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domingo, 12 de mayo de 2013

Capítulo 8



Esta es una de las cosas que he echado de menos durante mi viaje. Una tarde tranquila con los amigos, riendo y pasándolo en grande. Cuando llego a casa estoy muy cansada, sólo quiero dormir. Pero mis padres han vuelto de trabajar y no me van a dejar tranquila ni en broma. Seguro que me bombardean a preguntas sobre las clases, los amigos, que dónde he estado, que si me encuentro bien. Mi madre es la primera en asaltarme.
̶            Me he encontrado con la entrenadora Philips – me paro en mitad de la escalera y me giro hacia mi madre – me ha dicho que te has peleado con un chico, un tal… como era… Nelson, no…
̶            Nathan – digo.
̶            Sí, eso. Me ha dicho que es muy guapo.
Quiero mucho a mi madre, pero en estos momentos tengo unas ganas enormes de matarla, a ella y a la entrenadora Philips, claro.
̶            Lo es – digo y mi voz suena tan vacía como pretendía.
Subo a mi habitación y me pongo el pijama. Me quedo un rato tumbada en la cama a esperar que mi madre haga la cena y a prepararme mentalmente para más preguntas.
̶            Cassie – mi padre está en la puerta de la habitación. Entra y se sienta en el borde de la cama – ¿Qué tal el día?
̶            Muy bien.
̶            El chico que dice tu madre, ¿no te habrá hecho daño verdad?
̶            No papá, sólo me lanzó un balón de baloncesto a la cabeza “accidentalmente”. Nada grave. He pasado por cosas peores.
̶            Ya. Oye, ¿algún día nos vas a contar lo que en realidad hiciste en Europa?
Lo miro directamente a los ojos, marrones, como los míos. No me esperaba esa pregunta. Me levanto de la cama y me dirijo hacia la puerta.
̶            Cassandra – me llama mi padre.
̶            No.
̶            ¿No qué? – pregunta mi madre desde el descansillo.
̶            Nada mamá. ¿Qué hay de comer?
̶            ¿No lo hueles?
Olisqueo el aire. Pizza. Mi madre no se complica con la comida, si no tiene ganas de cocinar la pide por teléfono y adiós a los problemas. ¿Qué se le va a hacer? Se pasa todo el día trabajando, no tiene tiempo para hacer una comida en condiciones y mi padre, bueno, mejor que no se acerque a la cocina, puede que todo salga ardiendo.
Después de cenar me lavo los dientes y me acuesto. Enseguida me quedo dormida.

Miércoles a última hora. Daisy reparte los papeles. Becky es Charlotte y Kevin James. Está a punto de repartir los papeles principales y sólo quedamos Nate y yo.
̶            Espero que lo hagáis tan bien como el otro día – nos dice Daisy –. Empezad por la última escena.
Algo se revuelve en mis tripas y busco a Becky con la mirada, pero ella está de espaldas hablando con el engreído de Pierre. Respiro hondo y subo al escenario. Nate ya está esperando en un rincón del escenario para no molestar a los demás, que están ensayando otra escena en la otra parte.
̶            Te lo dije.
̶            ¿Perdona? – digo algo desconcertada, Dios, ¡¿dónde tengo la cabeza?!
̶            Que íbamos a ser los protagonistas.
̶            Ah, sí – murmuro.
̶            Pues empecemos. ¿Te sabes la escena?
̶            ¿Cómo quieres que me la sepa? Acaban de repartir los personajes.
Él se encoje de hombros y me lanza el guion. Lo atrapo al vuelo. Leo la escena y presiento que voy a odiarla con toda mi alma. Memorizo las pocas frases de la obra y le paso el guion a Nate, que le echa un vistazo y lo deja en el suelo. Respiro hondo e intento concentrarme, pero simplemente no puedo. Me limito a soltar las frases sin ninguna emoción, como si fuera un robot. Nate para en mitad de la escena.
̶            Cassie, ¿se puede saber dónde tienes la cabeza? – pregunta.
̶            Lo siento Nate. Yo…
La campana suena y me salva la vida. Salgo corriendo a buscar mis cosas. Las he dejado en la última fila de butacas, pero todo el mundo sale en tropel y no puedo pasar. Espero a que se vayan y entonces alcanzo mis cosas. Al agacharme para recoger las cosas me doy cuenta de que tengo el cordón de mis zapatillas desatado. Me echo la mochila a la espalda y apoyo mi pie en la butaca para atarme los cordones.

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