Páginas

martes, 15 de julio de 2014

Capítulo 23

CAPÍTULO 23
La casa siempre ha estado tan vacía… Debió de sentirse muy sola cuando me fui porque la única habitante habitual era yo, yo y mi demonio —bruja en este caso— personal. Scarlett. No me había dado cuenta hasta ahora, cuando estoy sola sin nada en lo que pensar o hacer, de lo raro que es no tenerla gritando cosas en mi cabeza. Todo es mucho más tranquilo y silencioso.
El salón, con las paredes beige y los muebles de madera oscura, las lámparas de cristalitos imitando a las arañas de los siglos pasados, el solitario estéreo y la pantalla de plasma. Todo muy bonito y armónico. Pero vacío. Siempre vacío. La cocina vacía. El jardín trasero lleno de yerbajos y el césped seco y amarillento. La única parte de la casa que se salva es mi habitación. El resto está vacío.
Debería pintar un cartelito de esos en los que pone el nombre de la casa: “LA CASA VACÍA” o quizás “LA CASA SOLITARIA”. Si no fuera por la alarma antirrobo estoy segura de que los ladrones se habrían apoderado de todas las cosas de valor hace ya mucho tiempo. A veces me pregunto porque mis padres se molestan en regresar a casa. Podrían comprarse un apartamento en Nueva York donde está la oficina principal de su compañía. Creo que más de una vez han pensado en hacerlo. Supongo que siguen aquí por mí. En fin, cuando vaya a la universidad se libraran de mí y…
Ahí está mi misterioso vigilante. Siempre hay una especie de vibración en el aire cuando aparece.
—Hola. ¿Qué tal estás amigo mío? —pregunto mirando al techo, lo único que veo aquí tumbada en el sofá— Yo estoy bien, solo por si quieres saberlo. Creo que te interesa mi estado de salud y esas cosas. No voy a poder hablar mucho contigo porque mis amigas están a punto de llegar pero bueno, algo es algo. Esto no es propio de mí, es decir, hablar “sola”, —hago las comillas con los dedos― pero me aburro. O quizás esté realmente loca. ¿Quién sabe? —Me quedo unos momentos en silencio, por si obtengo una respuesta—. Lo que quería saber es si cuando llegue el momento yo… yo estaré como ella; atrapada en este cuerpo sin poder tomar el control. Simplemente observando y dándole la brasa— vuelvo a esperar. Pero se ve que no va a contestar—. Por favor. Golpea en la mesa una vez si es un ‘Sí’, dos veces si es un ‘No’ —dejo que una sonrisilla se abra paso en mis labios. Cualquiera que me viera pensaría que he visto demasiadas pelis malas.
Estoy a punto de abandonar la espera cuando suena un golpe en la mesa. Solo uno. Al menos sé que no estoy hablando sola.
—¿Qué pasará después? Si el plan de George sale bien, ¿moriré yo con ella?
Y suenan tres golpes. En la puerta; lo que significa que mis invitadas están aquí.
Salto del sofá y me apresuro a abrirles la puerta con una gran sonrisa en la cara.
—¡Hola chicas!
Lily se vuelve horrorizada hacia Becky.
—¿Qué le han hecho a nuestra amiga? —le pregunta tratando de disimular una sonrisa. Becky me mira de arriba abajo frunciendo el ceño con aire pensativo. Es bastante gracioso.
—Creo que la han abducido. ¿Tú qué opinas, Paula?
—Puede ser. Pero no estoy muy segura —se encoge de hombros—. Quizás solo se haya vuelto loca.
Intento contener la risa pero se me termina escapando. Si hubieran llegado unos minutos antes y me hubieran visto hablando pensarían con toda certeza que estoy loca.
Anna se abre paso entre las demás y se me lanza encima. La abrazo todavía riendo.
—Mi querida prima cuanto te he echado de menos —dice.
—Yo también a ti.
Nos miramos mutuamente para ver si algún cambio notable; pero Anna sigue teniendo la misma melena rubia lisa —puede que un poco más larga—, los mismos enormes ojos marrón verdoso y el mismo estilo para vestir que hace un año. Nuestras miradas se cruzan y volvemos a abrazarnos.
—A nosotros no nos dio una bienvenida tan calurosa —comenta Lily mientras entramos en la casa.
La fulmino con la mirada. Ella me saca la lengua y me guiña uno de sus ojos celestes con diversión. Se ha puesto unos vaqueros largos muy pegados y una camiseta ancha azul marino que deja ver su perfecto vientre plano y hace que sus ojos parezcan más claros. La chica Tumblr ataca de nuevo.
Becky se sienta en el sofá. Su chaqueta roja contrasta bastante con el color del sofá —de cuero color café—, al igual que su vestido beige estampado de pequeñas florecitas rojas. Paula se sienta a su lado dejándose caer pesadamente. A ella nunca le ha importado demasiado qué ropa es para cada ocasión. Se pone lo que más le gusta sin importar que sea para una boda o para salir a correr. Y hoy ha elegido un look rockero; con una chaqueta de cuero negra llena de tachuelas, una camiseta con la lengua de los Rolling Stones y unos pitillos negros combinados con unas Converse del mismo color.
Lily se apropia de uno de los sillones y Anna del puf. Muevo el otro sillón para que quedemos más o menos en un semicírculo y podamos vernos las caras. Las cuatro me miran expectantes, preguntándose porque las habré convocado; y es que una no organiza una Reunión Súper Urgente Solo Apta Para Chicas por cualquier tontería, y más si se tiene en cuenta que es la segunda que organizo una y la primera fue para comunicar que iba a tomarme un año “sabático”. Pensándolo bien deben de estar bastante aterradas.
—Estás embarazada —Becky es la primera en hablar. Abro la boca perpleja—. Sabía que algo había pasado entre tú y Nate pero jamás pensé… Es decir, vale, es Nate, pero tú eres Cassie y todos sabemos lo dura que eres con los chicos, exceptuando a Will Meyer, claro.
—¿Quién es Will Meyer? —pregunta Anna frunciendo el ceño.
—Mi amor platónico cuando entré en secundaria.
—Era mucho más que eso —interviene Becky—. El amor platónico de todas las chicas del instituto. Era simplemente perfecto: capitán del equipo de fútbol, alto, musculoso, simpático, amable, guapísimo, modelo de Hollister, destructor de prejuicios y de la jerarquía estudiantil, presi…
—Tiene más títulos que la Reina de Inglaterra —la corta Paula—. Era todo eso, sí. Pero el caso es que cada vez que Cassie lo veía no podía ni hablar. Era muy divertido. Intentó hablar con él un millón de veces y siempre se quedaba en el “Ho-hola, soy… soy Ca-cass…”
Me llevo las manos a la cara, avergonzada al recordarlo, mientras las de más se ríen a carcajadas.
—Ya me acuerdo —dice Anna—. Fue con el que te diste tu primer beso, ¿verdad? Recuerdo cuando me lo contaste. No parabas de pegar saltitos de alegría.
—Sí.
En su último día de instituto, Will, vino a mí eufórico. Le habían dado la beca para la universidad que quería, había ganado la temporada de fútbol y se iba a ir de vacaciones a Barbados en dos días. Se me acerco, me dijo que le había traído suerte, que era una niñita muy mona y que cuando fuera mayor tendría a todos los chicos que quisiera; y me besó. No fue un beso casto precisamente, fue muy ardiente y apasionado y me dejó borracha de felicidad más de la mitad del verano.
—¿Estás embarazada o no? —Lily suena bastante impaciente.
—¡No! —un suspiro colectivo sale de las bocas de mis amigas— Lo que quiero contaros… He roto con Nate —mi prima me mira con el ceño fruncido—. Un chico de mi curso. Llegó nuevo el año pasado, cuando me fui, y desde el primer día de clase hemos tenido una relación amor-odio bastante confusa. Un día me besaba y al otro le faltaba clavarme un puñal en el corazón. Ayer salimos por la noche y me lo encontré liándose con otra delante de mis narices. Después de que os fuerais —las miro, deteniéndome especialmente en Lily— nos peleamos. Yo estaba hablando con un chico, Rory, que luego resultó ser amigo de Nathan, el caso es que él llegó y me arrancó de allí a la fuerza argumentando que estaba borracha y que debía volver a casa. Ahí empezó la discusión. Le dije que no aguantaba más y me largué corriendo a casa. Fue horrible. Y esta mañana se ha presentado aquí esperando que le pida perdón.
—Es un capullo, Cassie. Siempre he pensado que era un buen tipo, pero desde que lo vi tratarte así cambié de opinión. Tú dices que él tiene sus motivos, pero lo que te está haciendo no es nada justo —Lily está realmente cabreada, y con lo obstinada que es no creo que olvide esto fácilmente. Si yo fuera Nathan no se me ocurriría volver a mirarla. Por su propio bien—. Cuando lo vea voy a tener unas cuantas palabras con él. Se va a enterar de lo que es bueno —la mirada asesina que tiene en estos momentos no puede ser nada normal.
—Wilde —digo—. ¿Sabes que das mucho miedo cuando te enfadas?
—Lo sé, Griffin, lo sé.
Y de esa manera transcurre la tarde. De cotilleo en cotilleo y tiro porque me toca. Cuando todas terminan de comentar lo que capullo que se ha vuelto Nate pasamos a otro tema de interés como por ejemplo: qué tal le va a Paula con Kevin o qué está pasando entre Tom y Becky. Esta última no para de sonrojarse cada vez alguien menciona al mellizo de Paula. Anna nos cuenta cómo le va con el piano y alguna que otra cosa más —al parecer mi prima le ha echado el ojo a uno de sus compañeros pianistas—. Lily es la más callada. Se queda todo el rato en su mundo, solo riendo de vez en cuando y contestando si le hacemos alguna pregunta.
Y precisamente es Lily la última en marcharse. La intercepto antes de que salga por la puerta.
—¿Qué te pasa, Wilde? Estás en las nubes.
—Antes mencionaste un chico. Rory —asiento.
—¿Qué pasa con él? —las comisuras de los labios de Lily se alzan en una misteriosa sonrisa.
—Anoche no fuiste la única a la que invitaron a copas —mi amiga se aparta un mechón de pelo de la cara distraídamente— ¿Es muy amigo de Nathan?
—Se conocen desde pequeños. Estaban juntos en el mismo Aqu… —disimulo con una tos mi metedura de pata. ¿Cómo he podido ser tan descuidada?
—¿En el mismo qué? ­—Lily parece impaciente por saber más sobre el chico de ojos esmeralda y sonrisa gatuna.
—En el mismo colegio. ¿Por qué tantas preguntas? —creo que sé por donde van los tiros pero prefiero oírlo de su boca.
