CAPÍTULO 23
La casa siempre ha estado tan vacía… Debió de
sentirse muy sola cuando me fui porque la única habitante habitual era yo, yo y
mi demonio —bruja en este caso— personal. Scarlett. No me había dado cuenta
hasta ahora, cuando estoy sola sin nada en lo que pensar o hacer, de lo raro
que es no tenerla gritando cosas en mi cabeza. Todo es mucho más tranquilo y
silencioso.
El salón, con las paredes beige y los muebles de
madera oscura, las lámparas de cristalitos imitando a las arañas de los siglos
pasados, el solitario estéreo y la pantalla de plasma. Todo muy bonito y
armónico. Pero vacío. Siempre vacío. La cocina vacía. El jardín trasero lleno
de yerbajos y el césped seco y amarillento. La única parte de la casa que se
salva es mi habitación. El resto está vacío.
Debería pintar un cartelito de esos en los que pone
el nombre de la casa: “LA CASA VACÍA” o quizás “LA CASA SOLITARIA”. Si no fuera
por la alarma antirrobo estoy segura de que los ladrones se habrían apoderado
de todas las cosas de valor hace ya mucho tiempo. A veces me pregunto porque
mis padres se molestan en regresar a casa. Podrían comprarse un apartamento en
Nueva York donde está la oficina principal de su compañía. Creo que más de una
vez han pensado en hacerlo. Supongo que siguen aquí por mí. En fin, cuando vaya
a la universidad se libraran de mí y…
Ahí está mi misterioso vigilante. Siempre hay una
especie de vibración en el aire cuando aparece.
—Hola. ¿Qué tal estás amigo mío? —pregunto mirando
al techo, lo único que veo aquí tumbada en el sofá— Yo estoy bien, solo por si
quieres saberlo. Creo que te interesa mi estado de salud y esas cosas. No voy a
poder hablar mucho contigo porque mis amigas están a punto de llegar pero
bueno, algo es algo. Esto no es propio de mí, es decir, hablar “sola”, —hago
las comillas con los dedos― pero me aburro. O quizás esté realmente loca.
¿Quién sabe? —Me quedo unos momentos en silencio, por si obtengo una
respuesta—. Lo que quería saber es si cuando llegue el momento yo… yo estaré
como ella; atrapada en este cuerpo sin poder tomar el control. Simplemente
observando y dándole la brasa— vuelvo a esperar. Pero se ve que no va a
contestar—. Por favor. Golpea en la mesa una vez si es un ‘Sí’, dos veces si es
un ‘No’ —dejo que una sonrisilla se abra paso en mis labios. Cualquiera que me
viera pensaría que he visto demasiadas pelis malas.
Estoy a punto de abandonar la espera cuando suena un
golpe en la mesa. Solo uno. Al menos sé que no estoy hablando sola.
—¿Qué pasará después? Si el plan de George sale
bien, ¿moriré yo con ella?
Y suenan tres golpes. En la puerta; lo que significa
que mis invitadas están aquí.
Salto del sofá y me apresuro a abrirles la puerta
con una gran sonrisa en la cara.
—¡Hola chicas!
Lily se vuelve horrorizada hacia Becky.
—¿Qué le han hecho a nuestra amiga? —le pregunta
tratando de disimular una sonrisa. Becky me mira de arriba abajo frunciendo el
ceño con aire pensativo. Es bastante gracioso.
—Creo que la han abducido. ¿Tú qué opinas, Paula?
—Puede ser. Pero no estoy muy segura —se encoge de
hombros—. Quizás solo se haya vuelto loca.
Intento contener la risa pero se me termina
escapando. Si hubieran llegado unos minutos antes y me hubieran visto hablando
pensarían con toda certeza que estoy loca.
Anna se abre paso entre las demás y se me lanza
encima. La abrazo todavía riendo.
—Mi querida prima cuanto te he echado de menos
—dice.
—Yo también a ti.
Nos miramos mutuamente para ver si algún cambio
notable; pero Anna sigue teniendo la misma melena rubia lisa —puede que un poco
más larga—, los mismos enormes ojos marrón verdoso y el mismo estilo para
vestir que hace un año. Nuestras miradas se cruzan y volvemos a abrazarnos.
—A nosotros no nos dio una bienvenida tan calurosa
—comenta Lily mientras entramos en la casa.
La fulmino con la mirada. Ella me saca la lengua y
me guiña uno de sus ojos celestes con diversión. Se ha puesto unos vaqueros
largos muy pegados y una camiseta ancha azul marino que deja ver su perfecto
vientre plano y hace que sus ojos parezcan más claros. La chica Tumblr ataca de
nuevo.
