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viernes, 31 de mayo de 2013

Capítulo 10

̶            ¡Cassandra! – la voz de Tom me retumba en los oídos.
̶            ¡YA VA! – grito por enésima vez.
Bajo corriendo las escaleras y le abro la puerta a Tom.
̶            Ya era hora. Como se nota que estás desentrenada.
̶            Estoy más en forma que nunca – replico.
̶            ¿Has ido a correr todos los jueves cuando estabas de viaje? No me lo creo.
̶            He tenido que correr casi todos los días y he andado más kilómetros de los que tú andarás en toda tu vida. ¿Por qué nos paramos?
̶            Perdóname Cassie – alzo una ceja –. Sabes que odio correr solo y Kevin no corre…
̶            No – digo cuando comprendo a lo que se refiere – Me has sustituido. ¡¿Cómo te atreves a sustituirme Thomas Grayson?!
La puerta de la casa en la que nos hemos parado se abre y Nate sale por ella. Miro a Tom horrorizada.
̶            ¡¿ME HAS SUSTITUIDO POR NATE?! – me acerco a Tom amenazadoramente.
̶            Él viene a correr todos los días – dice retrocediendo un paso.
̶            Y tú – me giro hacia Nate que parece estar disfrutando de lo lindo con nuestra discusión – ¿Cómo osas ocupar mi lugar?
Nate se acerca a mí e inclina la cabeza.
̶            Os ruego me perdone señorita Griffin, pues este servidor no tenía ni la más remota idea de a quien sustituía. Cuando acepté acompañar al señor Grayson aún no había tenido el placer de conocerla.
A Tom le da un ataque de risa al oír las remilgadas palabras de Nate. Yo sonrío, parece que se ha metido bastante en su papel.
̶            En tal caso, queda usted perdonado.
Tom echa a correr y Nate y yo le seguimos. Corremos lo que nosotros llamábamos “el recorrido oficial” que pasaba por mitad del parque, seguía hasta las afueras de la ciudad y volvía por la avenida principal hasta nuestras casas. Al final Tom acaba más cansado que yo y me mira con una mezcla de odio y envidia.
̶            Soy una máquina corriendo. Lo sé – digo.
̶            La semana que viene te echaré una carrera desde el instituto hasta aquí – me dice Tom entrecerrando los ojos –. Ya verás quien ríe el último Cassandra, ya lo verás.
Tom entra en su casa y cierra de un portazo. Me río. Parece que se lo ha tomado como algo personal. Me giro hacia Nate.
̶            ¿Tú crees que…
Nate tira de mí. Mi cuerpo está completamente pegado al suyo. Siento mi corazón latir a toda prisa. Él mío y el suyo. Me aparto, pero él no me deja, me rodea aún más fuerte con los brazos. Un coche pasa a toda velocidad detrás de mí y entonces suelto el aire que sin querer había estado conteniendo. Nate sólo quería evitar que me atropellasen, nada más. Me relajo en sus brazos unos instantes. Me coge la mano y me arrastra hasta el otro lado de la carretera.  
̶            Esto demuestra mi teoría de que siempre estás en medio – dice rompiendo el silencio.
̶            Gracias – le digo.

Él sonríe.

