí y llevarse a Nate. No. Debería hablar con George primero, él sabrá si es buena idea o no contárselo, para algo es el Adalid.
Mis opciones se esfuman en el momento que Amy abre la puerta. Doy un paso al frente e intento ignorar el dolor. Yo no soy Scarlett. Yo sí puedo entrar en esta casa.
Amy me mira fríamente mientras camino hasta la puerta. La expresión de su cara no me da demasiados ánimos. Pero ya que estoy aquí no hay vuelta atrás. No soy una cobarde.
—Tengo que hablar con usted —digo. Ella se aparta de la puerta y me deja entrar en la casa. El dolor incrementa cuando cierra la puerta tras de mí.
La casa es muy personal y acogedora. Cada mueble, cuadro e incluso las manchas en el suelo de madera parecen tener su propia historia. Las lámparas de cristales de colores hacen que la luz se atenúe de forma cálida.
—¿Elektra está en casa? —pregunto.
—No. Sólo tú y yo, Cassandra. ¿Ese es tu nombre? —la forma en la que lo pregunta hace que aparte la mirada de la decoración y la mire directamente a los ojos.
—Sí, ese es mi nombre. Cassandra Griffin.
—Pensé que tal vez podrías tener un segundo nombre. Scarlett te quedaría bien.
La sangre empieza a correr más rápido por mis venas y las mejillas se me incendian de rabia. No puedo culparla de que me trate así pero he venido aquí con toda mi buena voluntad. Podría contenerse un poco al menos. Podría esperar a que le contase la historia. Mi historia.
—Sé lo que piensa de mí y quizás no esté muy equivocada. Pero quiero que me escuche antes de que vuelva a juzgarme. ¿Podemos sentarnos?
Ella asiente y me conduce hasta una pequeña habitación con una mesa redonda en el centro. No me sorprendería si hubiese una bola de cristal en el medio. Aunque por el porte de Amy y lo que sé del Aquelarre de su exmarido no creo que sea algo típico de su familia de brujos. La primera vez que acudí a una bruja de verdad pensé que estaba tomándome el pelo sin embargo hay brujas que realmente usan las bolas de cristal para adivinar el futuro. No suele dar muy buen resultado.
Tomo asiento frente a ella y me aclaro la garganta antes de comenzar. Me sudan hasta las manos de los nervios.
—Desde que era pequeña he tenido una voz en mi cabeza, gritando, maldiciendo y volviéndome completamente loca. No sabe la cantidad de médicos a los que he acudido, la cantidad de medicación que he tenido que tomar. Bipolaridad, esquizofrenia… tengo un diagnóstico de lo más variado. No sé cuántos miles de dólares se han gastado mis padres para nada, pero teniendo en cuenta que las primeras palabras que dije fueron bruja y hoguera tenían todo el derecho del mundo a preocuparse.
«Nada hacía efecto en mí y conforme fui creciendo aprendí a ignorar esa voz de mi cabeza. Así todos creían que estaba bien, que por fin me había curado. Pero cada vez que conocía a un brujo o bruja, soñaba con su muerte, veía como ella los quemaba en el Fuego Sagrado; y cuantos más morían más fuerte se hacía ella y más crecía el dolor de mi alma. Porque… todas las personas nacen con un alma. Yo no. Yo tengo dos. Tengo que acarrear con la suya, tengo que luchar para mantener el control sobre mi propio cuerpo. Todos sus pensamientos, todos sus recuerdos, su magia, su mierda, todo lo suyo me afecta y yo ¡no tenía ni idea de lo que estaba mal en mí! He pasado diecisiete años y ocho meses de diecisiete años y diez meses de mi vida luchando contra algo sin tener idea de lo que era.»
«Todo acabó hace unos meses y ni siquiera recuerdo como. Busqué ayuda por todas partes, pregunté a todos los brujos que conocía, hasta que hace un año me topé con George Harrington y me lancé sobre él como una loca desesperada. Le pregunté si conocía a una bruja llamada Scarlett que había vivido siglos atrás y quería quemar a todos los brujos. Él me contó sobre ella, quien era para vosotros esa persona que gritaba en mi cabeza. Me dijo que fuera a Europa a buscar sus orígenes. Primero fui a Irlanda donde nació, luego a Inglaterra donde pasó la mayor parte de su infancia, después a Francia donde vivió con su tía y… bueno supongo que sabes su historia. Recorrí toda Europa y no sé dónde encontré a la persona que me ayudó. No recuerdo nada de ella, no sé si era hombre o mujer, no sé su edad ni nacionalidad, sólo que me dijo lo que me pasaba después de haberla hechizado para mantenerla atada en las profundidades de mi ser.»