—Me preocupa que sea como Nate —y ahí está, mis sospechas confirmadas por la señorita Lily Wilde. No le gusta dejar ningún cabo suelto y más cuando se trata de un chico. Antes de empezar a dar un paso más grande y pasar a mayores le gusta asegurarse de que el chico es tal y como piensa que es. No es muy aficionada a perder la cabeza por un tío que no le merece la pena, pero en este caso hay algo que se le escapa, algo que puede ser un gran obstáculo si realmente le interesa Rory. Es un brujo. ¿Quién sabe? Quizás tenga un alma gemela por ahí perdida; y en ese caso le rompería el corazón a mi amiga. Debo estar pendiente de ellos.
—Creo que tienen personalidades bastante diferentes. Rory es mucho más amable y divertido, en cambio Nathan es más serio y amargado. No sé, tampoco es que lo conozca mucho —admito—. Tú ve con cuidado y no habrá problema.
Lily suspira y se vuelve para abrir la puerta. Sus ojos celestes tienen un brillo que no había visto hasta ahora. Me sonríe.
—Nos vemos el lunes —veo como se aleja caminando. Las luces de las farolas le dan un aspecto fantasmal dibujando extrañas sombras sobre su pequeña figura.
Me sorprende lo bueno que puede llegar a ser hacer algo normal. Algo que cualquier adolescente normal haría. Y me sorprende también lo agradable que es estar en compañía de gente que me quiere. Creo que he pasado demasiado tiempo sola, valiéndome por mi misma y no me había dado cuenta de lo bueno que es tener a gente que te ayude a tu lado.
Una ráfaga de viento agita las hojas de los árboles, doradas y marrones ya, haciendo que suene una triste melodía. Me recorre un escalofrío. El verano ha dejado paso al otoño en apenas unos días.
Cierro la puerta y me cobijo en el ambiente caldeado de la casa frotándome los brazos para entrar en calor. Ver la casa de nuevo vacía no ayuda mucho.
Subo a mi habitación y me pongo el pijama. Mañana me espera el primer domingo de estudio intensivo del curso. También se me había olvidado lo que significa ir al instituto.
***
Los pasillos están llenos de gente comentado lo que han hecho el fin de semana; algunos muy animados, otros con unas ojeras que les llegan hasta el suelo. Camino tranquilamente hacia mi taquilla —todavía quedan diez minutos para que empiecen la clases.
—Cassandra, mon amie. Comment ça va? —amiga mía. ¿Cómo estás?; Pierre me pasa un brazo por los hombros. Me mira con unos brillantes y expectantes ojos verdes ávidos de cotilleo— Se rumorea por ahí que tú y Nathan habéis roto.
Suelto una carcajada. Con que se rumorea por ahí. Creo que la responsable del cotilleo es una pequeña chica morena, inocente, dulce e incapaz de callarse nada.
—Así que Becky se ha encargado de difundir la noticia —Pierre sonríe confirmándolo—. Pues bien te diré una cosa. Nathan y yo nunca hemos estado juntos “oficialmente” pero ten por seguro que ahora nunca lo vamos a estar. Y ahora ve y difunde la noticia. Que le quede claro a Nathan Johnson que quien juega con fuego acaba quemándose. Je suis très bien sans lui —estoy muy bien sin él.
Oh, Cassandra tu es une femme fatale —eres una mujer fatal. Puede que lo sea en apariencia, pero por dentro no me siento así en absoluto. Todo sea por alejar a Nate de mí. Está vez seré yo la que lo haga odiarme.
Pierre se reúne con sus amigos del equipo de fútbol con esa alegría que le caracteriza. Parece que el francés nunca tiene problemas. Con un suspiro abro mi taquilla. 0666. Y ya solamente quedan 47. La culpa de que queden tan pocos fue de una boda de brujos a la que asistí hace un par de años. No tenía ni idea de donde me estaba metiendo hasta que esa noche fui testigo de una gran caza de brujas en mis “dulces” sueños. Scarlett no avisó de que había brujos en la boda para que no huyera de allí sin antes haberlos visto a todos. La muy zorra jugó sucio aquel día. Ya tenía suficiente con encontrarme a profesores y alumnos en el instituto con sus brillantes y luminosas palmas de la mano; incluso por las calles. ¿Por qué tengo que vivir en una ciudad con un Aquelarre tan grande?
—Cassie, ¿tienes un momento?
—Sabes de sobra que para ti, Lily, siempre tengo uno. ¿Qué pasa?
Saco los libros que necesito de la taquilla y los guardo en la mochila. Me giro hacia la chica Tumblr y espero que empiece a hablar.
—Es sobre Nathan —frunzo el ceño. ¿No lo hablamos todo sobre él el sábado?—. No quiero que te acerques a él nunca más. Es malo para ti, ¿entiendes?
—Eso es un poco difícil teniendo en cuenta que vamos juntos a muchas clases y prácticamente somos vecinos; pero si lo que te preocupa es que vuelva con él, puedes estar tranquila, no pienso hacerlo.
Lily me agarra del brazo muy fuerte y se acerca más a mí, lanzándome una mirada de desesperación.
—Cassandra esto es serio, te lo digo como amiga, no te acerques a él. Es malo para ti —vuelve a repetir. Alzo una ceja—. Es muy malo para ti y además no te conviene.
—¿Por qué? ¿Quién me conviene entonces?—pregunto irritada. Nunca había visto así a Lily.
—Yo —dice. Abro los ojos con asombro. Ella. Agito la cabeza de un lado a otro horrorizada.
—Dime que estás de broma, Wilde —mi voz suena desesperada. Desesperada porque esto sea una broma.
—Te quiero, Cassie. Siempre te he querido, desde que éramos niñas y…
—No —digo agitando la cabeza negativamente de nuevo. Miro alrededor para ver si alguien lo ha escuchado—. Esto no puede estar pasando. No es verdad.
