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miércoles, 5 de junio de 2013

Capítulo 11


̶            ¡¿Cómo has sido capaz de hacer algo así?! – grita Nate.
̶            Lo necesitabas.
̶            No. Se lo contaré a mamá, le encantará saber lo que has hecho – responde.
̶            Sí y cuando le cuente porqué lo hice estará totalmente de acuerdo conmigo. Tienes que olvidarte del pasado y abrir los ojos Nate, papá ya no está – Elektra se cruza de brazos y mira desafiante a su hermano.
Él suelta una amarga carcajada.
̶            Lo que has hecho es algo propio de él. Obligar – escucho la palabra algo distorsionada – a alguien aunque sea “por su bien” puede ser un delito. Si el Consejo se entera…
̶            No se enterarán a no ser que se lo cuentes. Por mucho que lo intentes no puedes darle la espalda a ese sentimiento. Acabarás explotando y harás alguna locura.
̶            ¡Tú no sabes lo que siento! – grita Nate – Como vuelvas a acercarte a ella se lo diré al Consejo.
̶            Uh, que miedo.
Nate aprieta los puños y se acerca a su hermana amenazante. Salgo de mi escondite y me acerco a ellos.
̶            Ya basta, Nate – digo.
Él se gira hacia mí y sonríe, y el hielo aparece en sus ojos y la sangre empieza a hervir en mis venas.
̶            Cassandra. Llegas justo a tiempo, también quiero hablar contigo.
̶            Si vas a seguir gritando será mejor que vayamos a otro sitio. Estás llamando mucho la atención.
̶            Sígueme entonces.
Nate se aleja entre la multitud del comedor. Me giro hacia Elektra que parece bastante preocupada y le guiño un ojo. Ella esboza una triste sonrisa. Me giro y sigo a Nate que ya está saliendo del comedor. Esquivo a un par de chicos de primero bastante atolondrados y llego a la puerta. En cuanto salgo al pasillo Nate me coge del brazo y tira de mí. Abre la puerta de una clase y me empuja dentro. Me froto el brazo por donde me ha cogido. Me saldrá un moratón.
̶            No hace falta ser tan bruto.
Él cierra la puerta. Miro a mi alrededor, estamos en el laboratorio.
̶            Limítate a escuchar, ¿de acuerdo? – me dice, suspiro.
̶            Está bien.
̶            No volverás a hablar con mi hermana, olvida que existe o lo pagarás.
̶            Si fuera tan fácil olvidar que alguien existe ahora mismo no estaría aquí.
̶            Calla. Olvida también todo lo que ha pasado entre nosotros, menos lo del lunes por la mañana, eso puedes recordarlo – las chispas llenan sus ojos azules.
̶            Ayer evitas que me atropellen y eres todo un caballero y hoy quieres que olvide todo excepto cuando fuiste un cabrón y me lanzaste un balón a la cabeza. No te entiendo, pero te aseguro que cuando salga por esa puerta me olvidaré de ti. La gente bipolar como tú me pone enferma.
̶            Me alegro de ser causante de tu enfermedad – me sonríe –. Tú enfermedad fingida.
Salgo del laboratorio dando un portazo y lo dejo ahí solo. Noto una vibración en el aire y miro el reloj. Sonrío. Siempre tan puntual, todos los días a la misma hora. Me vuelvo y como siempre no veo a nadie. La puerta del laboratorio se abre y Nate sale por ella. Mira justo en mi dirección y frunce el ceño. Le dedico la última sonrisa, porque a partir de ahora no pienso ni mirarle. Odio los tíos como él.


̶            Cassie, esta tarde vamos a ir al cine, ¿te apetece? – miro a Becky.
̶            Estoy muy cansada, voy a quedarme en casa. Aún tengo que poner en orden algunas cosas que traje de Europa, ya sabes, la maleta y esas cosas.
̶            Nate viene – siento dolor, como si un cuchillo helado se me clavara en el corazón, pero instantes después lo único que siento es ira, rabia y fuego.
̶            Entonces decido, – mi voz suena algo ronca cuando le contesto – me quedaré en casa.
Lily que hasta ese momento había estado haciendo unos ejercicios de matemáticas  levanta la cabeza de su cuaderno.
̶            Os habías peleado – afirma, y yo asiento – ¿Qué te ha dicho?
̶            Palabras.
̶            Cassie, ¿qué te ha dicho? – repite.
Una bola de papel cae sobre la mesa. Logro cogerla antes que Lily, y la leo.
Querida señorita Griffin:
Es de mi entender que su amiga Becky es incapaz de guardar algún secreto. Por eso ruego no le cuente a nadie sobre nuestra pequeña charla. Espero mantenga su boca cerrada o habrá consecuencias.
Atte. Nathan Johnson.

Cojo un bolígrafo de mi estuche y escribo justo debajo.
Al señor Johnson:
No tenía la intención de contar nuestra “charla” a nadie. De todas formas no veo motivo alguno para no hacerlo, pues lo único que saqué en claro de nuestra reunión fue que necesita ir al psicólogo urgentemente, los trastornos de personalidad son algo muy serio. Tengo el teléfono de uno excelente, un psicólogo quiero decir, aunque quizá lo derive al psiquiatra.
Siempre Nunca suya Cassandra Griffin.
Hago una bola con el papel y se la lanzo a Nate. Lily me fulmina con la mirada y vuelve a meter las narices en sus ejercicios enfadada seguramente. Becky me mira llena de curiosidad, está a punto de abrir la boca para preguntar. Lo sé.
̶            Vaya, vaya – el señor Shepherd coge el papel de Nate y empieza a leerlo en voz alta –. Una amenaza, puede caerle un buen castigo por esto Johnson – lee mi contestación y empieza a reír – Cassandra querida, veo que no has cambiado en absoluto. Ambos os quedaréis castigados media hora más después de clase. Como pille a alguien más pasando notitas no seré tan benevolente, esto es una hora de estudios, no una hora de fiesta.
¡Maldito sea! Ese carcamal ya debería estar jubilado, pero aquí sigue torturando a los alumnos. Como disfruta castigando y regañando. Ahora tendré que pasar media hora más aquí por culpa de Nathan. ¡Qué imbécil!
Suena el timbre y todo el mundo empieza a recoger y a salir de clase.
̶            Que te lo pases bien aquí Cassandra – me dice Lily.
̶            Mala – le digo.
Becky se acerca a mi oído.
̶            Cuando puedas dale un tortazo de mi parte – me susurra –. No podré guardar un secreto pero tampoco estoy orgullosa de ello.
Sale de la clase bastante indignada.
̶            Quiero que me expliquéis que demonios es esto.
Frunzo el ceño, pero me levanto obediente y me acerco al viejo profesor, Nate justo detrás mía.

Miro la hoja cuadriculada donde hemos escrito sin entender nada, pero el señor Shepherd le da la vuelta. Abro los ojos sorprendida y noto como Nate se tensa a mi lado. Arderás en el Fuego Sagrado. 666. Está escrito con sangre y de mi puño y letra. Me miro las manos. Tengo la mano izquierda ensangrentada. Siento arcadas. Yo no he podido escribir eso. NO. Ha sido ella. Pero ella está dormida. No puede haberlo hecho. Se me encoge el corazón y se me hiela la sangre, y el dolor en el pecho vuelve a mí tras meses de calma y paz y me desplomo. Nate me atrapa antes de que caiga al suelo y me mira. Nunca olvidaré esa mirada.




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