lunes, 13 de mayo de 2013

Capítulo 9



̶            Enserio Cassandra, ya te vale.
Termino de atarme las zapatillas y miro a Nate alzando una ceja.
̶            Siempre estás en medio. ¿Cómo lo haces? Voy tan tranquilo y de pronto ahí estás tú. En medio de mi camino.
Me río.
̶            Soy yo la que va tan tranquila y de repente se encuentra contigo. Te cruzas en mi camino. No tengo la culpa de que vayas en la misma dirección.
Él coge mi mano derecha y la examina buscando algo con aire esperanzado. La suelta y coge la izquierda al no encontrar nada.
̶            ¿Qué haces? – pregunto con curiosidad.
̶            ¿Eres zurda?
̶            Sí – contesto.
Vuelve a coger mi mano derecha y la examina más detenidamente. Frunce el ceño.
̶            ¿Por qué tienes dos líneas de la vida?
̶            No sé – contesto, aunque en realidad lo sé perfectamente.
̶            Nunca había visto nada así. Una es larga y llena de cortes y la otra corta y lisa. Vaya – murmura, más bien para sí mismo que para mí – es como si un cuarto de tu vida fuera un infierno y después se corta, desaparece, como si murieras – me apoyo en la butaca para no caerme al suelo. Nate parece no darse cuenta, mejor. – pero luego sigue sin ningún corte, perfecta y sin sufrimiento. Asombroso. La otra se corta en el mismo punto pero desaparece, corta pero feliz.
Nate suelta mi mano y me mira. Sus ojos brillan fascinados.
̶            Puede que sea tu enfermedad. Quizá dentro de poco se descubra una cura – finaliza la frase con una sonrisa.
̶            Imposible.
̶            La ciencia avanza Cassandra, no debes perder la esperanza.
̶            La ciencia no tendría nada que hacer con mi “enfermedad” ni aunque fuese una enfermedad. Ningún científico puede ayudarme.
̶            Eso no lo sabes – dice Nathan.
Me sobresalto.
̶            Lo he dicho en voz alta, ¿verdad?
̶            Sí – las chispas inundan sus ojos azules, parece que tengan luz propia.
Vuelve a mirar mis manos con renovado interés y suspira algo decepcionado. ¿Qué estará buscando? De donde no hay no se puede sacar.
̶            ¿Qué es eso que siento cuando me tocas? – pregunto, refiriéndome a la electricidad placentera que me recorre cuando me toca.
̶            Es la química.
̶            ¿Y por qué es tan fuerte?
̶            Tú y yo – dice – tenemos bastante. Aunque hoy no lo has demostrado ahí arriba. ¿Qué te preocupa?
̶            No tengo un buen día, eso es todo.
Las dichosas chispitas vuelven a parecer en sus ojos.
̶            Ya, claro – no me cree.
̶            ¡Nate – es Elektra – por fin te encuentro! Llevo un rato esperándote en el aparcamiento, vámonos ya, tengo muchas cosas que hacer. Hola Cassie.
Sonrío.
̶            Vale, Electricwoman, ya voy. Adiós Cassie.
̶            ¡¿Cuántas veces te he dicho que no me llames así?! – dice ella pegándole una colleja a su hermano.
̶            Adiós – les digo.
Salgo por la puerta lateral del teatro y ando a mi casa mientras pienso en lo que acaba de pasar. Sobre todo en las líneas de la vida. Maldito sea Nate por saber interpretarlas. No quiero pensar en cual es la mía y cual la de ella. Duele demasiado. Si la mía es la larga, ¿cuánto más me queda por sufrir hasta que esto se acabe? Y si es la corta… No quiero ni pensarlo. No, no puede ser.
Y luego está la química. La corriente eléctrica que me recorre cada vez que nos tocamos y que me produce cálidos escalofríos. Tenemos bastante química, ha dicho. La verdad es que nunca he oído que personas que tengan química sientan esa electricidad. Pero puede ser. Imagino que una reacción química se produce en nuestra piel causando ese extraño cosquilleo. Sí, puede ser.