La cojo por los hombros y la zarandeo con fuerza. Veo en su cara, con el ceño fruncido, como si no entendiera lo que está pasando realmente.
—¿Por qué no puedo estar con Nate? —pregunto. Una chispa se enciende en  sus ojos e instantes después pierden todo el brillo.
—Es malo para ti. No te conviene —y el brillo vuelve tras decir esas palabras.
Suelto a Lily y busco entre la gente a Nathan. Lo localizó rápidamente. Está apoyado en su taquilla con las manos en los bolsillos mirándome intensamente con esos malditos ojos azules. La sangre empieza a correr más rápido por mis venas, hirviendo. No puedo creer que haya hecho esto. No puedo creerlo. Camino hasta él rápidamente dejando a Lily aún más confusa. Lo cojo por la camiseta y lo estampo contra la taquilla con toda la fuerza que tengo.
—Cassie —murmura. Tiene muy mal aspecto. Su piel está más pálida de lo normal, el pelo lo tiene revuelto y unas sombras oscuras se extienden bajos sus ojos azules, que están bastante enrojecidos. Eso me mata, pero no hace que mi enfado se vaya.
—¡¿Cómo has podido?! ¿Crees que así vas a recuperarme? Porque estás muy equivocado —voy bajando el tono de voz poco a poco cuando noto que el número de miradas sobre nosotros incrementa notablemente.
—¿De qué hablas? —Nate frunce el ceño.
—¡De Lily! —él me mira sin comprender y luego mira a mi amiga por encima de mis hombros.
—¿Qué le pasa? —mis mejillas arden de rabia. ¿Cómo que qué le pasa?
—La has hechizado —susurro. Él abre mucho los ojos haciendo que sus largas pestañas choquen con sus cejas.
—No, Cassie. Yo no la he hechizado —parece muy convencido pero no ha podido ser otra persona. ¿O sí? La duda se abre paso a través de mí sin mucha dificultad. Aflojo el agarre en su camiseta.
—Pero ella dice que me quiere —murmuro más para mí que para él. Nate pone los ojos en blanco.
—Es tu mejor amiga. Claro que te quiere
—No. No de esa manera —sus ojos azules se vuelven más comprensivos, incluso parecen divertidos. Él coge mis manos entre las suyas y las apriete con cariño.
—Entonces eres homofóbica —abro los ojos con horror.
—¡Nathan! Por favor no seas ridículo —le espeto—. He visto como sus ojos chispeaban cada vez que le preguntaba por qué no podía estar contigo; siempre respondía: es malo para ti, no te conviene.
—No he sido yo, Cassie —él mira pensativo en dirección a Lily. Me suelta las manos y me aparata suavemente antes de caminar hacia ella. Lo sigo.
—No ha podido ser tu hermana y George… No, no creo que haya sido él
Nate murmura unas palabras y la palma de su mano resplandece en azul hielo. La pasa por delante de Lily. Miro a nuestro alrededor nerviosa pero nadie parece darse cuenta de lo que Nate está haciendo. Nadie excepto los alumnos que son brujos, claro, ellos miran con curiosidad.
—¿Te refieres al Adalid? ¿De qué lo conoces?
Una luz verde esmeralda resplandece en los ojos de Lily justo cuando suena el timbre. Nate y yo nos miramos y decimos al mismo tiempo:
—Rory.
***
Lily no para de lanzarme miradas furtivas mientras Kevin saca el pastel que ha hecho. Lleva todo el día igual, esperando una respuesta por mi parte; una respuesta que no pienso darle puesto que todo es producto de un hechizo.
—Bizcocho de chocolate con emanems (M&M’S) —dice Kevin.
Todos miramos el bizcocho con ojos como platos; tiene una pinta buenísima. Tom es el primero en lanzarse sobre él. Coge el cuchillo y se corta, por lo menos, un cuarto de bizcocho para él solo. Kevin carraspea y con una mirada de disculpa Tom vuelve a cortar su trozo por la mitad.
—Lo siento —dice este—. Solamente quería comprobar si estaba envenenado.
Vamos cogiendo un trozo cada uno. La verdad es que está de muerte —si adoras el chocolate—. Se hace un silencio mientras comemos.
—La semana que viene te toca a ti —le digo a Tom. Él traga saliva—. Estoy deseando ver lo que traes.
—Dios mío —Becky mira a Tom con ojos horrorizados—. Va a ser un completo desastre.
Paula suelta una carcajada y mira a su hermano divertida.
—Y que lo digas. Tom no sabe ni freír un huevo. Mi madre siempre dice que acabará muriendo de hambre cuando se vaya a la universidad.
Tomás, tienes que aprender a cocinar —Tom me fulmina con la mirada.
—¿Os acordáis… —empieza a decir Kevin. No llega a terminar. Todos seguimos su mirada. Nathan.
Parece un poco incómodo acercándose a nosotros, pero ¿quién no lo estaría después de escuchar todos los rumores que corren por ahí sobre nosotros?
—Cassie. —Nate se acerca a mi oreja y susurra— Rory está en el aparcamiento.
Me levanto de golpe de la mesa arrastrando el banco conmigo. Miro un momento a Lily antes de salir corriendo al aparcamiento.
Los pasillos están vacíos por suerte para mí. Así nadie pensará que estoy loca por correr tan deprisa. Llego al aparcamiento con el corazón acelerado, en parte por la carrera, en parte por la emoción. Porque cuando pille a Rory le voy a cantar las cuarentas. ¿Cómo se atreve a hacer algo así?
Lo veo apoyado sobre el coche de Nathan, silbando una melodía un tanto desafinada. Lleva una sudadera roja y unos vaqueros negros, aunque no tan negros como su pelo. Me acerco a él de inmediato, haciendo resonar mis pasos en el pavimento. Él alza la cabeza y me mira sorprendido; seguramente esperaba a Nate. Una brisa fresca le remueve el cabello dejando al descubierto la marca de un golpe en la frente. Frunzo el ceño. ¿Qué le habrá pasado?
—Supongo que ya te habrás imaginado por qué estoy aquí —digo, cruzándome de brazos ante él. Rory me lanza una encantadora sonrisa.
—La verdad es que no tengo ni idea —dice con sarcasmo. Se sube las mangas de la sudadera hasta los codos—. Si eres tan amable de iluminarme, bella Cassandra.
—Por supuesto. Se trata de una amiga mía, Lily, que ha sido hechiza. Me gustaría mucho que deshicieras el encantamiento. Si no es mucha molestia —añado. 
—No —dice—. Ese encantamiento está muy bien donde está.
Entonces pierdo la paciencia. Me acerco a él y lo agarro fuerte por el brazo. ¿A qué demonios está jugando? Esto es algo bastante serio. Lily es una persona con voluntad propia, no un objeto con el que se pueda jugar.
—Te he dicho que lo deshagas —mi voz está llena de rabia contenida.
—No voy a hacerte caso. Eres todo un peligro por ahí suelta y quiero que te alejes de mi mejor amigo. Si pudiera decirle lo que eres, quien eres, seguro que te despreciaría tanto como yo. Esa química que dices que tenéis se iría a la mierda en cuestión de segundos y él te odiaría.
Aprieto más fuerte su brazo, llena de rabia y con las lágrimas a punto de salir de mis ojos. Las pupilas de Rory se dilatan y ser vuelven tan grandes que apenas dejan un anillos esmeralda a su alrededor. Tiene miedo. Mucho miedo.
—¡Tú no sabes nada! —le grito—. ¿Crees que me gusta ser así? ¿Crees que es fácil levantarse cada mañana con una voz en tu cabeza diciendo cosas sin sentido? ¿Pensar que estoy loca y que todo el mundo me mire raro? Desde que nací. Los primeros recuerdos que tengo son de ella. Las primeras palabras que dije fueron bruja y hoguera. Y hasta que aprendí a no decir en voz alta todo lo que ella pensaba, a ignorarla, no empecé a tener una vida “normal”. No sabes a la cantidad de psicólogos y psiquiatras a las que he ido. No sabes la cantidad de pastillas que he tenido que tomar porque estaba enferma. Y ahora vienes tú a decirme todas esas cosas, a tirármelas a la cara como si fuese cualquier bestia. ¿Crees que no me doy cuenta de todas esas cosas? ¿Crees que no me duele veros, a los brujos, y pensar que en cualquier momento puedo veros arder, en sueños obviamente, pero que un día eso se va a hacer real? ¿Crees que me gusta pensar que un día ella tendrá el control de mi cuerpo y que yo estaré atrapada dentro? Pues escúchame bien Rory, estás muy equivocado. Y arderéis. Arderéis todos, desapareceréis de la Tierra y todo será mejor sin vosotros, brujos entrometidos.
—Cassandra —la voz de Rory suena ahogada y llena de dolor. Él me mira a los ojos, suplicante—. Por favor, me estás… haciendo daño.
Sigo su mirada hasta su brazo, justo donde lo tengo agarrado. Abro los ojos con espanto al comprobar que sale humo de debajo. Huele a quemado. Con cuidado retiro mi mano, aún resplandeciente en un naranja intenso.
Dios mío. Me agarro a Rory antes de caer al suelo de la conmoción; él me sujeta por la cintura. Ambos miramos su brazo. El número 620 está grabado en su piel como si hubiera sido marcado con un hierro candente.

—Creo que serás el próximo en aparecer en mis sueños —susurro antes de que todo se vuelva negro y distante.

Capítulo 22

CAPÍTULO 22
Las calles están atestadas de gente. Lo único que puedo hacer es dejarme arrastrar por la multitud que se dirige a la plaza. Me pongo de puntillas y el corazón se me hace mil pedazos cuando veo a Amy ardiendo en la hoguera. Elektra está justo al lado, en otra pira que aún no ha empezado a arder.
Me abro paso a empujones intentando llegar hasta ella. Pero la gente a penas me deja espacio y cuando alcanzo el centro de la plaza Scarlett ya la ha mojado con el líquido de la copa.
Corro hasta Elektra y la abrazo muy fuerte. Enseguida la multitud empieza a agitarse y murmurar.
̶            Sé valiente – le digo a Elektra. Ella asiente mientras le enjugo las lágrimas.
Rápidamente el fuego nos envuelve. Ella no grita. No se mueve. Se mantiene muy digna con la cabeza firme y una mirada de desafío hasta que el fuego la consume y me encuentro sosteniendo cenizas. Aparto la mirada y veo las de Amy.
Entonces, con una determinación y una fuerza de las que no me creía capaz, le arrebato la copa a Scarlett y la empujo contra el poste de la pira de Elektra. Sus ojos marrones me miran con sorpresa y luego con enfado.
̶            No serás capaz – me dice. Sonrío. Sonrío con la sonrisa más perversa que puedo y le vierto todo el contenido encima. Me mira con horror y sus ojos muestran tanto miedo como los de un cervatillo en las garras de un depredador.
