Last Friday Night de Katy Perry suena a tope mientras Becky, Lily y yo
nos arreglamos para salir esta noche. Becky se ha puesto un vestido rojo
palabra de honor, cortado a la cintura, con una falda de vuelo que parece
sacada de los años cincuenta, aunque mucho más corta. Se ha hecho tirabuzones
en el pelo y está terminando de maquillarse: rímel, lápiz de ojos, un toque de
colorete y unos labios rojo pasión. Por no hablar de sus tacones rojos con
plataforma que medirán más de 15cm.
Lily tampoco
ha elegido un color discreto. Lleva un top con escote de pico azul eléctrico y
una falda de cintura alta del mismo color con un poco menos de vuelo que el
vestido de Becky. En lugar de usar pintalabios ha escogido un gloss también
rojo, pero mucho más apagado que el de Becky. Se ha dejado el pelo liso y en estos
precisos instantes se está poniendo unas sandalias negras de tacón.
Y yo… llevo esperándolas más de una hora.
Seguramente ya estaré hasta despeinada. En fin, llevo unos shorts de encaje
negros y una blusa de manga corta negra que se transparenta – he tenido que
ponerme un top para que no se me vea el sujetador – con unos tacones negros con
tachuelas doradas. Me he dejado el pelo suelto y me he echado un poco de espuma
y Becky se ha encargado personalmente de mi maquillaje porque según ella mi
estilo se ha quedado en Europa y parezco una sosa aburrida. Así que me ha
puesto sombra de ojos negra y gris por un tubo y me ha echado tanto rímel que
las pestañas me chocan con las cejas. Después me ha echado brillo de labios y
me ha dicho que esperaba que fuese capaz de ponerme el colorete yo solita.
̶
¡Cómo
no bajéis en cinco segundos… – abro la puerta de mi cuarto bruscamente y me
planto delante de la escaleras.
̶
¿Qué piensas
hacer Thomas? ¿Unirte a nosotras? Creo que te iría bien un toque de gloss – Tom
abre la boca para contestar y luego la abre más cuando ve a Becky con su
despampanante vestido rojo y sus tacones de vértigo.
̶
Creo
que la espera ha merecido la pena al fin y al cabo – dice al fin. Lily y yo nos
reímos y Becky sonríe tímidamente.
̶
Me
encanta que tengas coche, – le digo a Tom mientras bajo las escaleras – así no
tenemos que ir andando hasta la discoteca – Tom hace una mueca.
̶
A mí
no me gusta tanto. No podré beber demasiado por vuestra culpa, si llevarais
unos zapatos más bajos…
̶
Yo
llevaría zapatos más bajos si Becky me dejara, soy alta, no me hacen falta.
̶
NO –
dice Becky lanzándome una mirada asesina –. Todas tenemos que ir perfectas, no
se admiten zapatos planos y punto.
Tom y yo nos miramos y estallamos en carcajadas.
***
Cuando llegamos a la discoteca Kevin y Paula
empiezan a darnos una charla sobre la puntualidad.
̶
¿Habéis
visto a Nate? – Kevin traga saliva y Paula mira hacia otro lado, incómoda –
¿Qué pasa?
Lily me empuja a la pista de baile antes de que
puedan contestar.
̶
Baby
slow down the song oooooooooo yeaaah, baby slow down the song – canto. Lily se
une a mí y juntas arrasamos la pista de baile a ritmo de Selena Gomez y su Slow
Down.
Me dejo llevar por el ritmo la
música y la marea de cuerpos sudorosos que me rodea. La última me vez que pisé
una discoteca estaba en París y ni siquiera recuerdo con quien me colé – porque
era para mayores de 18 –, pero lo que sí recuerdo bien es la sensación de
dejarse llevar por la música, la misma de ahora. Me encanta.
Slow Down se acaba y Wake Me Up
de Avicii se cuela en la pista. Lily me coge de la mano y me lleva hasta la
barra.
̶
Tengo sed – me dice - ¿Quieres algo? – niego con
la cabeza. Sus ojos celestes me escudriñan durante unos instantes. Alza una
ceja – ¿Seguro?
̶
Seguro. Aún es pronto para empezar a beber.
