̶
¡Cassandra!
– la voz de Tom me retumba en los oídos.
̶
¡YA
VA! – grito por enésima vez.
Bajo corriendo las escaleras y le abro la puerta a
Tom.
̶
Ya
era hora. Como se nota que estás desentrenada.
̶
Estoy
más en forma que nunca – replico.
̶
¿Has
ido a correr todos los jueves cuando estabas de viaje? No me lo creo.
̶
He
tenido que correr casi todos los días y he andado más kilómetros de los que tú andarás
en toda tu vida. ¿Por qué nos paramos?
̶
Perdóname
Cassie – alzo una ceja –. Sabes que odio correr solo y Kevin no corre…
̶
No –
digo cuando comprendo a lo que se refiere – Me has sustituido. ¡¿Cómo te
atreves a sustituirme Thomas Grayson?!
La puerta de la casa en la que nos hemos parado se
abre y Nate sale por ella. Miro a Tom horrorizada.
̶
¡¿ME
HAS SUSTITUIDO POR NATE?! – me acerco a Tom amenazadoramente.
̶
Él
viene a correr todos los días – dice retrocediendo un paso.
̶
Y tú
– me giro hacia Nate que parece estar disfrutando de lo lindo con nuestra
discusión – ¿Cómo osas ocupar mi lugar?
Nate se acerca a mí e inclina la cabeza.
̶
Os
ruego me perdone señorita Griffin, pues este servidor no tenía ni la más remota
idea de a quien sustituía. Cuando acepté acompañar al señor Grayson aún no
había tenido el placer de conocerla.
A Tom le da un ataque de risa al oír las remilgadas
palabras de Nate. Yo sonrío, parece que se ha metido bastante en su papel.
̶
En
tal caso, queda usted perdonado.
Tom echa a correr y Nate y yo le seguimos. Corremos
lo que nosotros llamábamos “el recorrido oficial” que pasaba por mitad del
parque, seguía hasta las afueras de la ciudad y volvía por la avenida principal
hasta nuestras casas. Al final Tom acaba más cansado que yo y me mira con una
mezcla de odio y envidia.
̶
Soy
una máquina corriendo. Lo sé – digo.
̶
La
semana que viene te echaré una carrera desde el instituto hasta aquí – me dice
Tom entrecerrando los ojos –. Ya verás quien ríe el último Cassandra, ya lo
verás.
Tom entra en su casa y cierra de un portazo. Me río.
Parece que se lo ha tomado como algo personal. Me giro hacia Nate.
̶
¿Tú
crees que…
Nate tira de mí. Mi cuerpo está completamente pegado
al suyo. Siento mi corazón latir a toda prisa. Él mío y el suyo. Me aparto,
pero él no me deja, me rodea aún más fuerte con los brazos. Un coche pasa a
toda velocidad detrás de mí y entonces suelto el aire que sin querer había
estado conteniendo. Nate sólo quería evitar que me atropellasen, nada más. Me
relajo en sus brazos unos instantes. Me coge la mano y me arrastra hasta el
otro lado de la carretera.
̶
Esto
demuestra mi teoría de que siempre estás en medio – dice rompiendo el silencio.
̶
Gracias
– le digo.
Él sonríe.