Becky se sienta en el sofá. Su chaqueta roja
contrasta bastante con el color del sofá —de cuero color café—, al igual que su
vestido beige estampado de pequeñas florecitas rojas. Paula se sienta a su lado
dejándose caer pesadamente. A ella nunca le ha importado demasiado qué ropa es
para cada ocasión. Se pone lo que más le gusta sin importar que sea para una
boda o para salir a correr. Y hoy ha elegido un look rockero; con una chaqueta
de cuero negra llena de tachuelas, una camiseta con la lengua de los Rolling
Stones y unos pitillos negros combinados con unas Converse del mismo color.
Lily se apropia de uno de los sillones y Anna del
puf. Muevo el otro sillón para que quedemos más o menos en un semicírculo y
podamos vernos las caras. Las cuatro me miran expectantes, preguntándose porque
las habré convocado; y es que una no organiza una Reunión Súper Urgente Solo
Apta Para Chicas por cualquier tontería, y más si se tiene en cuenta que es la
segunda que organizo una y la primera fue para comunicar que iba a tomarme un
año “sabático”. Pensándolo bien deben de estar bastante aterradas.
—Estás embarazada —Becky es la primera en hablar.
Abro la boca perpleja—. Sabía que algo había pasado entre tú y Nate pero jamás
pensé… Es decir, vale, es Nate, pero tú eres Cassie y todos sabemos lo dura que
eres con los chicos, exceptuando a Will Meyer, claro.
—¿Quién es Will Meyer? —pregunta Anna frunciendo el
ceño.
—Mi amor platónico cuando entré en secundaria.
—Era mucho más que eso —interviene Becky—. El amor
platónico de todas las chicas del instituto. Era simplemente perfecto: capitán
del equipo de fútbol, alto, musculoso, simpático, amable, guapísimo, modelo de
Hollister, destructor de prejuicios y de la jerarquía estudiantil, presi…
—Tiene más títulos que la Reina de Inglaterra —la
corta Paula—. Era todo eso, sí. Pero el caso es que cada vez que Cassie lo veía
no podía ni hablar. Era muy divertido. Intentó hablar con él un millón de veces
y siempre se quedaba en el “Ho-hola, soy… soy Ca-cass…”
Me llevo las manos a la cara, avergonzada al
recordarlo, mientras las de más se ríen a carcajadas.
—Ya me acuerdo —dice Anna—. Fue con el que te diste
tu primer beso, ¿verdad? Recuerdo cuando me lo contaste. No parabas de pegar
saltitos de alegría.
—Sí.
En su último día de instituto, Will, vino a mí
eufórico. Le habían dado la beca para la universidad que quería, había ganado
la temporada de fútbol y se iba a ir de vacaciones a Barbados en dos días. Se
me acerco, me dijo que le había traído suerte, que era una niñita muy mona y
que cuando fuera mayor tendría a todos los chicos que quisiera; y me besó. No
fue un beso casto precisamente, fue muy ardiente y apasionado y me dejó
borracha de felicidad más de la mitad del verano.
—¿Estás embarazada o no? —Lily suena bastante
impaciente.
—¡No! —un suspiro colectivo sale de las bocas de mis
amigas— Lo que quiero contaros… He roto con Nate —mi prima me mira con el ceño
fruncido—. Un chico de mi curso. Llegó nuevo el año pasado, cuando me fui, y
desde el primer día de clase hemos tenido una relación amor-odio bastante
confusa. Un día me besaba y al otro le faltaba clavarme un puñal en el corazón.
Ayer salimos por la noche y me lo encontré liándose con otra delante de mis
narices. Después de que os fuerais —las miro, deteniéndome especialmente en
Lily— nos peleamos. Yo estaba hablando con un chico, Rory, que luego resultó
ser amigo de Nathan, el caso es que él llegó y me arrancó de allí a la fuerza
argumentando que estaba borracha y que debía volver a casa. Ahí empezó la
discusión. Le dije que no aguantaba más y me largué corriendo a casa. Fue
horrible. Y esta mañana se ha presentado aquí esperando que le pida perdón.