«Así pude buscar la copa y esconderla. Ahora que ha despertado no podrá saber dónde está porque ese recuerdo no existe en mi mente. Quizás mate a brujos pero no será con el Fuego Sagrado —Amy hace una mueca de desagrado—. No es muy alentador, lo sé. Soy plenamente consciente del peligro en el que pongo a todo el mundo pero tengo 17 años, quiero vivir la vida y esa persona que me ayudó me prometió que intentaría buscar una solución para sacarla de dentro de mí. Yo… —me paro un momento para coger aire e intentar que el nudo que se está empezando a formar en mi garganta desaparezca— le dije que me matara si la cosa se descontrolaba cuando ella tuviese el control de mi cuerpo. No quiero hacer daño a nadie —murmuro.»
No miro Amy cuando acabo. No soportaría ver el odio en su rostro y mucho menos la pena.
La puerta de la habitación se abre bruscamente haciendo que ambas miremos. Frederick, el padre de Nate, está al otro lado. El fuego que parece haber en sus ojos me hace estremecer. ¿Habrá escuchado algo de la conversación? En ese caso estoy muerta.
—¿Dónde está mi hijo? —pregunta. Amy se encoge de hombros. No parece estar asustada en absoluto.
—No lo sé, salió hace un rato con Rory —Frederick mira hacia atrás y entonces me doy cuenta de que viene acompañado por otro hombre. Nada más mirarle a los ojos sé que es el padre de Rory.
—¿Y no le has preguntado a dónde iban?
—Tiene edad suficiente para ir a donde quiera.
Frederick se acerca a nosotras. Doy un respingo cuando golpea la mesa con las palmas de las manos. ¿Qué demonios le pasa?
—¿Y Elektra, sabes dónde está mi hija?
—También es su hija —en el momento que los ojos de Frederick se encuentran con los míos me arrepiento de haber abierto la boca. Aun así le sostengo la mirada.
—Cassandra Griffin. ¿Qué haces aquí? —el padre de Rory se acerca también a la mesa cuando escucha mi nombre. ¿Qué le respondo? ¿Qué he venido a contarle a sus exmujer que la bruja que juró vengarse de todos ellos está dentro de mí? Mis ojos se posan en una baraja del Tarot tirada en un rincón del cuarto.
—Amy acaba de leerme el futuro. Por lo visto es muy negro y oscuro además de estar plagado de muerte y dolor —pongo los ojos en blanco, intentando aparentar que no creo ni por un segundo en esas cosas. Las chipas de magia se desvanecen de los ojos de Frederick; no le ha quedado muy claro si miento o no al parecer.
Él coge las cartas y las extiende sobre la mesa.
—Coge una.
Le doy la vuelta a una carta sin pensarlo demasiado. La Muerte. Frederick y su amigo comparten una mirada.
—Prueba otra vez.
Cojo otra carta. Cuando le doy la vuelta vuelve a ser la Muerte. Frunzo el ceño. Esto no es posible, sólo hay una carta de cada. Le doy la vuelta a las demás y el resultado es el mismo. Miro a Amy.
—Desde el principio era muy negro. Totalmente negro —mascullo entre dientes. ¿Qué  clase de Tarot tiene todas las cartas iguales?
La madre de Nate está mirando con la boca abierta las cartas. Todo el color en su cara ha desaparecido. La expresión del padre de Rory no es muy diferente tampoco.
—Venga ya, no me digáis que creéis en estas tonterías. La magia sólo existe en los cuentos —me burlo—. ¿Alguien quiere té?
—Tú —dice Frederick. Antes de que pueda hacer nada ha cogido la palma de mi mano. La equivocada.
—¿También lees las palmas de la mano? ¿Corrobora lo que dicen las cartas?
—¿Qué ha sido de tu amabilidad, Cassandra? No pareces la misma chica que conocí en el parque.
Mi sangre comienza a tomar velocidad en mis venas al recordar el día en el que pegó a Nate. Fue también el día en el que usé por primera vez los poderes de Scarlett.
—Cassie, —me giro hacia Amy— creo que es hora de que te vayas a casa. Acabaremos nuestra charla otro día.
Una sonrisa aparece en su rostro. ¿Significará eso que no está enfadada conmigo, que me entiende?
—Hasta otro día entonces —me despido. Camino hasta la puerta sintiéndome mucho más ligera que antes. Ya ni siquiera noto el dolor en el pecho.
—Nathan dijo que eras su mejor amiga, tendrás que saber dónde está.
Me vuelvo hacia Frederick desde el final del camino de grava. No puedo evitar que una sonrisa malvada se abra paso en mi rostro.
—Claro, han ido a ver a George Harrington. Rory quería formalizar su permanencia en el Aquelarre.

No espero a ver las caras que ponen. Salgo corriendo hacia mi casa y no miro atrás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario