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lunes, 19 de agosto de 2013

Capítulo 17

̶            No cogías el teléfono – dice Kevin.
̶            Ni el fijo ni el móvil – dice Becky.
̶            Pasamos al menos veinte veces por tu casa – dice Tom.
̶            Te buscamos por todas partes – dice Paula.
̶            Cassandra Griffin – dice Lily – ¡¿Se puede saber dónde has estado todo el fin de semana?!
̶            Sólo por curiosidad, ¿esto lo habéis ensayado antes o ha sido algo espontáneo?
Lily me lanza una mirada asesina. Sonrío. No me esperaba esta “calurosa” bienvenida al llegar al instituto. Más bien me esperaba caras de sueño, pero ahí están todos, cruzados de brazos frente a mí aguardando una respuesta, una respuesta que sale tan natural de mi boca que me resulta hasta extraña.
̶            He estado enferma.
̶            Tu prima dice que le enviaste un mensaje diciendo que cancelabas la sesión de cine en casa porque te encontrabas mal y la enfermera dice que cuando se iba a casa el viernes vio como el señor Shepherp y Nathan te llevaban a la enfermería. Todo parece encajar – dice Kevin colocándose bien las gafas.
̶            Me dolía la cabeza y estaba algo mareada. Me he pasado durmiendo todo el fin de semana.
̶             Primero: tú nunca jamás en la vida te has puesto enferma. Ni un resfriado, ni una gripe, ni anginas, ni dolor de garganta, la única enfermedad que te afecta es la tuya y por eso has tenido dolores de cabeza de vez en cuando. Segundo: odias quedarte en la cama sin hacer nada. Siempre te levantas la primera pase lo que pase, aunque te estés muriendo. Así que no me mientas – Lily parece tan calmada que da miedo, síntoma de que está bastante cabreada conmigo.
̶            He estado enferma – vuelvo a decir.
Creo que alguien ha grabado esas palabras en mi cabeza para que se repitan cada vez que me pregunten por el fin de semana. Me pongo a pensar realmente en lo que he hecho, pero lo único que recuerdo es haberme despertado esta mañana con la sensación de que me habían dado una paliza porque me dolían todos los músculos. Lily sigue esperando una respuesta. Nate pasa justo a nuestro lado y me lanza la mirada más fría del universo. Entonces lo recuerdo todo. Nuestra charla en mi casa, el ataque en el callejón, su cuarto desordenado.
̶            Si ha sido por tu enfermedad…
̶            Perdona – la interrumpo.
Me aparto de ellos y sigo a Nathan hasta que lo alcanzo en la mitad del pasillo. Lo agarro por la camiseta y lo obligo a mirarme.
̶            Eres un cabrón – lo digo tan alto que todo el mundo se vuelve para mirarnos.
̶            ¿Qué pasa? – dice él frunciendo el ceño.
A pesar de ser alta me tengo que poner de puntillas para llegar a su oreja.
̶            Me bloqueaste los recuerdos – susurro, y me aparto para ver su expresión. Su rostro ha empalidecido.
̶            No deberías recordarlo.
̶            Tranquilo, no es que tus poderes estén menguando, es que la magia no funciona en mí como en el resto de la gente – él arquea las cejas – ¿Por qué lo has hecho? ¿Te arrepientes de haberme contado todas esas cosas? ¿Te arrepientes de haberme salvado la vida?
̶            Quería protegerte.
̶            ¿De qué? – digo lanzándole una mirada inquisitiva.
̶            Ya lo sabes.
De su padre, quiere protegerme de su padre. Suelto un gruñido exasperado.
̶            Entonces, ¿vas a volver a ser borde conmigo? ¿Vas a tratarme mal para que te odie? Porque te aviso, por muy enfadada que esté no puedo odiarte – él me sonríe.
̶            Tengo que intentarlo – dice.
Me doy la vuelta para ir a mi taquilla. Está a punto de sonar el timbre de la primera clase. Nate me agarra por la muñeca y me gira hacia él. Su cara queda justo frente a la mía. Pone una mano en mi cintura y me pega más contra él. Nuestros labios se encuentran provocando esa electricidad a la que me estoy empezando a acostumbrar. Me dejo llevar y disfruto del beso, y recuerdo que no es el primero que me da. Me estremezco. Cuando nos separamos me doy cuenta de que un murmullo se ha extendido por los pasillos. Toca el timbre.
̶            ¿Cuándo vas a aprender a quitarte de en medio? – me dice y, me da un pequeño empujón que me manda de vuelta con mis amigos.
̶            ¿Alguna vez te dije que del odio al amor había medio paso? – dice Lily.
̶            Cállate Wilde – le contesto en tono borde, pero no puedo evitar sonreírle después.
***

Entro en el comedor muerta de hambre y con unas ganas terribles de llevarme algo al estómago. Busco a mis amigos y los localizo en nuestra mesa habitual, en uno de los rincones del comedor. Mientras me acerco veo un tupperware encima.
̶            ¿Tú madre ha vuelto a hacer brownies? – le pregunto a Becky.
̶            En realidad son cupcakes – dice ella. Me siento al lado de Tom, que no para de tamborilear con los dedos en la mesa.
̶            Genial. Podemos declarar los lunes como el Día Oficial de la Repostería. La semana que viene podríamos traer tarta o bizcocho – nadie sonríe, nadie hace ningún comentario – ¿Qué pasa?
̶            Hemos pasado la mayor parte del fin de semana buscándote y preocupándonos por ti – dice Tom enfado, sus iris son tan oscuros que apenas se diferencian de la pupila – y tú te lo has pasado dándote el lote con Nathan e ignorándonos.
̶            No – digo y los miro a todos uno por uno sintiéndome herida –. Estuve con Nate el viernes porque me trajo a casa después del castigo, sólo estuvimos hablando. Y no quiero que os preocupéis por mí. Os lo prohíbo. No, no puedo vivir así, viendo la lástima en vuestros ojos cada vez que me recordáis cuando  estaba enferma. Ahora estoy bien, no quiero…
Me levanto de la mesa y salgo del comedor. Estúpidos. Son todos unos estúpidos, ¿es que no ven que estoy bien? ¿Es que no ven que no necesito su ayuda? ¿Que no necesito que me compadezcan ni sientan lástima por mí? ¿No ven que soy fuerte? ¿No ven que puedo arreglármelas sola? ¿Acaso piensan que soy débil? ¿Qué soy una frágil muñeca de porcelana a punto de romperse?
Le pego una patada a una papelera que de pronto me parece estorbar demasiado. Aprieto los puños hasta que los nudillos se quedan blancos y las uñas de me clavan en las palmas de las manos. La sangre empieza a correr más rápido por mis venas y siento que me arden las mejillas. Me apoyo en la pared y trato de tranquilizarme. Respiro hondo intentando acompasar la respiración con los latidos del corazón.
̶            Cassandra – dice una voz con un claro acento francés.
̶            Pierre.
̶            ¿Qué haces aquí? ¡Becky ha hecho cupcakes!
̶            Ya lo sé – le digo.
̶            Me ha prometido guardarme uno – se pasa las manos por el pelo rubio y sus ojos verdes relucen –. Acompáñame – me coge del brazo y me arrastra hasta el comedor. Me paro ante las puertas. Pierre me mira con el ceño fruncido – ¿Qué te pasa?
̶            Me he enfadado con ellos, – no tengo ni la más remota idea de porqué se lo estoy contando a Pierre – creen que me he pasado el fin de semana por ahí mientras ellos estaban preocupadísimos por mí – pongo los ojos en blanco. Pierre empieza a reírse.
̶            Parece la clase de pelea entre padres e hijos – sonrío, Pierre puede ser la persona más engreída y fanfarrona del mundo, pero en el fondo es buena gente –. Vamos, seguro que en cuanto me vean se les olvida la pelea – me guiña un ojo y le sigo.
Hay alguien apoyado en la mesa. Aunque está de espaldas lo reconozco al instante. Becky mira en mi dirección y Nate vuelve la cabeza para mirarme, su mirada es tranquila y calculadora, seguro que está tramando algo. Le echa un vistazo a Pierre cuando éste se acerca a la mesa. Yo me quedo un poco rezagada, tres pasos por detrás. Nate se despide y camina hacia mí, se inclina para decirme al oído:
̶            Te quieren mucho Cassie, no lo estropees por una tontería – por un momento entrelaza su mano con la mía y la aprieta. Me estremezco. La suelta suavemente y pasa junto a mí.
Ando hasta la mesa. Todos parecen sentirse algo incómodos cuando me siento – esta vez al lado de Pierre – bueno, todos excepto el mismo Pierre. A veces me pregunto si alguna vez se siente incómodo. Alargo la mano hasta el tupperware y mi mano se encuentra con la suya. Nos miramos. Es el último cupcake que queda. Suspiro.
̶            Cómetelo tú – le digo a Pierre. Él lo coge y lo parte por la mitad.
̶            Compartir también es una buena opción – dice. Acepto la mitas del cupcake con una sonrisa.
̶            Podríamos hacerlo.
̶            ¿El qué? – le digo a Becky con la boca llena.
̶            Lo del Día Oficial de la Repostería. Pero con la condición de que no sea siempre yo la que traiga las cosas.
̶            Me parece bien – Tom se estira y se da una palmadita en el estómago. Paula alza la mano.
̶            ¿Sí? – pregunta Beck.
̶            ¿Tienen que ser necesariamente hechas por nosotros?
̶            No, puedes comprarlo en una pastelería o en el súper.

Paula asiente aliviada y creo que todos agradecen la pregunta porque sólo Becky, Kevin y yo somos capaces de hacer algo comestible en la cocina. Suena el timbre. El comedor pasa de ser un sitio tranquilo y lleno de risas a un hervidero de gente gritando y corriendo de un lado a otro. Cuando me levanto de la mesa mis ojos se cruzan con los ojos celestes de Lily, no sé lo que les ha dicho Nate, pero sin duda ella sigue sin creerme.

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