̶            Soy bastante capaz – meto el dedo en la copa y lo mojo con una de las últimas gotas –. Así arderemos las dos. Por si acaso se te ocurre alguna forma de no condenar tu alma.
El número 619 es lo último que veo.
Me despierto gritando y llena de sudor frío. Ella está intentando tomar el control de mi cuerpo. Parece que le ha afectado bastante que ardiéramos juntas en la hoguera. Qué gran ironía.
El dolor en el pecho es más fuerte que nunca pero lucho contra ella y me resisto.
̶            ¿Cómo te atreves? – me dice.
̶            Me he hartado de ti y de tus hogueras, bruja. Estate quieta, todavía te quedan 47 personas a las que matar.
Una ráfaga de viento sacude la habitación y tira todos los papeles de mi escritorio al suelo. Contengo el aliento. Siento una mano en mi pecho y todo se calma en mi interior.
***
Me estiro en la cama y todos y cada uno de mis músculos protestan por ello, parece que me han pegado una paliza. Me levanto y al poner los pies en el suelo piso un papel. Frunzo el ceño. ¿Qué hace un folio tirado en el suelo? La respuesta me llega a la memoria con más rapidez de la que me hubiera gustado. Amy y Elektra ardiendo. Scarlett. Y la mano invisible acompañada del viento que tiró todos mis folios del escritorio.
Una pequeña sonrisa se dibuja en mi rostro al darme cuenta de me preocupa más lo que Amy haya podido decirle a Nathan de mí que  que un extraño o extraña me haga visitas todos los días para vigilarme.  Simplemente sé que esa persona me está ayudando y seguramente sepa quién es pero lo haya olvidado por decisión propia. Sí, yo misma soy la causa de mis lagunas mentales. Yo elegí que borrasen mis recuerdos mientras Scarlett dormía en mi interior, así cuando despertara no podría saber donde estaba la copa que tanto amaba usar. La copa que puede condenar el alma de todos los brujos y brujas.
Dejo que mis pies me lleven hasta el baño y decido olvidar lo sucedido anoche. Es lo mejor que puedo hacer.
***

El timbre suena. Una vez. Dos. Hago un esfuerzo sobrehumano para levantarme de sofá e ir a abrir la puerta. Miro por la mirilla para no llevarme sorpresas. No quiero visitas indeseadas.
Un hombre de mediana edad, pelo castaño rojizo,  ojos verde oliva y un elegante traje de chaqueta espera fuera, paciente, a que yo abra la puerta. Mierda. Mierda. Abro la puerta rápidamente.
̶            Mierda. Lo olvidé. Lo olvidé completamente. Lo siento. George…
̶            Lo he captado – dice él con una sonrisa. Este hombre tiene la capacidad de hacerte sentir tranquilo y seguro o de querer desaparecer de la faz de la tierra en menos de un microsegundo. Por suerte para mí, su sonrisa es tranquilizadora –. Supongo, entonces, que ya sabes a lo que he venido.
̶            Eh… Sí – esbozo una avergonzada sonrisa. ¿Cómo he podido olvidarme?
̶            ¿Y vas a dejarme entrar o prefieres que hablemos aquí?
̶            Adelante, como si estuvieras en tu casa – me aparto para dejarle paso y cierro la puerta tras él –. Pasa al salón. ¿Quieres algo de beber? ¿Comida?
̶            No, gracias.
Acompaño a George al salón. Él se sienta en uno de los sillones que hay alrededor de una mesa baja y rectangular. Yo decido sentarme en el sofá, justo donde estaba antes de levantarme a abrir la puerta.
̶            He tenido que enterarme por una de las brujas del Aquelarre que has vuelto. Quizás la conozcas. Llegó aquí el año pasado, después de que te fueras. Tiene un hijo de tu edad y una niña un poco más pequeña – George, el líder del Aquelarre de la ciudad, sabe perfectamente que conozco a la persona de la que habla pero le gustaría que la dijese en voz alta y eso hago.
̶            Amy – digo, apartando la mirada de sus ojos inquisitivos.
̶            Así es. Me ha contado una teoría que tiene sobre ti y no está muy lejos de la verdad. Deberías tener más cuidado Cassandra. Si quieres mantener el secreto, claro – sus ojos verdes parecen atravesarme –. Y ahora cuéntame que has descubierto en tu viaje.
Suspiro. Antes de irme de viaje tuve una conversación bastante profunda con George. Estaba tan desesperada que me lancé a la calle en busca de algo o alguien que me ayudase, lo que fuera, y en cuanto vi a George me lancé sobre él. Scarlett me gritaba que él era un brujo, que si le decía algo me mataría, nos mataría a las dos. Pero a mí eso ni siquiera me importaba. Si tenía que morir que así fuera, además ya había hablado con otras brujas y brujos antes de él y lo había visto con mis padres varias veces. Me lancé en sus brazos suplicando ayuda sin dudar un segundo.
̶            ¿Conoce a una bruja pelirroja llamada Scarlett? – pregunté – Vivió hace siglos, creo, y os odia a todos. A todos los brujos y brujas. Quiere mataros. Dice que vais a arder en el Fuego Sagrado.
̶            Voy a llevarte a casa, Cassandra. Llamaré a tus padres – me dijo.
̶            ¡No! Por favor. No le diga nada a mis padres, ellos creen que estoy bien. Sé que usted es un brujo. Ella me lo ha dicho y veo su marca – cogí su mano y la puse bocarriba enseñando la estrella con el ojo, de color rojo oscuro como el vino tinto –. No estoy loca. Sé que no estoy loca. Por favor ayúdeme señor Harrington. Se lo suplico.
Él me cogió de la muñeca y me arrastro hasta su Audi. Luego condujo durante al menos media hora, hasta llegar a su casa y entonces hablamos. Hablamos largo y tendido sobre quien era Scarlett para ellos mientras ella no dejaba de gritar cosas en mi cabeza y retazos de sus propios recuerdos llegaban a mí. George me ayudó a decidir que hacer y me dio las primeras pistas sobre lo que podía pasarme. Por no decir que lo del viaje fue idea suya, así que tiene todo el derecho del mundo a preguntar. Abro la boca para hablar pero el teléfono empieza a sonar. Miro a George alzando una ceja.
̶            Cógelo – me dice.
Alargo el brazo hasta la mesa para cogerlo.
̶            ¿Diga?
̶            Cassie, cariño, se me olvidó decirte que este fin de semana también estaríamos fuera. Lo siento.
̶            No te preocupes mamá. Ya me lo había imaginado.
̶            Por cierto, tú y yo tenemos una conversación pendiente sobre la hora en la que llegaste anoche – me tenso al oír sus palabras. ¿Me oiría llorar?
̶            Cuando me fui aún no habíais llegado así que pensé que podría volver a la hora que quisiera.
̶            Podrías haber avisado…
̶            ¡Sabías que iba a salir! Además nunca estáis en casa – replico –, no tienes derecho a regañarme por llegar tarde un viernes si salgo de fiesta con mis amigos.
̶            Hablaremos cuando vuelva a casa – dice, tras un silencio que se me hace eterno.

Cuelgo el teléfono enfadada. La risa de George me hace volver a la realidad.
̶            Eres tan testaruda como tu madre en los negocios – dice Jorge. Él también es empresario de ahí que conozca a mis padres.
̶            Bueno, algo normal tengo que tener – dejo que una pequeña sonrisa aparezca en mi rosto, respiro hondo y empiezo a contarle lo que recuerdo de mi travesía por el Viejo Continente.
***
Después de que George Harrington se marche me preparo unos macarrones con queso tranquilamente. Contarle el viaje no ha sido nada fácil, principalmente porque tengo demasiadas lagunas mentales. Eso me lleva a pensar que encontré rápidamente a alguien que solucionase mi problema con Scarlett, alguien que hizo un hechizo para confinarla en mi interior y me dejase en paz. Sospecho que ese alguien es la persona que me vigila y que por eso no se muestra ante mí. Aunque evidentemente no puedo estar al cien por cien segura de eso. Como sea, me quedo mucho más tranquila después de contarle a alguien lo que he hecho, y sobre todo si ese alguien es  un brujo importante como George que seguro me tiene vigilada. Si fuera él, es lo que haría yo sabiendo el peligro que represento para su raza.
Mientras me deleito saboreando el fruto de mis artes culinarias mi móvil suena un par de veces. Después el teléfono de la casa. Después el móvil otra vez. Con un suspiro dejo el tenedor en el plato y subo a mi habitación a por el móvil. Los ojos se me abren como platos al ver la cantidad de mensajes en Facebook, Twitter, Whatsapp e incluso mensajes convencionales que tengo; sin contar las llamadas perdidas. Todos son de mis amigos, la mayoría de Becky y Lily, le sigue Tom de cerca, Paula y Kevin van igualados; pero lo que más me sorprende es el solitario mensaje de Nate.
Cassie, de verdad espero que puedas perdonarme por lo de anoche. Te prometo que no volverá a pasar, que no volveré a ser así contigo. Estoy muy preocupado por ti y como no me contestes con un simple OK en menos de tres horas te juro que me planto en tu casa. Perdóname.”
Miro el reloj de la cocina. Hace justo tres horas que Nathan envió el mensaje. Pulso el botón de responder justo en el momento en el que suena el timbre. No puedo abrirle. No puedo verle. No puedo hablarle. ¿Es que Amy no le ha dicho nada de lo que pasó anoche? ¿Acaso no ha descubierto quién soy? ¿No me odia por ello?
Bajo las escaleras a toda prisa haciendo el menos ruido posible y tratando de que mi corazón se quede en su sitio y no salga de mi pecho. Me acerco a la puerta y coloco el ojo en la mirilla. Argh. Ahí está él con esos odiosos ojos azules que ya casi ni se ven a través de su pelo chocolate. ¿Por qué es tan guapo? Vuelve a tocar el timbre.
̶            ¡Cassie! Sé que estás ahí. Ábreme por favor.
Lo sabe, claro que lo sabe. Es imposible no escuchar mis latidos por mucha puerta blindada que haya por medio, estoy segura de que el gato de la vecina también los oye.
̶            Creí que habíamos solucionado esto anoche, ya sabes, cuando salimos de la discoteca. Entendería que no quisieras hablarme jamás en tu vida, pero no lo creeré hasta que me lo digas tú misma. Cara a cara. Quiero oírlo de tus labios, quiero verlo en tus ojos. Por favor, di algo.
¿Qué puedo responder a eso? Lo de la discoteca no tiene nada que ver, pero él no parece entenderlo. Quizás si salgo y le digo… Pero no, no puedo, Nate vería la verdad en mis ojos.
Mi móvil vibra ante la llegada de otro mensaje. Miro la pantalla, todavía mostrando el mensaje de Nate. Escribo:
“OK.”
Pulso la tecla enviar. Él lee el mensaje.
̶            Cassie – murmura –. Cassie. Ábreme por favor. Por favor.
̶            Nathan. ¡Joder! ¿Es que no lo captas? – grito, a punto de decir unas palabras de las que sé que voy a arrepentirme más tarde – ¡Vete de aquí y déjame en paz! No quiero volver a verte en mi vida. No quiero volver a oír tu voz ni tu nombre. No quiero saber nada de ti. Lárgate.
̶            Sal. Sal aquí fuera y dímelo a la cara. Entonces te creeré – hay mucha furia en su voz, mucha desesperación, mucho dolor. Sé que no quiere creerme.
Vuelvo a asomarme por la mirilla y lo que veo me rompe el corazón en mil pedacitos. Dios mío. ¿Cómo puedo estar diciendo estas cosas? ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Haciéndonos esto? Nate está de rodillas en la entrada cubriéndose la cara con las manos, destrozado. Culpándose de lo que está pasando cuando en realidad la culpa es mía.
̶            Nathan Johnson, levántate. Tengo un encargo para ti – George. ¿De dónde demonios ha salido?
̶            Adalid Harrington – Nate se levanta del suelo y hace una breve inclinación de cabeza hacia George.
̶            Necesito que le entregues esto a tu amigo Rory Turner. Ya sabes, por si tiene decidido quedarse aquí por un tiempo que sepa que es bienvenido en nuestro Aquelarre – le tiende una carta a Nate –. Simple cortesía – añade.
̶            ¿Tiene que ser ahora, Adalid?
̶            Sí, justamente ahora – George esboza una sonrisa, de las que te hacen querer desaparecer de la faz de la Tierra.
Nate se marcha, no sin antes echarle un último vistazo a la puerta. El señor Harrington se gira y me guiña un ojo – como si supiera que estoy observándolos – antes de desaparecer.
Me apoyo en la puerta durante un rato. Tengo ganas de llorar pero creo que he hecho lo correcto. Debo alejarme de él, no importa que seamos almas gemelas, no importa que nos queramos. Solo importa que esté bien lejos de mí para que cuando llegue el momento Scarlett no pueda hacerle daño.
¡¿Cómo puede importarme tanto alguien que conocí no hace ni dos semanas?! Esto es de lo más frustrante. Tengo que despejarme.
Subo a mi habitación y me cambio de ropa para salir a correr. Quizás eso pueda ayudarme. No ayuda en absoluto. Cuando voy por el parque recuerdo a Nathan hablando allí con su padre, recuerdo el día que evitó que me atropellaran, recuerdo el día que me salvó del violador. Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que…
̶            Cassandra Griffin, ¿cómo osas no contestar al teléfono después de lo que pasó la semana pasada? – paro en seco al escuchar la voz de Tom a mi espalda.
Mierda. Olvidé contestar los mensajes.
̶            ¿Tengo el móvil en silencio? – sus ojos oscuros me fulminan. ¿Qué coño digo ahora? – Lo siento. Me he levantado tarde, después ha venido un colega de mis padres que quería hablar con ellos pero como no estaban se ha quedado un rato charlando conmigo y luego me he preparado el almuerzo y cuando habéis llamado pues no lo he cogido porque estaba comiendo y entonces me he hartado de vuestras llamadas y he subido a por el móvil y he visto todos vuestros mensajes y había uno de Nate y justo él ha venido a mi casa y nos hemos peleado y he salido a correr para despejarme y se me ha olvidado contestar.
A veces es suficiente con contar la verdad. Muy mal contada eso sí y también un poco inventada. ¿Cuántas veces he dicho ‘y’ en la misma frase? Más de cinco seguro.
Tom me mira en silencio durante unos segundos. Me es imposible adivinar lo que piensa. Finalmente suspira y mueve la cabeza con desaprobación.
̶            No entiendo a Nate – dice – Después de lo que te hizo ayer el muy cabrón va y se planta en tu casa. Seguro que iba a pedirte perdón, ¿me equivoco? – niego con la cabeza – Espero que le hayas dicho que no porque de lo contrario…
̶            Tranquilo. Ni siquiera le he abierto la puerta.
̶            Bien. Esa es mi Cassie – Tom me abraza fuerte y me da un beso en el pelo – ¿Estás bien? ¿Necesitas que quede contigo? ¿Quieres hablar?
Me separo de él con una sonrisa sincera en la cara aceptando por una vez que esté preocupado por mí – pero solo porque no se trata de mi enfermedad.
̶            Estoy bien, Tommy. Un chico no puede acabar conmigo y tú lo sabes – una amplia sonrisa aparece en su rostro haciéndolo más atractivo.
̶            No me llamas así desde que teníamos 12 años – comenta. Me río.
̶            Odiabas que te llamase así – me lanza una mirada de reproche.
̶            No, odiaba cuando me decíais Tomás, era incluso peor que cuando me llamabais Thomas – me muero de la risa.
Una vez incluso dejó de hablarnos durante una semana como castigo por llamarle Tomás.
̶            Lo de Tomás fue culpa de tu madre – Tom entrecierra los ojos.
̶            Sí. Jamás se lo perdonaré – dice con voz sombría, pero luego se une a mis carcajadas.
Tom se despide de mí argumentando que iba a verme a mi casa y que como ya me ha visto no tiene la necesidad de “desperdiciar mi valioso tiempo con rompecorazones como tú”.
Entro a casa con una sonrisa. A veces se me olvida lo maravillosos que son mis amigos. Y simplemente por esa razón cojo mi móvil e invito a Lily, Becky, Paula y mi prima, Anna, para que vengan esta tarde y pueda contarles la versión “oficial” de mi pelea con Nathan. Va a ser una tarde interesante.