—Es un capullo, Cassie. Siempre he pensado que era
un buen tipo, pero desde que lo vi tratarte así cambié de opinión. Tú dices que
él tiene sus motivos, pero lo que te está haciendo no es nada justo —Lily está
realmente cabreada, y con lo obstinada que es no creo que olvide esto
fácilmente. Si yo fuera Nathan no se me ocurriría volver a mirarla. Por su
propio bien—. Cuando lo vea voy a tener unas cuantas palabras con él. Se va a
enterar de lo que es bueno —la mirada asesina que tiene en estos momentos no
puede ser nada normal.
—Wilde —digo—. ¿Sabes que das mucho miedo cuando te
enfadas?
—Lo sé, Griffin, lo sé.
Y de esa manera transcurre la tarde. De cotilleo en
cotilleo y tiro porque me toca. Cuando todas terminan de comentar lo que
capullo que se ha vuelto Nate pasamos a otro tema de interés como por ejemplo:
qué tal le va a Paula con Kevin o qué está pasando entre Tom y Becky. Esta
última no para de sonrojarse cada vez alguien menciona al mellizo de Paula.
Anna nos cuenta cómo le va con el piano y alguna que otra cosa más —al parecer
mi prima le ha echado el ojo a uno de sus compañeros pianistas—. Lily es la más
callada. Se queda todo el rato en su mundo, solo riendo de vez en cuando y
contestando si le hacemos alguna pregunta.
Y precisamente es Lily la última en marcharse. La
intercepto antes de que salga por la puerta.
—¿Qué te pasa, Wilde? Estás en las nubes.
—Antes mencionaste un chico. Rory —asiento.
—¿Qué pasa con él? —las comisuras de los labios de
Lily se alzan en una misteriosa sonrisa.
—Anoche no fuiste la única a la que invitaron a
copas —mi amiga se aparta un mechón de pelo de la cara distraídamente— ¿Es muy
amigo de Nathan?
—Se conocen desde pequeños. Estaban juntos en el
mismo Aqu… —disimulo con una tos mi metedura de pata. ¿Cómo he podido ser tan
descuidada?
—¿En el mismo qué? —Lily parece impaciente por
saber más sobre el chico de ojos esmeralda y sonrisa gatuna.
—En el mismo colegio. ¿Por qué tantas preguntas?
—creo que sé por donde van los tiros pero prefiero oírlo de su boca.
—Me preocupa que sea como Nate —y ahí está, mis
sospechas confirmadas por la señorita Lily Wilde. No le gusta dejar ningún cabo
suelto y más cuando se trata de un chico. Antes de empezar a dar un paso más
grande y pasar a mayores le gusta asegurarse de que el chico es tal y como
piensa que es. No es muy aficionada a perder la cabeza por un tío que no le
merece la pena, pero en este caso hay algo que se le escapa, algo que puede ser
un gran obstáculo si realmente le interesa Rory. Es un brujo. ¿Quién sabe?
Quizás tenga un alma gemela por ahí perdida; y en ese caso le rompería el
corazón a mi amiga. Debo estar pendiente de ellos.
—Creo que tienen personalidades bastante diferentes.
Rory es mucho más amable y divertido, en cambio Nathan es más serio y amargado.
No sé, tampoco es que lo conozca mucho —admito—. Tú ve con cuidado y no habrá
problema.
Lily suspira y se vuelve para abrir la puerta. Sus
ojos celestes tienen un brillo que no había visto hasta ahora. Me sonríe.
—Nos vemos el lunes —veo como se aleja caminando.
Las luces de las farolas le dan un aspecto fantasmal dibujando extrañas sombras
sobre su pequeña figura.
Me sorprende lo bueno que puede llegar a ser hacer
algo normal. Algo que cualquier adolescente normal haría. Y me sorprende
también lo agradable que es estar en compañía de gente que me quiere. Creo que
he pasado demasiado tiempo sola, valiéndome por mi misma y no me había dado
cuenta de lo bueno que es tener a gente que te ayude a tu lado.
Una ráfaga de viento agita las hojas de los árboles,
doradas y marrones ya, haciendo que suene una triste melodía. Me recorre un
escalofrío. El verano ha dejado paso al otoño en apenas unos días.
Cierro la puerta y me cobijo en el ambiente caldeado
de la casa frotándome los brazos para entrar en calor. Ver la casa de nuevo
vacía no ayuda mucho.
Subo a mi habitación y me pongo el pijama. Mañana me
espera el primer domingo de estudio intensivo del curso. También se me había
olvidado lo que significa ir al instituto.
***
Los
pasillos están llenos de gente comentado lo que han hecho el fin de semana;
algunos muy animados, otros con unas ojeras que les llegan hasta el suelo.