domingo, 12 de mayo de 2013

Capítulo 8



Esta es una de las cosas que he echado de menos durante mi viaje. Una tarde tranquila con los amigos, riendo y pasándolo en grande. Cuando llego a casa estoy muy cansada, sólo quiero dormir. Pero mis padres han vuelto de trabajar y no me van a dejar tranquila ni en broma. Seguro que me bombardean a preguntas sobre las clases, los amigos, que dónde he estado, que si me encuentro bien. Mi madre es la primera en asaltarme.
̶            Me he encontrado con la entrenadora Philips – me paro en mitad de la escalera y me giro hacia mi madre – me ha dicho que te has peleado con un chico, un tal… como era… Nelson, no…
̶            Nathan – digo.
̶            Sí, eso. Me ha dicho que es muy guapo.
Quiero mucho a mi madre, pero en estos momentos tengo unas ganas enormes de matarla, a ella y a la entrenadora Philips, claro.
̶            Lo es – digo y mi voz suena tan vacía como pretendía.
Subo a mi habitación y me pongo el pijama. Me quedo un rato tumbada en la cama a esperar que mi madre haga la cena y a prepararme mentalmente para más preguntas.
̶            Cassie – mi padre está en la puerta de la habitación. Entra y se sienta en el borde de la cama – ¿Qué tal el día?
̶            Muy bien.
̶            El chico que dice tu madre, ¿no te habrá hecho daño verdad?
̶            No papá, sólo me lanzó un balón de baloncesto a la cabeza “accidentalmente”. Nada grave. He pasado por cosas peores.
̶            Ya. Oye, ¿algún día nos vas a contar lo que en realidad hiciste en Europa?
Lo miro directamente a los ojos, marrones, como los míos. No me esperaba esa pregunta. Me levanto de la cama y me dirijo hacia la puerta.
̶            Cassandra – me llama mi padre.
̶            No.
̶            ¿No qué? – pregunta mi madre desde el descansillo.
̶            Nada mamá. ¿Qué hay de comer?
̶            ¿No lo hueles?
Olisqueo el aire. Pizza. Mi madre no se complica con la comida, si no tiene ganas de cocinar la pide por teléfono y adiós a los problemas. ¿Qué se le va a hacer? Se pasa todo el día trabajando, no tiene tiempo para hacer una comida en condiciones y mi padre, bueno, mejor que no se acerque a la cocina, puede que todo salga ardiendo.
Después de cenar me lavo los dientes y me acuesto. Enseguida me quedo dormida.

Miércoles a última hora. Daisy reparte los papeles. Becky es Charlotte y Kevin James. Está a punto de repartir los papeles principales y sólo quedamos Nate y yo.
̶            Espero que lo hagáis tan bien como el otro día – nos dice Daisy –. Empezad por la última escena.
Algo se revuelve en mis tripas y busco a Becky con la mirada, pero ella está de espaldas hablando con el engreído de Pierre. Respiro hondo y subo al escenario. Nate ya está esperando en un rincón del escenario para no molestar a los demás, que están ensayando otra escena en la otra parte.
̶            Te lo dije.
̶            ¿Perdona? – digo algo desconcertada, Dios, ¡¿dónde tengo la cabeza?!
̶            Que íbamos a ser los protagonistas.
̶            Ah, sí – murmuro.
̶            Pues empecemos. ¿Te sabes la escena?
̶            ¿Cómo quieres que me la sepa? Acaban de repartir los personajes.
Él se encoje de hombros y me lanza el guion. Lo atrapo al vuelo. Leo la escena y presiento que voy a odiarla con toda mi alma. Memorizo las pocas frases de la obra y le paso el guion a Nate, que le echa un vistazo y lo deja en el suelo. Respiro hondo e intento concentrarme, pero simplemente no puedo. Me limito a soltar las frases sin ninguna emoción, como si fuera un robot. Nate para en mitad de la escena.
̶            Cassie, ¿se puede saber dónde tienes la cabeza? – pregunta.
̶            Lo siento Nate. Yo…
La campana suena y me salva la vida. Salgo corriendo a buscar mis cosas. Las he dejado en la última fila de butacas, pero todo el mundo sale en tropel y no puedo pasar. Espero a que se vayan y entonces alcanzo mis cosas. Al agacharme para recoger las cosas me doy cuenta de que tengo el cordón de mis zapatillas desatado. Me echo la mochila a la espalda y apoyo mi pie en la butaca para atarme los cordones.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Capítulo 7


Me siento rara. Lo que acaba de pasar… Agito la cabeza intentando sacarme de la mente la sonrisa de Nate y la ternura de sus ojos, la forma en que ha dicho mi nombre, todo él, su electricidad, ¡fuera! No los quiero cerca de mí en estos momentos. Es un mal momento. La recuerdo a ella y a su dichoso número: 666. Mi pompa de felicidad momentánea explota. No hay tiempo para tipos como él en mi vida. Odio y mirada helada por la mañana amor y ternura por la tarde. No me gusta la gente bipolar.
̶            Casssssandra – dice Kevin a mi espalda pronunciando la s con un siseo de serpiente.
Me sobresalto. Me doy la vuelta para verlo. Becky está a su lado, una cabeza y media por debajo.  Me sonríe de oreja a oreja y me lanza una mirada sugerente.
̶            ¿Dónde te habías metido? – Pregunta alzando una ceja. – ¿Estabas con Nathan?
̶            Sabes que sí – le contesto.
̶            ¿Y qué te ha dicho?
̶            Cosas – sé cómo le fastidia que no le cuente los cotilleos y más si son míos.
̶            ¡Venga ya, Cassandra! – revienta Becky –. CUÉNTAMELO.
̶            No – le digo.
Becky se pone de rodillas en el suelo poniendo cara de cachorrito y juntando las manos.
̶            Por favor, Cassie.
̶            ¿Por qué no vamos a tomarnos un helado para celebrar lo bien que lo hemos hecho? – Miro a Kevin agradecida por el cambio de tema.
̶            Me apunto.
Nos compramos un helado cada uno en un quiosco y nos sentamos en un banco a tomárnoslo. Un recuerdo me viene a la mente. Yo sentada en una plaza de la ciudad italiana de Padua, la Piazza dei Signori, comiéndome un maravilloso helado italiano para refrescarme del sofocante calor de agosto. Fue uno de los últimos lugares en los que estuve, después volé hasta Madrid y de allí de vuelta a casa. Vuelvo a la realidad al notar que una gota de helado derretido me cae por la mano. Me limpio con la servilleta y me lo como antes de que se derrita del todo. Cuando lo acabo me estiro en el banco junto a Becky. Ella me mira malignamente. ¡No! Pero sí. Empieza a hacerme cosquillas. Su venganza por no contarle lo que hacía con Nate. Me revuelvo intentando liberarme de sus cosquillas, pero no lo consigo. No puedo parar de reír.
̶            Beck, para ya anda – me defiende Kevin.
̶            No, sé lo merece – me caigo al suelo de la risa.
̶            Interesante.
̶            ¡Tom! Sálvame – digo entre carcajadas al escuchar su voz.
Noto como Tom me saca de encima a Becky. Me levanto del suelo y la fulmino con la mirada. Tom la ha puesto sobre sus hombros así que tengo que alzar la mirada para verla.
̶            Esta me la pagas – le digo.
Becky me saca la lengua y Tom la deposita en el suelo.
̶            Eres una plumilla – le dice, Becky se sonroja. Es imposible enfadarse con ella más de cinco segundos.
En fin. Suspiro y vuelvo a sentarme en el banco. Tengo una vista de lo más curiosa. Kevin besando a Paula, que ha llegado con Tom, y Tom chinchando a Becky. Saco el teléfono de mi bolsillo y llamo a Lily para que venga a hacerme compañía. Tortolitos, futuros tortolitos y yo sola en un banco. Deprimente y penoso nivel infinito más uno.
̶            ¿Qué? – dice Lily desde el otro lado del teléfono.
̶            Tom y Becky y Paula y Kevin. Dime que pinto yo con esos – Lily se ríe.
Su risa suena por el teléfono y muy cerca de mí. Me giro y la veo a dos pasos de mí. Cuelgo el teléfono. Lily va fabulosa, como siempre. Mi castaña de ojos celestes y metro cincuenta y cinco lleva un short vaquero azul clarito con unas Vans rosa chillón y una blusa de tirantes del mismo color. Estupendo, un chico hipster y ahora una chica tumblr. Lily me sonríe y se sienta conmigo en el banco.
̶            ¿Desde cuándo Tom y Becky se llevan tan bien?
̶            Desde este verano – Lily me mira divertida – ¿Me has llamado porque te sentías sola y marginada?
̶            Básicamente – la miro y nos reímos.
̶            ¿Qué tal el casting?
̶            Bien y mal – Lily enarca una ceja – Bien porque ha salido perfecto y mal porque tendré que soportar a Nathan todo el año.
̶            Así que vais a ser lo protas, ¿eh?
̶            Seguramente y lo peor es que ¡tenemos que besarnos!
Lily empieza a reírse. Saco mi mirada asesina, pero sigue riéndose.
̶            ¿Por qué es tan gracioso? – pregunto.
Ella para de reírse y me mira enigmática.
̶            Del amor al odio sólo hay un paso. Del odio al amor hay medio.
̶            No – digo.
̶            Sí. Ya lo verás.
̶            Eres mala señorita Wilde. – Ella vuelve a reírse.