Ella se gira hacia el camarero
y pide algo que no llego a escuchar. Mi corazón se para y deja de latir. Todo a
mi alrededor parece desvanecerse excepto Nathan. Nathan y la chica a la que
está besando. Él deja de besarla y me sonríe y el hielo de sus ojos me congela
la sangre y la copa de Lily cae al suelo y se rompe en mil pedazos mojando todo
el suelo. Wake me up when it’s all over dice
la canción y, lo deseo con todas mis fuerzas, que esto solo sea un sueño y que
alguien me despierte cuando acabe. Vuelvo a la realidad cuando el líquido frío de
la copa me salpica en los tobillos.
Los ojos de Lily están abiertos
de par en par de la sorpresa y sus pupilas totalmente dilatadas.
̶
Lily. No pasa nada – le digo. Sus ojos se
vuelven hacia mí rápidos como el rayo y sus manos se cierran en dos puños.
̶
¡¿Que no pasa nada?! Cassie… ¿Cómo puedes decir
eso? Él y tú…
̶
Él es así…
̶
No, – me interrumpe – él no es así, él nunca ha
sido así. Y tú eres mi mejor amiga y no voy a permitir que…
̶
Conmigo. Es así conmigo. Sé porqué lo hace y lo
entiendo – Lily se queda mirándome con la boca abierta bastante indignada. Al
rato se vuelve hacia el camarero.
̶
¿Me puedes poner uno doble? – le dice.
̶
Marchando uno doble para la señorita.
̶
Wilde no te pases – ella me mira como si hubiera
perdido el juicio.
̶
Creo que tú deberías tomarte uno también.
Lily se marcha y me deja sola
en la barra, pensando que gracias al cielo no llegué a escuchar lo que Paula y
Kevin iban a decir, porque no habría bailado si quiera una canción.
Me siento en un taburete y
apoyo los codos sobre la barra. El camarero me lanza una mirada interrogativa,
pero lo despido con un gesto de la mano. Me pregunto si marcharme de la
discoteca sería una buena idea. Aunque Nate pensaría que le odio y se sentiría
de lo más satisfecho. No. No pienso darle esa satisfacción. Me quedaré aquí hasta
que él se marche. Después me iré a casa y lloraré como los mocosos del parque y
me odiaré a mí misma por ello y me odiaré por llorar por un estúpido que no
sabe lo que quiere y que tiene un corazón bipolar y me odiaré por no poder
odiarle y me quedaré dormida y me despertaré a la mañana siguiente con el dolor
de cabeza más terrible y la resaca más grande que se pueda tener. Porque voy a
emborracharme, sí, lo tengo decidido.
Un hombre de unos treinta años
se acerca a mí y me invita a una copa. La acepto encantada. Y esa es mi primera
copa de la noche. Pero no la última.
***
̶
Hola – me giro hacia un chico de ojos esmeralda
y pelo negro como el carbón.
̶
Hola – le digo.
̶
¿Quieres una copa? – mi cabeza y mi hígado
protestan en ese mismo instante.
̶
No sé cuántas veces me han dicho eso ésta noche.
He aceptado todas las copas del mundo pero nadie se ha tomado una segunda
conmigo, por algo será. Y no, no quiero otra puta copa – el chico me sonríe.
̶
¿Agua, zumo?
̶
Un zumo estaría bien – digo –, de piña por
favor.
El chico de ojos verdes llama
al camarero.
̶
No pienso servirle otra copa – dice. Me siento
conmovida, me acabo de hacer amiga de Chuck y ya se preocupa por mí.
̶
Tranquilo – le digo sonriendo –. Sólo quiero un
zumo. De piña.
̶
Ya la has oído.
̶
¡Eso, ya me has oído Chuck! – el chico de ojos
esmeralda se ríe – ¿Cómo te llamas? ¿O prefieres que te llame Ojos Verdes o
Esmeralda o Sonrisa Gatuna?
̶
Rory, aunque cualquiera de los nombres que has
dicho me vale.
̶
No, Rory, Rory me gusta. Es un buen nombre. Yo
soy Cassandra Griffin. Un placer conocerte Rory.
̶
Bueno cuéntame Cassandra, ¿por qué te has
emborrachado? – lo miro y me entra la risa floja porque realmente parece
interesado en escucharme. Que majo.
̶
Rory, verás, el tío que se supone que es mi alma
gemela, mi media naranja, mi amor eterno, llámalo x si quieres, tiene lo que yo
he denominado “corazón bipolar” y eso – hago una pausa para darle énfasis –
está cassandríficamente comprobado. Te
explico, el corazón bipolar consiste en un día te quiero y otro te odio porque
quiero hacer que me odies ya que conmigo corres peligro puesto que mi padre es
como un Hitler de mierda pero moderno y mágico – Rory alza las cejas –. Sí, he
dicho mágico. No debería haberlo dicho, pero no lo pienso retirar.