Camino tranquilamente hacia mi taquilla —todavía quedan diez minutos para que empiecen la
clases.
—Cassandra, mon
amie. Comment ça va? —amiga mía. ¿Cómo estás?; Pierre me pasa un brazo por los hombros. Me mira con unos
brillantes y expectantes ojos verdes ávidos de cotilleo— Se rumorea por ahí que
tú y Nathan habéis roto.
Suelto una carcajada. Con que se rumorea por ahí.
Creo que la responsable del cotilleo es una pequeña chica morena, inocente,
dulce e incapaz de callarse nada.
—Así que Becky se ha encargado de difundir la
noticia —Pierre sonríe confirmándolo—. Pues bien te diré una cosa. Nathan y yo
nunca hemos estado juntos “oficialmente” pero ten por seguro que ahora nunca lo
vamos a estar. Y ahora ve y difunde la noticia. Que le quede claro a Nathan
Johnson que quien juega con fuego acaba quemándose. Je suis très bien sans lui —estoy muy bien sin él.
—Oh, Cassandra
tu es une femme fatale —eres una mujer fatal. Puede que lo sea en
apariencia, pero por dentro no me siento así en absoluto. Todo sea por alejar a
Nate de mí. Está vez seré yo la que lo haga odiarme.
Pierre se reúne con sus amigos del equipo de fútbol
con esa alegría que le caracteriza. Parece que el francés nunca tiene
problemas. Con un suspiro abro mi taquilla. 0666. Y ya solamente quedan 47. La
culpa de que queden tan pocos fue de una boda de brujos a la que asistí hace un
par de años. No tenía ni idea de donde me estaba metiendo hasta que esa noche
fui testigo de una gran caza de brujas en mis “dulces” sueños. Scarlett no
avisó de que había brujos en la boda para que no huyera de allí sin antes
haberlos visto a todos. La muy zorra jugó sucio aquel día. Ya tenía suficiente
con encontrarme a profesores y alumnos en el instituto con sus brillantes y
luminosas palmas de la mano; incluso por las calles. ¿Por qué tengo que vivir
en una ciudad con un Aquelarre tan grande?
—Cassie, ¿tienes un momento?
—Sabes de sobra que para ti, Lily, siempre tengo
uno. ¿Qué pasa?
Saco los libros que necesito de la taquilla y los
guardo en la mochila. Me giro hacia la chica Tumblr y espero que empiece a
hablar.
—Es sobre Nathan —frunzo el ceño. ¿No lo hablamos
todo sobre él el sábado?—. No quiero que te acerques a él nunca más. Es malo
para ti, ¿entiendes?
—Eso es un poco difícil teniendo en cuenta que vamos
juntos a muchas clases y prácticamente somos vecinos; pero si lo que te preocupa
es que vuelva con él, puedes estar tranquila, no pienso hacerlo.
Lily me agarra del brazo muy fuerte y se acerca más
a mí, lanzándome una mirada de desesperación.
—Cassandra esto es serio, te lo digo como amiga, no
te acerques a él. Es malo para ti —vuelve a repetir. Alzo una ceja—. Es muy
malo para ti y además no te conviene.
—¿Por qué? ¿Quién me conviene entonces?—pregunto
irritada. Nunca había visto así a Lily.
—Yo —dice. Abro los ojos con asombro. Ella. Agito la
cabeza de un lado a otro horrorizada.
—Dime que estás de broma, Wilde —mi voz suena
desesperada. Desesperada porque esto sea una broma.
—Te quiero, Cassie. Siempre te he querido, desde que
éramos niñas y…
—No —digo agitando la cabeza negativamente de nuevo.
Miro alrededor para ver si alguien lo ha escuchado—. Esto no puede estar
pasando. No es verdad.
La cojo por los hombros y la zarandeo con fuerza.
Veo en su cara, con el ceño fruncido, como si no entendiera lo que está pasando
realmente.
—¿Por qué no puedo estar con Nate? —pregunto. Una
chispa se enciende en sus ojos e
instantes después pierden todo el brillo.
—Es malo para ti. No te conviene —y el brillo vuelve
tras decir esas palabras.
Suelto a Lily y busco entre la gente a Nathan. Lo
localizó rápidamente. Está apoyado en su taquilla con las manos en los
bolsillos mirándome intensamente con esos malditos ojos azules. La sangre
empieza a correr más rápido por mis venas, hirviendo. No puedo creer que haya
hecho esto. No puedo creerlo. Camino hasta él rápidamente dejando a Lily aún
más confusa. Lo cojo por la camiseta y lo estampo contra la taquilla con toda
la fuerza que tengo.