domingo, 5 de mayo de 2013

Capítulo 6


Nate y yo bajamos del escenario mientras la siguiente pareja sube. Nos sentamos en la última fila viendo como todo el mundo  sale a actuar. Hay gente realmente buena. Kevin lo hace fenomenal ¡Maldito hipster! Todo se le da bien. Y Becky lo hace genial.
De pronto me encuentro el guion de Nate delante de mi cara.
̶            ¡Puag! Tengo que besarte.
Le quito el guion de la mano y leo. Es el final de la obra y efectivamente acaba con un beso. Algo se revuelve en mi estómago.
̶            No es seguro que nos cojan – digo no muy convencida, porque la verdad es que lo hemos hecho mejor que nadie.
Él suelta una carcajada y me mira.
̶            Sabes tan bien como yo que nos van a coger a nosotros. Kevin quiere ser James y Becky es morena.
̶            ¿Qué pasa si es morena?
̶            Las bellezas del siglo diecinueve eran como tú. Puede que más gorditas.
̶            ¿Me estás llamando belleza y anoréxica al mismo tiempo?
̶            Puede ser – me contesta sonriendo con aire misterioso.
Me río, no puedo evitarlo.
̶            Nathan Johnson está tratando de ser simpático conmigo. Muy bueno, no me lo esperaba.
Busco en sus ojos azules alguna trampa, pero si hay una yo no la veo. Realmente está intentando portarse bien conmigo.
̶            Tengo que empezar a serlo, sino no podré soportarte en teatro todo el año.
̶            Tu hermana dijo que yo te recordaba algo de tu pasado. ¿Puedo hacer algo para remediarlo?
Él me mira serio. La he cagado. Bravo. Ahora volverá a ser un hijo de puta conmigo.
̶            ¿Puedes dejar de existir? – algo parecido a la agonía aparece en sus ojos.
̶            Podría morir si eso te hiciera sentir mejor – digo, añadiéndole una sonrisa cómica a la frase para hacerla algo menos escalofriante.
̶            Eso lo empeoraría todo, créeme.
El sufrimiento crece en sus ojos y se me forma un nudo en la garganta. Él mira la hora en su reloj de pulsera. ¿Es un rolex?
̶            Tengo que irme – dice.
Se levanta de mi lado y se va. Le sigo. No era mi intención hacerlo sentir mal. Sólo quería ayudar.
̶            ¡Nate! – lo llamo.
Pero él sigue andando, ni siquiera se vuelve para mirar. Corro hasta ponerme delante de la puerta exterior del teatro. Le impido el paso.
̶            Perdón – digo.
Él sonríe y pone una mano en mi mejilla. Inmediatamente siento la electricidad que nos recorre. Cierro los ojos durante un instante para disfrutar de la placentera sensación que produce su mano al acariciar mi mejilla. Los abro.
̶            Cassie – murmura.
Lo dice de una forma tan dulce, tan suave que por un momento me hace sentir en las nubes. ¡Oh! ¿Por qué no para de sonreír así? No puedo con su perfecta sonrisa. Sus ojos me miran llenos de algo diferente, ¿ternura? No. No puede ser. Desvía la mirada detrás de mí. Vuelve a mirarme.
̶            Quita de en medio – dice, pero no de una forma fría sino con diversión en sus ojos.
̶            Nos vemos – le digo.
Veo como se aleja y se monta en un coche amarillo. Elektra me saluda desde el asiento del copiloto. Le sonrío.