Nate y yo bajamos del escenario mientras la
siguiente pareja sube. Nos sentamos en la última fila viendo como todo el
mundo sale a actuar. Hay gente realmente
buena. Kevin lo hace fenomenal ¡Maldito hipster! Todo se le da bien. Y Becky lo
hace genial.
De pronto me encuentro el guion de Nate delante de
mi cara.
̶
¡Puag!
Tengo que besarte.
Le quito el guion de la mano y leo. Es el final de
la obra y efectivamente acaba con un beso. Algo se revuelve en mi estómago.
̶
No es
seguro que nos cojan – digo no muy convencida, porque la verdad es que lo hemos
hecho mejor que nadie.
Él suelta una carcajada y me mira.
̶
Sabes
tan bien como yo que nos van a coger a nosotros. Kevin quiere ser James y Becky
es morena.
̶
¿Qué
pasa si es morena?
̶
Las
bellezas del siglo diecinueve eran como tú. Puede que más gorditas.
̶
¿Me
estás llamando belleza y anoréxica al mismo tiempo?
̶
Puede
ser – me contesta sonriendo con aire misterioso.
Me río, no puedo evitarlo.
̶
Nathan
Johnson está tratando de ser simpático conmigo. Muy bueno, no me lo esperaba.
Busco en sus ojos azules alguna trampa, pero si hay
una yo no la veo. Realmente está intentando portarse bien conmigo.
̶
Tengo
que empezar a serlo, sino no podré soportarte en teatro todo el año.
̶
Tu
hermana dijo que yo te recordaba algo de tu pasado. ¿Puedo hacer algo para
remediarlo?
Él me mira serio. La he cagado. Bravo. Ahora volverá
a ser un hijo de puta conmigo.
̶
¿Puedes
dejar de existir? – algo parecido a la agonía aparece en sus ojos.
̶
Podría
morir si eso te hiciera sentir mejor – digo, añadiéndole una sonrisa cómica a
la frase para hacerla algo menos escalofriante.
̶
Eso
lo empeoraría todo, créeme.
El sufrimiento crece en sus ojos y se me forma un
nudo en la garganta. Él mira la hora en su reloj de pulsera. ¿Es un rolex?
̶
Tengo
que irme – dice.
Se levanta de mi lado y se va. Le sigo. No era mi
intención hacerlo sentir mal. Sólo quería ayudar.
̶
¡Nate!
– lo llamo.
Pero él sigue andando, ni siquiera se vuelve para
mirar. Corro hasta ponerme delante de la puerta exterior del teatro. Le impido
el paso.
̶
Perdón
– digo.
Él sonríe y pone una mano en mi mejilla.
Inmediatamente siento la electricidad que nos recorre. Cierro los ojos durante
un instante para disfrutar de la placentera sensación que produce su mano al
acariciar mi mejilla. Los abro.
̶
Cassie
– murmura.
Lo dice de una forma tan dulce, tan suave que por un
momento me hace sentir en las nubes. ¡Oh! ¿Por qué no para de sonreír así? No
puedo con su perfecta sonrisa. Sus ojos me miran llenos de algo diferente,
¿ternura? No. No puede ser. Desvía la mirada detrás de mí. Vuelve a mirarme.
̶
Quita
de en medio – dice, pero no de una forma fría sino con diversión en sus ojos.
̶
Nos
vemos – le digo.
Veo como se aleja y se monta en un coche amarillo.
Elektra me saluda desde el asiento del copiloto. Le sonrío.
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