̶
¿Me enseñas tus manos? – dice.
̶
No, no me da la gana – cojo el zumo y le doy un
trago. Me cruzo de brazos y continúo –. La gente tiene una obsesión con mis
manos y sí son especiales, pero no del especial que tú piensas, porque tú eres
como él, ¿verdad? – le miro las manos y trato de concentrarme a través del
mareo y el atontamiento. Capto un destello verde esmeralda en su mano derecha –
Pensándolo mejor no quiero ser tu amiga. La gente como tú me da dolor de cabeza.
̶
¿La gente como yo o las copas que te has tomado?
̶
Creo – digo levantándome del taburete – que este
es el mejor momento para irme a casa.
Me resbalo con un cristal – que
seguramente era de la copa de Lily – y me encuentro en los brazos de Rory.
Nuestras caras se quedan a escasos centímetros y entonces me besa.
Su beso es diferente a los de
Nate, más cálido, húmedo y suave. Me gusta, aunque no se puede comparar con la
química, nada más hace que todas las células de mi cuerpo se estremezcan.
̶
Ya, pero te ha gustado – dice Rory. No jo, lo he
vuelto a hacer.
̶
¿Lo he dicho en voz alta? – él asiente y me
sonríe.
Le devuelvo la sonrisa y me
quedo mirando sus ojos, ¿cómo se pueden tener unos ojos tan verdes? Su cara se aproxima más a la
mía mientras pienso en ello, pero una mano me coge por el brazo y me arrastra
lejos de Rory.
̶
Ya es hora de irse a casa – me dice Nate muy
serio –. Aunque debiste irte con Tom hace mucho.
̶
¿Me estás regañando? Pero, ¿¡quién coño te crees
que eres?! – alzo la voz y lo miro directamente a los ojos – ¡¿Mi novio?! – la
pista de hielo resbaladiza que son sus ojos se resquebraja. Me mira dolido y
atónito y me suelta el brazo lentamente – Ya tengo a alguien que me acompañe a
casa.
Le doy la espalda y camino
hacia Rory.
̶
¿El tipo ese que te estaba besando? – me vuelvo
hacia él, seria y fría como el hielo, imitando su cara más inexpresiva y su
mirada más helada.
̶
Bueno, me resultaba más atractivo que la chica a
la que le estabas metiendo mano – los ojos de Nate se incendian y se me escapa
una carcajada al darme cuenta de que por una vez hemos intercambiado nuestros
papeles. Ahora él es el fuego y yo el hielo. Me agarra del brazo y tira de mí
hacia la salida.
̶
Nos vamos – dice.
̶
No pienso ir contigo a ninguna parte – hinco los
tacones en el suelo y me resisto.
̶
Déjala en paz Nathan, conmigo está en buenas
manos – Nate mira a Rory y una sonrisa se le dibuja en el rostro.
̶
¡Estúpido canalla! Ven aquí – me suelta y le da
un abrazo a Rory. Mi mente llega a la conclusión de que pertenecían al mismo
aquelarre en cuestión de segundos y a la vez me doy cuenta de que no estoy tan
borracha como creía – ¿Qué haces aquí?
̶
Tengo dieciocho. Mayoría de edad – frunzo el
ceño.
̶
No, aquí la mayoría de edad es a los 21.
̶
Me refiero a los aquelarres. Menuda buena has
pillado – le dice a Nate mientras me señala con el pulgar. Nate me rodea la
cintura con su brazo.
̶
Sí – dice – y como vuelvas a besarla juro que te
mataré – ambos se ríen - ¿Qué tal va todo en el aquelarre?
̶
Bueno, desde que te fuiste todos se están
marchando. Tú nos mantenías unidos, por
eso tu padre quería que volvieras – Nate sonríe, no parece sorprenderle que
sepa que estuvo hablando con su padre –. Fue la última vez que espié a nuestros
queridos y psicóticos papás, y la verdad por eso vine a buscarte, me preocupó
lo que dijo de ti y… de ella – alzo las cejas sorprendida.
̶
¿Qué dijo de mí? – Rory mira a Nate preocupado y
después a mí, muy serio.
̶
Cosas para mayores de edad. Creo que me gustaría
ver tu mano – con un suspiro le tiendo la mano. Él la examina minuciosamente –.
Dos líneas de la vida – comenta como aburrido y suelta mi mano –. Quizás sepas
de lo que hablo después de todo.
Las palabras mayor de edad cobran
sentido en mi cabeza de repente y entonces entiendo lo que quiere decir. Lo
sabe. Sabe quién soy. Trago saliva y le sostengo la mirada.
̶
No lo pillo – dice Nate.
̶
Me voy a casa – digo y ando hasta la entrada del
local. Nate me sigue.
̶
Espero verte por aquí – se despide de Rory, él
le hace un gesto con la mano.
El frío de la noche me
sorprende. Dentro hacía mucho calor. Ando más rápido para calentarme un poco.
Nate va justo detrás de mí.
̶
Cassie – me dice – ¿Sabes a lo que se refería
con lo de la mayoría de edad? ¿Con lo que mi padre dijo de ti?
Sí que lo sé. Pero no pienso
decírselo. Cuando los brujos cumplen los 18 se les revela un secreto. La
mayoría no lo cree. Pero aquí estoy yo para demostrarles que es cierto que
ella, tan temida y odiada por los brujos ha vuelto. Scarlett.
̶
Felicidades. Hoy has estado a punto de
conseguirlo – Nate frunce el ceño –, de hacer que te odie, no lo has logrado.
Pero estoy muy cabreada. Te has librado de que monte una escena delante de Rory
porque es tu amigo. Te avisaré cuando se me haya pasado, mientras tanto ni me hables.
̶
Perdona pero tú también le has besado.
̶
Nathan, estoy borracha, tengo un terrible dolor
de cabeza y unas ganas terribles de llorar y de matarte. Tú tienes la culpa de
todo lo que ha pasado esta noche así que no intentes discutírmelo o culparme.
Nate me mira a los ojos y pone
sus manos en mi cabeza. Dejo de ver y empiezo a sentir. Siento un profundo
sentimiento de culpa y remordimiento, un poco de celos por lo de Rory, alegría
por haberle visto después de tanto tiempo, tristeza. Pero por encima de todo un
amor tan fuerte y sincero que me deja sin respiración.
Entonces lo abrazo muy fuerte y
noto como las lágrimas me recorren las mejillas. Él me acaricia el pelo
mientras me tranquilizo.
***
Un dolor intenso me atraviesa
el pecho, salto desde los brazos de Nate y salgo corriendo de su propiedad con
el corazón latiéndome a cien. Me paro fuera del camino de grava y respiro
hondo. El dolor está desapareciendo.
Nate llega a mi lado y se
inclina sobre mí preocupado.
̶
¿Estás bien? – me pregunta.
̶
No – digo con voz entrecortada. Los ojos de Nate
destilan preocupación.
̶
Será mejor que entremos – siento una punzada en
el pecho y abro mucho los ojos.
̶
No. No voy a entrar ahí. Nunca – la puerta de la
casa se abre y sale Amy, la madre de Nate.
̶
¿Qué dices? – él me coge por el brazo – Venga
vamos dentro.
Empiezo a ver una lluvia de
imágenes. El libro. Nate durmiendo en su cama. Un mechón de pelo rojo. Amy. Una
luz azul plateada.
Me invade el miedo. Ella ha
tomado mi cuerpo mientras yo dormía, y lo peor: no me he dado cuenta.
̶
No soy bienvenida en esta casa – Nate frunce el
ceño algo confundido.
̶
Cassie…
̶
Si tu madre me dejara entrar, ten por seguro que
lo haría – dice ella.
̶
¡No! – grito – No me dejes entrar. Ella sólo
quiere su…
̶
Cállate, estúpida – Scarlett coge a Nathan por
el cuello y se gira hacia Amy – Dame lo que me pertenece o le mataré.
Scarlett levanta la mano
izquierda. Empiezo a golpear y patalear. No consigo nada. Ella tiene el control
ahora. La palma de su mano parece haberse incendiado. Nunca he visto
resplandecer una hoguera tanto como su mano.
Una descarga eléctrica me
recorre todo el brazo. La química. He recuperado el control. Miro a Amy, sus
ojos están llenos de miedo y de rabia. Me lanza una mirada helada que me
recuerda a las de Nate y bajo la vista hasta mi mano. A penas queda rastro del
fuego. Suelto a Nate y salgo corriendo. No vuelvo la vista atrás y no paró
hasta que me derrumbo en mi cama, llorando.