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jueves, 13 de junio de 2013

Capítulo 13

Abro los ojos sobresaltada. 617. Hago un pequeño cálculo mental. Sólo quedan 49. Muy pocos. Poquísimos. Respiro hondo y miro a mi alrededor. Estoy en la enfermería. Me levanto de la camilla despacio y me pongo en pie. Mi mochila está en una silla al lado. La recojo y me dirijo hacia la puerta.
̶            ¿Dónde vas?
Me doy la vuelta y el alma se me cae a los pies al ver a Nate, el alma y la mochila. Me llevo una mano al pecho, donde sigo sintiendo el dolor y los ojos se me inundan de lágrimas. Por supuesto que él está vivo, pero verlo vivo justo después de haberlo visto convertirse en cenizas es bastante chocante. Me acerco a él, tengo que comprobar si es verdad.
Le cojo la mano derecha y pongo su palma hacia arriba. Ahí está, ahora la veo. La estrella brilla en esos momentos emitiendo su luz azul. Miro a Nate. Su rostro es una máscara, no expresa ni la más mínima emoción.
̶            Tú – dice con voz ronca – ¿Quién  eres?
̶            La amnesia también puede ser tratada por el psiquiatra.
Nate no se ríe de mi chiste, pero no se me ocurre que otra cosa decirle así que cambio de tema.
̶            ¿Y el señor Shepherd? – pregunto.
̶            Ha ido a su despacho a recoger sus cosas. Volverá pronto.
̶            ¿Cuánto tiempo llevo dormida?
̶            Diez minutos.
̶            ¿Y tu hermana? – el saca el móvil del bolsillo y mira los mensajes.
̶            Acaba de llegar a casa. Y ahora es mi turno de preguntas.
̶            No, – digo a toda prisa – aún tengo otra pregunta. ¿Por qué te has peleado con tu hermana?
Él se queda un rato en silencio debatiendo en su interior si contestarme o no.
̶            Ella me hechizó. Hizo que fuera amable contigo, pero los hechizos no son para siempre. Cuando iba hacia el comedor se ha desvanecido y he vuelto a ser yo.
̶            Ugh, que tu hermana pequeña te haya hechizado ha tenido que herir mucho tu orgullo – él se ríe (¡por fin!).
̶            Bastante – confirma.
El señor Shepherd entra en la enfermería con un suspiro. Se sienta en la silla y suelta su maletín en el suelo.
̶            Espero que me des una explicación convincente – me dice.
̶            En la carta le recomendaba a Nathan un psicólogo, él mío, y le decía que quizá lo derivaran al psiquiatra, porque conmigo lo hicieron. Yo… tengo trastornos de personalidad. Aunque nunca había hecho nada tan macabro como lo de hoy – digo pensativa –, siempre hablo de brujas y brujos, de hogueras, de magia, pero de ahí a escribir con mi propia sangre… Además Lily no me quitaba ojo de encima, no sé como ha podido pasar. Por favor no se lo diga a mis padres, se preocuparían todavía más.
̶            No se lo diré a tus padres, por ahora, pero la próxima vez que pase algo así los informaré de inmediato y al directo también. Pueden irse.
Recojo la mochila del suelo y salgo pitando por los pasillos hasta la puerta del instituto.
̶            No te vas a librar de mis preguntas por ir más rápido. Sé donde vives – dice Nate a mi espalda.
̶            Juro que contestaré a tus preguntas, pero por favor ahora no. Estoy muy cansada y tengo que asimilar unas cuantas cosas. Mañana o dentro de un par de horas, sí, pásate dentro de dos horas por mi casa.
̶            Entra – Nate ha abierto la puerta del copiloto de su coche.
̶            Vale.
Entro en el coche y me dejo caer en el sillón con un suspiro. Nate tarda unos segundos en entrar por el otro lado.
̶            Rumbo a casa de la señorita Griffin.
Cinco minutos más tarde Nate aparca en la puerta de mi casa.
Gracias por traerme.
̶            Gracias por traerme.
̶            De nada.
Bajo del coche y camino hasta la puerta de mi casa. Saco las llaves de mi bolsillo y la abro. Suelto la mochila en la entrada y escucho el ruido de la puerta al cerrarse. Yo no he cerrado la puerta.
̶            Me encanta el suelo de parqué.
̶            ¡Fuera de mi casa!
Empujo a Nate hacia la puerta bastante cabreada. ¡¿Cómo se le ocurre colarse en mi casa?! Él no para de reírse mientras intento, sin ningún resultado, sacarlo de mi casa.
̶            Tendrás que comer más para sacarme de aquí – me sonríe, el muy guarro me sonríe.
̶            Me diste dos horas – protesto dándome por vencida.
̶            Te las voy a dar. Esperaré aquí de mientras, no tengo ganas de soportar a mi hermana.
̶            Yo no tengo ganas de soportarte a ti.
̶            Es lo que hay – se encoje de hombros.
̶            Bien – digo tratando de calmarme – ahí está el salón, a tu derecha, y la cocina a tu izquierda, el baño está arriba al final del pasillo. Puedes hacer lo que te de la realísima gana, como si estuvieras en tu casa.
Empiezo a subir las escaleras alejándome de él.
̶            Gracias señorita Elisabeth, sigo pensando que es demasiado lista para ser una criada, aunque no lo suficientemente amable.
Me paro antes de alcanzar el último escalón y me doy la vuelta para dedicarle una mirada cargada de odio. Nate vuelve a sonreírme. Respiro hondo y termino de subir la escalera.

Cierro la puerta de mi cuarto con un portazo y me tumbo en la cama. Por fin un momento de descanso. Todos los músculos de mi cuerpo se relajan y dejo que el dolor me invada.

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