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lunes, 29 de diciembre de 2014

Capítulo 26

CAPÍTULO 26
Apoyando la espalada en la puerta de entrada me dejo caer hasta suelo. ¿Qué demonios acabo de hacer? Soy una imbécil. Una estúpida. Y encima salgo corriendo como una niña asustada. ¿Qué va a pensar ahora de mí el padre de Nathan? ¿Para qué he estado esforzándome antes en demostrarle que soy una simple humana que no cree en magia? Arghhh.
Temblando de rabia me saco el móvil del bolsillo y llamo a Nate. Tengo que contarle lo que he hecho antes de que llegue a casa y se encuentre con su padre —si es que no se ha ido ya de la casa—. El pitido del teléfono suena un par de veces antes de que conteste.
—¿Cass?
—Nate. Yo… Acabo de decirle a tu padre que… Dios.
¿Por qué mierda me cuesta tanto decirlo?
—Tranquila, Cassie.
—Acabo de dejarle claro que… ¡Qué sé lo que sois!
Silencio. Mierda. Nate di algo por favor.
—¿Qué ha pasado exactamente? —pregunta. Aunque más bien es una orden porque su voz sale en forma de susurro inquisitivo.
Dejando el tartamudeo y las tonterías aparte —también olvidando contarle por qué estaba en su casa— le explico lo que ha ocurrido.
—Cassandra Griffin. ¿Qué has hecho?
—Lo siento mucho. Supongo que quería demostrarle que soy tu mejor amiga —Nate suelta  una risita.
—Eres mucho más que eso. Eres mi estúpida y suicida novia.
Nate cuelga.
Supongo que soy todas esas cosas, estúpida y suicida. Porque si Frederick y su segundo al mando sospechaban de mí, de quien soy, puede que ahora no les quepa ninguna duda. Las cartas, el hecho de que sepa que son brujos… Tampoco es que sean muchas pruebas en mi contra pero si se fijan en los pequeños detalles todo apunta hacia Scarlett.
No sé cuántas veces me he preguntado por qué me ha tocado esto a mí, que cosa tan mala hice en mi otra vida como para tener que llevar esta carga tan grande. No voy a volver a hacerlo, sin embargo. Llega un momento en el que te cansas de autocompadecerte,  además, ¿de qué sirve llorar? ¿De qué sirve hacerse la víctima? Es algo que me produce náuseas llegados a este punto. No obstante lo más fácil para mí sería abandonarme a todas esas asquerosas emociones y dejarme hundir en la miseria. Ya he estado en ese pozo oscuro muchas veces. He mirado hacia arriba intentando encontrar una salida, una luz que me guíe hacia el exterior. Pero no es hasta el momento en el que estás a punto de volver a caer en el que te das cuenta de que ya has salido y no tienes ni idea de cuando ni como fue. Supongo que un día me harté de llorar. Supongo que un día decidí darme una oportunidad a mí misma para ser feliz. De lo contrario probablemente ya estaría muerta.
Una carcajada histérica se escapa de mis labios. Entierro la cara entre mis rodillas y trato de tranquilizarme.
El aire se agita a mi alrededor provocando ondulaciones. Ni siquiera me molesto en levantar la cabeza; mi visitante diario ha llegado.
—¿Qué pasará cuando esto acabe, si es que alguna vez acaba? —le pregunto, aun sabiendo que no voy a obtener respuesta—. Ya no tendré una meta ni seré la misma persona, supongo. Las historias nunca te cuentan que hacen los héroes tras sus hazañas. ¿Cómo pueden vivir una vida normal después de todas las cosas que les pasan?
Femme fatale, tu est folle.
Mis ojos se abren de par en par. Lentamente levanto la cabeza para encontrarme con la mirada helada de Nathan llena de diversión. Mierda, creí que era mi visitante. Me tiende la mano y me ayuda a levantarme del suelo.
—No es de buena educación llamar loca a una chica con problemas mentales —le recrimino.
Él pone los ojos en blanco y me atrae hacia sus brazos estrujándome con fuerza. Apoyo mi cabeza en su hombro y cierro los ojos.
—¿Dónde está Rory? —siento como sus músculos se tensan ante la mención de su amigo.
—En mi casa.
Me separo de él para mirarle a los ojos. ¿Qué demonios hace en su casa? ¿Acaso no le avisé para que la evitaran a toda costa? Nate lee la alarma en mi rostro porque enseguida trata de tranquilizarme.
—El Adalid está con él. No habrá ningún problema. Todo lo que Rory ha hecho es perfectamente legal, nadie podrá quejarse.
—Pero tú, tú sí tendrías problemas, ¿verdad? —el miedo se instala de pronto en mi corazón y me aferro a sus brazos con fuerza—. Tú no eres mayor de edad. Él, tu padre, puede obligarte a dejar a tu madre —Nate no contesta y mi pulso empieza a acelerarse más de la cuenta—. Y a Elektra tamb…
—Todo está bien, Cassie —me dice, pero ni siquiera se digna a mirarme a los ojos—. Tengo que irme.
Se suelta de mi agarre sin mucho esfuerzo y se dirige a la puerta. Me planto frente a ella con los brazos abiertos tratando de impedirle el paso. No puede marcharse, de lo contrario Frederick se lo llevará. Todo por mi culpa.
—¡No! —digo.
Nathan me aparta con suavidad a un lado.
—Todo va a estar bien. El Adalid está ahí, no permitirá que pase nada malo.
Pongo una mano en su mejilla y lo obligo a mirarme. Un escalofrío me recorre al sentir la química; prefiero pensar que es eso —la química—  a que sea por haber visto el temor en sus ojos azules.
—Lo siento —murmuro. Él me besa en la frente antes de marcharse.
Suelto un grito de rabia e impotencia. Soy realmente estúpida.
Me quito los zapatos y subo corriendo a mi habitación. Todo va a estar bien, me repito a mí misma. George está allí, todo va a salir bien. Me deshago de los vaqueros y alcanzo los pantalones del pijama y los calcetines.
Estoy terminando de ponerme el primer calcetín cuando los gritos de una pelea llegan a mis oídos. No soy capaz de quedarme en mi habitación un segundo más, así que salgo corriendo escaleras abajo sin molestarme siquiera en ponerme el otro calcetín.
Salgo a la calle dejando la puerta de mi casa abierta de par en par. Me importa una mierda en estos momentos que alguien entre a robar, al igual que me importa una mierda que la gente me vea vestida con la mitad del pijama o lo fría que está la acera bajo mis pies. Lo único que me importa ahora es llegar a la casa de mi novio y afrontar las consecuencias de lo que he dicho.
La escena con la que me encuentro hace que se me hiele la sangre en las venas. Nate está tirado en el suelo agarrándose la muñeca en un gesto de dolor; Rory, de rodillas a su lado, trata de ayudarle a levantarse; George y Amy están delante listos para usar la magia con las estrellas resplandeciendo en sus manos; y Frederick y el padre de Rory parecen haberla usado ya.
Mientras camino en silencio hasta Nathan noto como el calor anida en mis mejillas. Frederick. Me encargaré de que ese malnacido sea el primero en arder.
George me lanza una mirada de advertencia al ver que me acerco pero estoy demasiado enfadada como para tenerla en cuenta. Me arrodillo junto a Rory y tomo la mano de Nate entre las mías con cuidado. Ambos me miran sorprendidos.
—Cassandra, ¿qué…
Las hojas del jardín empiezan a arremolinarse con el viento frío del otoño a nuestro alrededor silenciando las palabras de Rory. Hace poco que el sol ha desaparecido por el horizonte pero la luna no brilla en el cielo. Está tapada por unos nubarrones negros que amenazan de tormenta, nubarrones que acaban de aparecer. El viento se hace aún más fuerte cuando mis ojos se encuentran con los de Frederick. Scarlett se remueve en mi interior pidiendo ser liberada. Y la verdad es que en estos momentos lo haría de buena gana.
Por el rabillo del ojo capto los destellos anaranjados que empiezan a salir de mi mano de forma cada vez más intensa.
—Ella —dice Frederick—. ¿Qué demonios es ella?
El rostro de George se vuelve una máscara de piedra.
—Cassandra Griffin está bajo mi protección, al igual que la gente de mi Aquelarre. Eso incluye a tus hijos. Te lo advierto Frederick, si vuelvo a verte poner un pie en mi zona te denunciaré ante el Consejo.
—Puedo reclamar a Nathan y a Elektra si quiero —contesta el otro hombre— y más si estoy en lo cierto al creer que ella es…
—Fred —el padre de Rory le interrumpe, señalando el cielo—. Será mejor que nos vayamos.
—Estoy de acuerdo —dice Amy. De su estrella se escapan rayos azul-plateados, amenazando con dirigirse al primero que piense lo contrario.
Las manos de Frederick se cierran en puños, tan fuerte, que hace que sus nudillos se vuelvan blancos. Él está enfadado. Yo lo estoy más. Un trueno resuena y a los pocos segundos un rayo ilumina el cielo.
—Esto no va a quedar así —dice, y cogiendo al padre de Rory por el hombro desaparecen.
Inmediatamente suelto el aire que estaba conteniendo y fijo mi atención en Nate. Su mirada está clavada en nuestras manos, en los rayos color fuego que poco a poco van desvaneciéndose.
Rory me da unas palmaditas en el hombro tratando de darme ánimos.
—Tienes que decírselo, Cassie. Es lo más seguro para ambos.
El miedo. El miedo me impide abrir la maldita boca. Tengo miedo. Rory se levanta y con un gesto se despide del señor Harrington desapareciendo también. Con cuidado suelto las manos de Nathan y me levanto. George me pasa un brazo por los hombros antes de que pueda escaparme a mi casa.
—Lo que acabas de hacer te pone en una muy peligrosa situación, Cassandra. Se correrá la voz y pronto más de un Aquelarre estará tras de ti —agacho la cabeza, incapaz de sostenerle esa profunda mirada que parece llegar hasta mi alma—. Tienes que ser más discreta a partir de ahora si quieres seguir con vida. Has puesto nuestro plan en peligro.
—Lo sé —el señor Harrington me pega una colleja.
—No, no lo sabes. Y ahora vas a tranquilizarte. Primero me lo constaste a mí, después a Rory, luego a Amy y nadie se enfadó contigo, nadie te odió. ¿De verdad piensas que Nathan, tu alma gemela, te odiaría por algo de lo que no eres culpable?
Pensándolo de esa forma no parece tan terrible pero aun así me aterroriza la idea de decírselo. No quiero que Nate me deje.
George me pega un pequeño empujoncito hacia Nathan que acaba de levantarse. Sus ojos hielo muestran un millón de matices que no me da tiempo a comprender porque aparta la mirada de mí. Mi corazón da un vuelco. ¿Por qué ha hecho eso? ¿Por qué ha dejado de mirarme?
—Estaré dentro con Amy —oigo decir a George pero no le presto mucha atención.
—¿Cómo está tu mano? —mi voz es sólo un susurro pero sé que lo ha oído.
—Perfectamente. Tú la has curado. Has soldado un hueso de la muñeca en menos de un segundo. Ni siquiera mi madre puede hacer eso —musita.
Me coge de la mano y me arrastra hasta la parte de atrás del jardín. Suelto una exclamación de sorpresa ante su brusquedad. Mi espalda choca con el tronco de un árbol e inmediatamente las manos de Nate de posan sobre mis mejillas obligándome a mirarle. Siento una ligera punzada de dolor en mi cabeza. Intento moverme pero estoy paralizada.
—Quiero la verdad, Cassie. O juro que entraré a la fuerza en tu mente y descubriré que es lo que pasa contigo.
No será capaz de hacer algo así. No… Sin embargo la determinación que hay en sus ojos dice todo lo contario. Me trago el miedo y de alguna forma comienzo a hablar.
—Scarlett, el alma de Scarlett está dentro de mí.
Frunce el ceño confundido.
—¿Esa bruja de los cuentos? Es absurdo, no son más que historietas para asustar a los niños.
—Cuando un brujo cumple los dieciocho años el Adalid le cuenta la verdad sobre ella. Has escuchado que quiere vengarse de vosotros. Es cierto. Su alma está dentro de mí, es por eso que sé que eres un brujo, es por eso que sueño con hogueras y hago cosas extrañas. A veces ella puede controlarme y ahora parece que yo también puedo usar su magia. Pero… cuando llegue al número 666 ella tomará el control de mi cuerpo. Lo que suceda después ya no estará en mis manos. Te aseguro que tiene muchísimas ganas de cumplir su estúpida venganza
Las chispas de magia brillan en sus ojos como consecuencia del hechizo que le hace saber si miento o no. Supongo que para él pensar que estoy loca es mejor que creer que en cualquier momento puedo convertirme en otra persona que va a quemarlo vivo si tiene ocasión.
Nate se separa ligeramente de mí liberándome del hechizo que me mantiene inmóvil. Lo primero que hago es cerrar los ojos. Estoy demasiado cansada de repente, como si llevara horas y horas persiguiendo algo que nunca logro alcanzar. Se me ocurren unas cuantas cosas inalcanzables en estos momentos. Pero creo que lo que realmente me hace sentir tan cansada son mis vanos esfuerzos por mantener el secreto, mis vanos esfuerzos en hacerme la fuerte para no llamar la atención, mis vanos esfuerzos para hacer que la gente no se preocupe por mí; porque, ahora que me doy cuenta, lo único que obtengo es el resultado contrario, además de parecer fría, borde y orgullosa. Todo el secretismo y el drama… No ha sido para tanto en realidad —contarle el secreto a Nate—, simplemente no quiero que nadie sufra cuando llegue el momento y…
—Tratas de alejarnos de esa manera para que no lo hagamos —finaliza Nathan por mí.
No me enfado al descubrir que está leyendo mis pensamientos. Si yo tuviera esa habilidad también trataría de descubrir lo que piensa él en estos momentos.
—Eres realmente estúpida —Nate pega su cuerpo al mío de nuevo, incluso más. Sin embargo lo que me hace abrir los ojos no es este hecho, sino el tono de su voz, una mezcla extraña de diversión y tristeza que quiero ver también en sus ojos. Contengo el aliento, emocionada, al comprobar que no hay ningún tipo de rechazo o enfado en esos iris de hielo —. Sí que estoy enfadado, Cassandra Griffin. Debiste contarme esto hace mucho tiempo.
—¿Cuándo chocamos en el pasillo el primer día de clase o cuando me diste con un balón en la cabeza? No sé cuál momento fue mejor —él deja escapar una pequeña sonrisa, seguida de una expresión pensativa.
—Cuando te desmayaste en la hora de estudio y despertaste en la enfermería sabiendo que era un brujo. Ese hubiera sido el día perfecto —me encojo de hombros ante su respuesta. No podemos volver atrás en el tiempo para arreglar ese momento—. Pero podemos hacer algo ahora para arreglar los momentos que están por llegar.
Le doy un pequeño empujoncito.
—Para ya de leerme la mente —él murmura una disculpa—. He considerado un montón de veces mudarme a una cabaña perdida en medio de la montaña donde no haya ni un solo brujo. “Así no llegaré jamás al número 666”, me dije pero después de pensarlo bien me di cuenta de que no era una solución. Scarlett volvería y yo simplemente le estaría pasando el problema a otra chica. Esa simple idea, que alguien tuviera que pasar por todo este tormento porque no soy capaz de hacerlo yo misma, me pareció horrible. Me parece horrible. No podría dejarle esta carga a nadie más. Tengo que afrontar mi destino y vivir con lo que me ha tocado. Puede que no sea justo pero nada en esta vida lo es. Por eso lo único que quiero ahora es aprovechar todo el tiempo que me queda hasta que Scarlett despierte del todo y empiece a volverme loca otra vez; o hasta que tome el control de mi cuerpo.
—Encontraremos una solución, ya lo verás. Aún hay tiempo.
—Espero que tengas más suerte que yo buscando. Y sólo quedan 46. Tengo que soñar con 46 muertes más.
—Ella quiere vengarse. Convéncela de que no es necesario.
—No… no la entiendo. He visto muchos de sus recuerdos y vale, se portaron mal con ella y no tuvo mucha suerte, pero no me parece razón suficiente para llevar a cabo semejante venganza. Matar a todos los que tuvieron algo que ver con sus desgracias y a sus descendientes quizás sí tuviera sentido. ¿Volver para matar a todos los brujos pudiendo reencarnarse otra vez y encontrar a su amor? No. Es algo que no puedo entender.
Nate frunce el ceño mientras juega con un mechón de mi pelo.
—Piensas que hay algo más —afirma.
—Algo mucho más grande.
Él me pone el mechón detrás de la oreja y detiene su mano en mi mejilla, acariciándola suavemente. Si gracias a la química un gesto tan tierno como este se siente tan bien, me pregunto cómo será…
Una risita se escapa de los labios de Nathan.
—Podemos comprobarlo cuando quieras, si sientes tanta curiosidad —dice con tono seductor. Mis mejillas se incendian en el acto. Él me lanza una mirada sugerente cargada de perversión que acompaña con una pícara sonrisa.
Siento como sus manos empiezan a jugar con la cinturilla del pantalón de mi pijama. Todo mi cuerpo se estremece ante el gesto pero estoy demasiado avergonzada como para admitirlo.
—Deja de leer mis pensamientos. ¡Pervertido! —le grito.
—¿Yo? ¿Pervertido yo? ¿Quién era la que estaba pensando en cómo sería tener sexo conmigo?
Un carraspeo hace que ambos nos volvamos hacia la casa. George nos mira apoyado en el marco de la puerta trasera, claramente divertido con el giro de nuestra conversación. Si pudiera sonrojarme aún más, en este momento lo haría con creces. ¿¿Cómo puede volverse una situación tan incómoda de repente?? Nunca. Jamás. He. Pasado. Tanta. VERGÜENZA.
—Siento interrumpir esta intensa conversación, chicos, pero tenemos visita.
—Gracias por la invitación, Amy —la voz de mi madre suena cerca, demasiado cerca—. George, ¿qué… Oh, así que estabais aquí. ¿Repasabais historia o era una escena del teatro?
Rectifico. Esta situación es aún más embarazosa.
—Creo que esta vez era anatomía humana, Meredith —dice George.
—Será mejor que entréis los dos antes de que pilléis un resfriado —mi madre usa un tono autoritario pero al igual que esta mañana está, más bien, riéndose de nosotros.
Camino hasta la casa esperando con toda mi alma no estar demasiado roja para cuando llegue. Aunque teniendo en cuenta la distancia es bastante improbable.
—¿Qué haces aquí? —le pregunto una vez dentro.
—Cuando vimos la puerta de casa abierta pensamos que podrías estar aquí.
—¿Vimos? ¿Papá está aquí?
—En el baño. Amy nos ha invitado a cenar, por cierto.
Ya. Cena familiar. Genial.
Nate me coge de la mano y me saca de allí.
—Voy a prestarle algo que ponerse —dice.
—De acuerdo. Pero dejad la anatomía para otro momento —¡Tierra trágame!
Mi padre que acaba de salir del baño nos dedica una sonrisa divertida. ¿Por qué estarán tan contentos hoy? ¿Habrán firmado algún acuerdo ventajoso con otra empresa? ¿Y por qué no me regañan por haberme dejado la puerta abierta? Ni siquiera me han preguntado por qué salí así de casa.
Subo las escaleras con Nathan decidiendo ignorar cualquier cosa que tenga que ver con mis padres. Elektra nos intercepta en el pasillo antes de que podamos llegar a la habitación de su hermano.
—¿Cuándo has llegado, hermanita?
—Poco antes que tus suegros —ella me escanea con sus cálidos ojos verde-dorados. Ya se lo han contado. Pero me da la impresión de que no se ha sorprendido lo más mínimo.
—Tú ya lo sabías, ¿verdad? —le pregunto.
—Lo sospechaba.
—¿Qué? —Nathan nos mira confundido.
—Nos vemos en la cena —dice Elektra, y entra en su habitación.
—¿Lo sabía hasta mi hermana? —entramos por fin en su cuarto.
—Eres el más tonto de la familia, no sé de qué te sorprendes.
Él me mira dolido con cara de cachorrito. Sonrío. ¿Cómo podría no hacerlo? El hombre de mi vida ha aceptado que podría matarle en un futuro no muy lejano sin enfadarse lo más mínimo. Sin despreciarme. Soy feliz en estos momentos.
Me tumbo en su cama con la sonrisa todavía en mi cara. La habitación es tal y como la recordaba. El mismo naranja en las paredes, el mismo desorden y la misma guitarra ocupando el único sitio ordenado del lugar.
—Cántame algo —señalo la guitarra.
Él la coge y se sienta en el borde de la cama girado hacia mí. Se queda un momento pensando, supongo que intenta decidir que tocar.
—Esto lo compuse hace tiempo. No te rías si es demasiado malo.
Empieza a rasguear las cuerdas. La música llega a mis oídos. Cierro los ojos y me dejo llevar por los tristes acordes:
In the dark I can see (en la oscuridad puedo ver)
The monsters after me (los monstruos tras de mí)
In the lust of my tears (en la lujuria de mis lágrimas)
Lays the pain, broken dreams. (yace la pena, sueños rotos)
Run, run, run away (huye)
I’ve got, got, got to escape (tengo que escapar)
From here where live my fears (de aquí donde viven mis miedos)
Run, run, run away (huye)
You told me but I stayed (me dijiste)
This place ain’t safe. (este lugar no es seguro)
Black and white, fire and ice (blanco y negro, fuego y hielo)
Is your smile by my side (es tu sonrisa a mi lado)
Find the prison of my mind (encuentra la prisión de mi mente)
Set me free, let me be. (libérame, déjame ser)
Oh, I gotta escape yeah (tengo que escapar)
I’m scared and possessed, enough! (estoy asustado y poseído, ¡basta!)
My soul is tearing apart (mi alma se está desgarrando)
Look for a cure but baby (busca una cura pero baby)
I’m not so sure (no estoy muy seguro)
This thing is so deep into my heart (esta cosa está muy dentro de mi corazón)
Run, run, run away (huye)
I’ve got, got, got to escape (tengo que escapar)
From here where live my fears (de aquí donde viven mis miedos)
Run, run, run away (huye)
You told me but I stayed (me dijiste)
This place ain’t safe. (este lugar no es seguro)
No tengo palabras para describir lo que siento en este instante. Es como si Nathan hubiera escrito la canción pensando en mí. No. Es como si yo hubiera escrito la canción. De alguna manera representa mis demonios y miedos internos, como poco a poco me voy perdiendo en ellos hasta que no hay vuelta atrás. No hay salida. ¿Se sentirá él así también?
—¿Cassie? —susurra. Lentamente abro los ojos. Nate está algo borroso inclinado sobre mí— ¿Estás llorando?
Rápidamente me enjugo las lágrimas. Hoy estoy demasiado sensible me parece a mí. Sonriéndole coloco su flequillo hacia un lado para apartárselo de los ojos.
—Deberías cortarte el pelo un poco —una sonrisa burlona se extiende en su rostro.
—Estabas llorando. He vuelto a hacer llorar a Cassandra Griffin —deja la guitarra en el suelo y se coloca sobre mí apoyando las manos a ambos lados de mi cabeza. Los latidos de mi corazón empiezan a acelerarse notablemente.
—Te equivocas. Sólo se me han saltado las lágrimas.
Me sonríe. Sé lo que significa esa perfecta sonrisa.
Se inclina hacia mí eliminando el poco espacio que nos separa. Sus labios abren los míos de forma suave y gentil, moviéndose despacio e ignorando la química que nos empuja a llegar mucho más lejos de una forma no tan dulce.
—Te quiero —me dice al oído—. Nada en el mundo cambiará mis sentimientos por ti, Cass.
Lo abrazo fuerte, hundiendo mi cabeza en su hombro para evitar que me vea llorar. Porque esta vez sí que estoy llorando. De felicidad, de alivio.
—¿Me prometes que esta noche dormirás conmigo y me despertarás antes de marcharte?
—Claro, te lo prometo. Y me marcharé antes de que me pille tu madre.
Se separa un poco de mí para besarme en la frente.
—Te quiero —susurro.
—¿Qué has dicho?
—No pienso repetirlo —sé que lo ha escuchado perfectamente.
Él pone los ojos en blanco y se levanta. Rebusca entre el desastre de su armario y me lanza una sudadera que cae en mi cara. Es azul marino con el símbolo de Adidas en la parte frontal. Me la pongo encima de mi camiseta. Al menos así no desentona con el pantalón del pijama.
—¿No vas a olerla y decir que huele a mí como hacen todas las niñas?
—Yo no soy como todas las niñas —le espeto; aunque secretamente espero que se dé la vuelta en algún momento para poder hacerlo.
—¡La cena! —grita Amy desde la cocina.
Al final no resulta incómoda en absoluto. Mis padres no paran de charlar con Amy y con George y, sorprendentemente, los negocios y la economía no salen a colación en  ningún momento. Elektra me cuenta alguno de los últimos cotilleos que circulan por el instituto —incluyendo las teorías que corren sobre su hermano y yo— y Nate se queja sobre lo estúpidos que son todos ellos. Amy me acaba prestando unas pantuflas para que no vaya descalza antes de que nos despidamos y nos vayamos a casa.
***
Las calles están completamente desiertas. Ni siquiera los pájaros parecen haberse levantado en esta fría mañana de otoño. Camino por las silenciosas calles dejando que mis pies me guíen sobre los adoquines de piedra. El destello de una espada hace que me detenga, a mi izquierda los miembros de la guardia están rodeando sigilosamente una de las casas más grandes y respetables de la ciudad. Con la señal del capitán todos entran en tropel arruinando el apacible silencio. Se escuchan ruidos de espadas, el sonido de algo al romperse. Gritos de auxilio.
¿No vas a hacer nada esta vez? pregunta Scarlett apareciendo a mi lado.
¿Quién vive ahí?
Creo que eso ya lo sabes.
Un par de minutos más tarde Frederick sale de la casa escoltado por los guardias. Tiene contusiones por todo el cuerpo y un ojo se le está poniendo morado.
Scarlett me coge del brazo y les sigue. Vuelve a llevar la capa de terciopelo roja con la capucha cubriéndole el rostro. A medida que avanzamos calle abajo otros guardias se nos unen, esta vez acarreando al padre de Rory.
Tristan Turner me susurra ella—. ¿Verdad que tiene unos ojos hermosos?
No me hace falta mirar al hombre para saber que es cierto puesto que los de Rory son exactamente iguales: de un brillante verde esmeralda.
La gente va saliendo de sus casas y la ciudad parece despertar de pronto. Todo el mundo sale a ver lo que pasa. Frederick Johnson y Tristan Turner han sido apresados. Nadie sabe por qué hasta que reparan en Scarlett. Brujería. Ella es sinónimo de brujería. Se apresuran entonces hacia la plaza donde más tarde arderán los condenados sin duda alguna. ¿Cómo puede ser la gente tan morbosa?
Cuando miro al frente me sorprendo al encontrarme en la misma sala donde nos juzgaron a Nate y a mí; pero hay una gran diferencia, esta vez yo estoy junto a Scarlett.
Frederick y Tristan se sitúan frente al estrado esperando el veredicto que proclame su muerte en el Fuego Sagrado.
Frederick Johnson y Tristan Turner habéis sido acusados de brujería. El castigo aplicado será la hoguera. ¿Algo que decir en su defensa?
Frederick toma la palabra entonces:
¿Tienen alguna prueba de que es cierto? Porque juro por Dios la sala entera se llena de murmullos que ni mi buen amigo Tristan ni yo hemos practicado la brujería alguna vez.
Scarlett ríe; se acerca al juez y le susurra algo.
Tenemos una testigo.
Mis pies se mueven al frente y por mi boca empiezan a salir palabras en contra de mi voluntad. Mientras Scarlett habla a través de mí dejo vagar mis ojos por la sala. Nate está sentado entre los espectadores mirándome con odio infinito por condenar a su padre. Se me hace un nudo en la garganta, pero a pesar de eso sigo hablando, diciendo cuantas veces los he visto hacer magia e invocar al demonio para sembrar el terror entre las criaturas del Señor.
Muchas gracias.
Hay algo más intento con toda mi alma taparme la boca con las manos, sin embargo mi cuerpo no me responde—. El chico, Nathan. También es uno de ellos.
¡Va a quemarlo otra vez! ¿Cómo se atreve? Rory se levanta indignado de su asiento y agarra a Nate de la muñeca tratando de huir. Elektra y Amy les siguen. De pronto la sala se vuelve todo un caos, la gente empieza a correr de un lado para otro gritando. Scarlett mira la escena con una sonrisa de satisfacción en el rostro, dejándome libre por fin.
Ella saca la copa de su capa y la sostiene en alto con una mirada cargada de adoración y locura. Aprovecho el momento para intentar arrebatársela pero ella la sostiene con fuerza. Forcejeamos tratando de apartarla de las manos de la otra. Como no surte efecto decido pegarle una patada. Scarlett se encoje sobre sí misma pero no suelta la maldita copa. Tiro con más fuerza. Ella me pega un rodillazo en el estómago que no consigo esquivar. Caigo al suelo, ella conmigo. En un intento desesperado de salvar su bonita cara de ser estampada contra él, Scarlett apoya las manos en el suelo soltando la copa.
El calor que siento en la espalda me da una idea de lo que pasa antes de girarme. La sala entera está ardiendo, brujos o no, todos arden en el Fuego Sagrado.
Mira lo que has hecho, estúpida.
Pero no puedo ver nada, el fuego ha prendido en mi ropa y lo único que consigo hacer es gritar
622.
Intento incorporarme en la cama con el corazón latiendo a mil en mi pecho pero unas manos me lo impiden. Me revuelvo todo lo que puedo y trato de escapar.
—Cassie, soy Nate —mi cuerpo se relaja de inmediato en sus brazos.
Me acurruco contra él cierro los ojos tratando de recuperar el aliento. Nate pasa sus manos por mi pelo.
—Ha sido un sueño, tranquila,
—Seiscientos veintidós. Quedan cuarenta y cuatro.
—No pienses en eso ahora, sólo duerme.

Nathan me acuna entre sus brazos hasta que por fin el sueño me lleva de nuevo. Esta vez sin brujas, hogueras o magia.

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