—Cassie —murmura. Tiene muy mal aspecto. Su piel
está más pálida de lo normal, el pelo lo tiene revuelto y unas sombras oscuras
se extienden bajos sus ojos azules, que están bastante enrojecidos. Eso me
mata, pero no hace que mi enfado se vaya.
—¡¿Cómo has podido?! ¿Crees que así vas a
recuperarme? Porque estás muy equivocado —voy bajando el tono de voz poco a
poco cuando noto que el número de miradas sobre nosotros incrementa
notablemente.
—¿De qué hablas? —Nate frunce el ceño.
—¡De Lily! —él me mira sin comprender y luego mira a
mi amiga por encima de mis hombros.
—¿Qué le pasa? —mis mejillas arden de rabia. ¿Cómo
que qué le pasa?
—La has hechizado —susurro. Él abre mucho los ojos
haciendo que sus largas pestañas choquen con sus cejas.
—No, Cassie. Yo no la he hechizado —parece muy
convencido pero no ha podido ser otra persona. ¿O sí? La duda se abre paso a
través de mí sin mucha dificultad. Aflojo el agarre en su camiseta.
—Pero ella dice que me quiere —murmuro más para mí
que para él. Nate pone los ojos en blanco.
—Es tu mejor amiga. Claro que te quiere
—No. No de esa manera —sus ojos azules se vuelven
más comprensivos, incluso parecen divertidos. Él coge mis manos entre las suyas
y las apriete con cariño.
—Entonces eres homofóbica —abro los ojos con horror.
—¡Nathan! Por favor no seas ridículo —le espeto—. He
visto como sus ojos chispeaban cada vez que le preguntaba por qué no podía
estar contigo; siempre respondía: es malo para ti, no te conviene.
—No he sido yo, Cassie —él mira pensativo en
dirección a Lily. Me suelta las manos y me aparata suavemente antes de caminar
hacia ella. Lo sigo.
—No ha podido ser tu hermana y George… No, no creo
que haya sido él
Nate murmura unas palabras y la palma de su mano
resplandece en azul hielo. La pasa por delante de Lily. Miro a nuestro
alrededor nerviosa pero nadie parece darse cuenta de lo que Nate está haciendo.
Nadie excepto los alumnos que son brujos, claro, ellos miran con curiosidad.
—¿Te refieres al Adalid? ¿De qué lo conoces?
Una luz verde esmeralda resplandece en los ojos de
Lily justo cuando suena el timbre. Nate y yo nos miramos y decimos al mismo
tiempo:
—Rory.
***
Lily no
para de lanzarme miradas furtivas mientras Kevin saca el pastel que ha hecho.
Lleva todo el día igual, esperando una respuesta por mi parte; una respuesta
que no pienso darle puesto que todo es producto de un hechizo.
—Bizcocho de chocolate con emanems (M&M’S) —dice
Kevin.
Todos miramos el bizcocho con ojos como platos;
tiene una pinta buenísima. Tom es el primero en lanzarse sobre él. Coge el
cuchillo y se corta, por lo menos, un cuarto de bizcocho para él solo. Kevin
carraspea y con una mirada de disculpa Tom vuelve a cortar su trozo por la
mitad.
—Lo siento —dice este—. Solamente quería comprobar
si estaba envenenado.
Vamos cogiendo un trozo cada uno. La verdad es que
está de muerte —si adoras el chocolate—. Se hace un silencio mientras comemos.
—La semana que viene te toca a ti —le digo a Tom. Él
traga saliva—. Estoy deseando ver lo que traes.
—Dios mío —Becky mira a Tom con ojos horrorizados—.
Va a ser un completo desastre.
Paula suelta una carcajada y mira a su hermano
divertida.
—Y que lo digas. Tom no sabe ni freír un huevo. Mi
madre siempre dice que acabará muriendo de hambre cuando se vaya a la
universidad.
—Tomás,
tienes que aprender a cocinar —Tom me fulmina con la mirada.
—¿Os acordáis… —empieza a decir Kevin. No llega a
terminar. Todos seguimos su mirada. Nathan.
Parece un poco incómodo acercándose a nosotros, pero
¿quién no lo estaría después de escuchar todos los rumores que corren por ahí
sobre nosotros?
—Cassie. —Nate se acerca a mi oreja y susurra— Rory
está en el aparcamiento.
Me levanto de golpe de la mesa arrastrando el banco
conmigo. Miro un momento a Lily antes de salir corriendo al aparcamiento.
Los pasillos están vacíos por suerte para mí. Así
nadie pensará que estoy loca por correr tan deprisa. Llego al aparcamiento con
el corazón acelerado, en parte por la carrera, en parte por la emoción. Porque
cuando pille a Rory le voy a cantar las cuarentas. ¿Cómo se atreve a hacer algo
así?
Lo veo apoyado sobre el coche de Nathan, silbando
una melodía un tanto desafinada. Lleva una sudadera roja y unos vaqueros
negros, aunque no tan negros como su pelo. Me acerco a él de inmediato,
haciendo resonar mis pasos en el pavimento. Él alza la cabeza y me mira
sorprendido; seguramente esperaba a Nate. Una brisa fresca le remueve el
cabello dejando al descubierto la marca de un golpe en la frente. Frunzo el
ceño. ¿Qué le habrá pasado?
—Supongo que ya te habrás imaginado por qué estoy
aquí —digo, cruzándome de brazos ante él. Rory me lanza una encantadora
sonrisa.
—La verdad es que no tengo ni idea —dice con sarcasmo.
Se sube las mangas de la sudadera hasta los codos—. Si eres tan amable de
iluminarme, bella Cassandra.
—Por supuesto. Se trata de una amiga mía, Lily, que
ha sido hechiza. Me gustaría mucho que deshicieras el encantamiento. Si no es
mucha molestia —añado.
—No —dice—. Ese encantamiento está muy bien donde
está.
Entonces pierdo la paciencia. Me acerco a él y lo
agarro fuerte por el brazo. ¿A qué demonios está jugando? Esto es algo bastante
serio. Lily es una persona con voluntad propia, no un objeto con el que se
pueda jugar.
—Te he dicho que lo deshagas —mi voz está llena de
rabia contenida.
—No voy a hacerte caso. Eres todo un peligro por ahí
suelta y quiero que te alejes de mi mejor amigo. Si pudiera decirle lo que
eres, quien eres, seguro que te despreciaría tanto como yo. Esa química que
dices que tenéis se iría a la mierda en cuestión de segundos y él te odiaría.
Aprieto más fuerte su brazo, llena de rabia y con
las lágrimas a punto de salir de mis ojos. Las pupilas de Rory se dilatan y ser
vuelven tan grandes que apenas dejan un anillos esmeralda a su alrededor. Tiene
miedo. Mucho miedo.
—¡Tú no sabes nada! —le grito—. ¿Crees que me gusta
ser así? ¿Crees que es fácil levantarse cada mañana con una voz en tu cabeza
diciendo cosas sin sentido? ¿Pensar que estoy loca y que todo el mundo me mire raro?
Desde que nací. Los primeros recuerdos que tengo son de ella. Las primeras
palabras que dije fueron bruja y hoguera. Y hasta que aprendí a no decir en voz
alta todo lo que ella pensaba, a ignorarla, no empecé a tener una vida
“normal”. No sabes a la cantidad de psicólogos y psiquiatras a las que he ido.
No sabes la cantidad de pastillas que he tenido que tomar porque estaba enferma. Y ahora vienes tú a decirme
todas esas cosas, a tirármelas a la cara como si fuese cualquier bestia. ¿Crees
que no me doy cuenta de todas esas cosas? ¿Crees que no me duele veros, a los
brujos, y pensar que en cualquier momento puedo veros arder, en sueños
obviamente, pero que un día eso se va a hacer real? ¿Crees que me gusta pensar
que un día ella tendrá el control de mi cuerpo y que yo estaré atrapada dentro?
Pues escúchame bien Rory, estás muy equivocado. Y arderéis. Arderéis todos, desapareceréis de la Tierra y todo será
mejor sin vosotros, brujos entrometidos.
—Cassandra —la voz de Rory suena ahogada y llena de
dolor. Él me mira a los ojos, suplicante—. Por favor, me estás… haciendo daño.
Sigo su mirada hasta su brazo, justo donde lo tengo
agarrado. Abro los ojos con espanto al comprobar que sale humo de debajo. Huele
a quemado. Con cuidado retiro mi mano, aún resplandeciente en un naranja
intenso.
Dios mío. Me agarro a Rory antes de caer al suelo de
la conmoción; él me sujeta por la cintura. Ambos miramos su brazo. El número
620 está grabado en su piel como si hubiera sido marcado con un hierro
candente.
—Creo que serás el próximo en aparecer en mis sueños
—susurro antes de que todo se vuelva negro y distante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario