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domingo, 3 de noviembre de 2013

Capítulo 21


Last Friday Night de Katy Perry suena a tope mientras Becky, Lily y yo nos arreglamos para salir esta noche. Becky se ha puesto un vestido rojo palabra de honor, cortado a la cintura, con una falda de vuelo que parece sacada de los años cincuenta, aunque mucho más corta. Se ha hecho tirabuzones en el pelo y está terminando de maquillarse: rímel, lápiz de ojos, un toque de colorete y unos labios rojo pasión. Por no hablar de sus tacones rojos con plataforma que medirán más de 15cm.
 Lily tampoco ha elegido un color discreto. Lleva un top con escote de pico azul eléctrico y una falda de cintura alta del mismo color con un poco menos de vuelo que el vestido de Becky. En lugar de usar pintalabios ha escogido un gloss también rojo, pero mucho más apagado que el de Becky. Se ha dejado el pelo liso y en estos precisos instantes se está poniendo unas sandalias negras de tacón.
Y yo… llevo esperándolas más de una hora. Seguramente ya estaré hasta despeinada. En fin, llevo unos shorts de encaje negros y una blusa de manga corta negra que se transparenta – he tenido que ponerme un top para que no se me vea el sujetador – con unos tacones negros con tachuelas doradas. Me he dejado el pelo suelto y me he echado un poco de espuma y Becky se ha encargado personalmente de mi maquillaje porque según ella mi estilo se ha quedado en Europa y parezco una sosa aburrida. Así que me ha puesto sombra de ojos negra y gris por un tubo y me ha echado tanto rímel que las pestañas me chocan con las cejas. Después me ha echado brillo de labios y me ha dicho que esperaba que fuese capaz de ponerme el colorete yo solita.
̶            ¡Cómo no bajéis en cinco segundos… – abro la puerta de mi cuarto bruscamente y me planto delante de la escaleras.
̶            ¿Qué piensas hacer Thomas? ¿Unirte a nosotras? Creo que te iría bien un toque de gloss – Tom abre la boca para contestar y luego la abre más cuando ve a Becky con su despampanante vestido rojo y sus tacones de vértigo.
̶            Creo que la espera ha merecido la pena al fin y al cabo – dice al fin. Lily y yo nos reímos y Becky sonríe tímidamente.
̶            Me encanta que tengas coche, – le digo a Tom mientras bajo las escaleras – así no tenemos que ir andando hasta la discoteca – Tom hace una mueca.
̶            A mí no me gusta tanto. No podré beber demasiado por vuestra culpa, si llevarais unos zapatos más bajos…
̶            Yo llevaría zapatos más bajos si Becky me dejara, soy alta, no me hacen falta.
̶            NO – dice Becky lanzándome una mirada asesina –. Todas tenemos que ir perfectas, no se admiten zapatos planos y punto.
Tom y yo nos miramos y estallamos en carcajadas.
***
Cuando llegamos a la discoteca Kevin y Paula empiezan a darnos una charla sobre la puntualidad.
̶            ¿Habéis visto a Nate? – Kevin traga saliva y Paula mira hacia otro lado, incómoda – ¿Qué pasa?
Lily me empuja a la pista de baile antes de que puedan contestar.
̶            Baby slow down the song oooooooooo yeaaah, baby slow down the song – canto. Lily se une a mí y juntas arrasamos la pista de baile a ritmo de Selena Gomez y su Slow Down.
Me dejo llevar por el ritmo la música y la marea de cuerpos sudorosos que me rodea. La última me vez que pisé una discoteca estaba en París y ni siquiera recuerdo con quien me colé – porque era para mayores de 18 –, pero lo que sí recuerdo bien es la sensación de dejarse llevar por la música, la misma de ahora. Me encanta.
Slow Down se acaba y Wake Me Up de Avicii se cuela en la pista. Lily me coge de la mano y me lleva hasta la barra.
̶            Tengo sed – me dice - ¿Quieres algo? – niego con la cabeza. Sus ojos celestes me escudriñan durante unos instantes. Alza una ceja – ¿Seguro?
̶            Seguro. Aún es pronto para empezar a beber.
Ella se gira hacia el camarero y pide algo que no llego a escuchar. Mi corazón se para y deja de latir. Todo a mi alrededor parece desvanecerse excepto Nathan. Nathan y la chica a la que está besando. Él deja de besarla y me sonríe y el hielo de sus ojos me congela la sangre y la copa de Lily cae al suelo y se rompe en mil pedazos mojando todo el suelo. Wake me up when it’s all over dice la canción y, lo deseo con todas mis fuerzas, que esto solo sea un sueño y que alguien me despierte cuando acabe. Vuelvo a la realidad cuando el líquido frío de la copa me salpica en los tobillos.
Los ojos de Lily están abiertos de par en par de la sorpresa y sus pupilas totalmente dilatadas.
̶            Lily. No pasa nada – le digo. Sus ojos se vuelven hacia mí rápidos como el rayo y sus manos se cierran en dos puños.
̶            ¡¿Que no pasa nada?! Cassie… ¿Cómo puedes decir eso? Él y tú…
̶            Él es así…
̶            No, – me interrumpe – él no es así, él nunca ha sido así. Y tú eres mi mejor amiga y no voy a permitir que…
̶            Conmigo. Es así conmigo. Sé porqué lo hace y lo entiendo – Lily se queda mirándome con la boca abierta bastante indignada. Al rato se vuelve hacia el camarero.
̶            ¿Me puedes poner uno doble? – le dice.
̶            Marchando uno doble para la señorita.
̶            Wilde no te pases – ella me mira como si hubiera perdido el juicio.
̶            Creo que tú deberías tomarte uno también.
Lily se marcha y me deja sola en la barra, pensando que gracias al cielo no llegué a escuchar lo que Paula y Kevin iban a decir, porque no habría bailado si quiera una canción.
Me siento en un taburete y apoyo los codos sobre la barra. El camarero me lanza una mirada interrogativa, pero lo despido con un gesto de la mano. Me pregunto si marcharme de la discoteca sería una buena idea. Aunque Nate pensaría que le odio y se sentiría de lo más satisfecho. No. No pienso darle esa satisfacción. Me quedaré aquí hasta que él se marche. Después me iré a casa y lloraré como los mocosos del parque y me odiaré a mí misma por ello y me odiaré por llorar por un estúpido que no sabe lo que quiere y que tiene un corazón bipolar y me odiaré por no poder odiarle y me quedaré dormida y me despertaré a la mañana siguiente con el dolor de cabeza más terrible y la resaca más grande que se pueda tener. Porque voy a emborracharme, sí, lo tengo decidido.
Un hombre de unos treinta años se acerca a mí y me invita a una copa. La acepto encantada. Y esa es mi primera copa de la noche. Pero no la última.

***
̶            Hola – me giro hacia un chico de ojos esmeralda y pelo negro como el carbón.
̶            Hola – le digo.
̶            ¿Quieres una copa? – mi cabeza y mi hígado protestan en ese mismo instante.
̶            No sé cuántas veces me han dicho eso ésta noche. He aceptado todas las copas del mundo pero nadie se ha tomado una segunda conmigo, por algo será. Y no, no quiero otra puta copa – el chico me sonríe.
̶            ¿Agua, zumo?
̶            Un zumo estaría bien – digo –, de piña por favor.
El chico de ojos verdes llama al camarero.
̶            No pienso servirle otra copa – dice. Me siento conmovida, me acabo de hacer amiga de Chuck y ya se preocupa por mí.
̶            Tranquilo – le digo sonriendo –. Sólo quiero un zumo. De piña.
̶            Ya la has oído.
̶            ¡Eso, ya me has oído Chuck! – el chico de ojos esmeralda se ríe – ¿Cómo te llamas? ¿O prefieres que te llame Ojos Verdes o Esmeralda o Sonrisa Gatuna?
̶            Rory, aunque cualquiera de los nombres que has dicho me vale.
̶            No, Rory, Rory me gusta. Es un buen nombre. Yo soy Cassandra Griffin. Un placer conocerte Rory.
̶            Bueno cuéntame Cassandra, ¿por qué te has emborrachado? – lo miro y me entra la risa floja porque realmente parece interesado en escucharme. Que majo.
̶            Rory, verás, el tío que se supone que es mi alma gemela, mi media naranja, mi amor eterno, llámalo x si quieres, tiene lo que yo he denominado “corazón bipolar” y eso – hago una pausa para darle énfasis – está  cassandríficamente comprobado. Te explico, el corazón bipolar consiste en un día te quiero y otro te odio porque quiero hacer que me odies ya que conmigo corres peligro puesto que mi padre es como un Hitler de mierda pero moderno y mágico – Rory alza las cejas –. Sí, he dicho mágico. No debería haberlo dicho, pero no lo pienso retirar.
̶            ¿Me enseñas tus manos? – dice.
̶            No, no me da la gana – cojo el zumo y le doy un trago. Me cruzo de brazos y continúo –. La gente tiene una obsesión con mis manos y sí son especiales, pero no del especial que tú piensas, porque tú eres como él, ¿verdad? – le miro las manos y trato de concentrarme a través del mareo y el atontamiento. Capto un destello verde esmeralda en su mano derecha – Pensándolo mejor no quiero ser tu amiga. La gente como tú me da dolor de cabeza.
̶            ¿La gente como yo o las copas que te has tomado?
̶            Creo – digo levantándome del taburete – que este es el mejor momento para irme a casa.
Me resbalo con un cristal – que seguramente era de la copa de Lily – y me encuentro en los brazos de Rory. Nuestras caras se quedan a escasos centímetros y entonces me besa.
Su beso es diferente a los de Nate, más cálido, húmedo y suave. Me gusta, aunque no se puede comparar con la química, nada más hace que todas las células de mi cuerpo se estremezcan.
̶            Ya, pero te ha gustado – dice Rory. No jo, lo he vuelto a hacer.
̶            ¿Lo he dicho en voz alta? – él asiente y me sonríe.
Le devuelvo la sonrisa y me quedo mirando sus ojos, ¿cómo se pueden tener unos  ojos tan verdes? Su cara se aproxima más a la mía mientras pienso en ello, pero una mano me coge por el brazo y me arrastra lejos de Rory.
̶            Ya es hora de irse a casa – me dice Nate muy serio –. Aunque debiste irte con Tom hace mucho.
̶            ¿Me estás regañando? Pero, ¿¡quién coño te crees que eres?! – alzo la voz y lo miro directamente a los ojos – ¡¿Mi novio?! – la pista de hielo resbaladiza que son sus ojos se resquebraja. Me mira dolido y atónito y me suelta el brazo lentamente – Ya tengo a alguien que me acompañe a casa.
Le doy la espalda y camino hacia Rory.
̶            ¿El tipo ese que te estaba besando? – me vuelvo hacia él, seria y fría como el hielo, imitando su cara más inexpresiva y su mirada más helada.
̶            Bueno, me resultaba más atractivo que la chica a la que le estabas metiendo mano – los ojos de Nate se incendian y se me escapa una carcajada al darme cuenta de que por una vez hemos intercambiado nuestros papeles. Ahora él es el fuego y yo el hielo. Me agarra del brazo y tira de mí hacia la salida.
̶            Nos vamos – dice.
̶            No pienso ir contigo a ninguna parte – hinco los tacones en el suelo y me resisto.
̶            Déjala en paz Nathan, conmigo está en buenas manos – Nate mira a Rory y una sonrisa se le dibuja en el rostro.
̶            ¡Estúpido canalla! Ven aquí – me suelta y le da un abrazo a Rory. Mi mente llega a la conclusión de que pertenecían al mismo aquelarre en cuestión de segundos y a la vez me doy cuenta de que no estoy tan borracha como creía – ¿Qué haces aquí?
̶            Tengo dieciocho. Mayoría de edad – frunzo el ceño.
̶            No, aquí la mayoría de edad es a los 21.
̶            Me refiero a los aquelarres. Menuda buena has pillado – le dice a Nate mientras me señala con el pulgar. Nate me rodea la cintura con su brazo.
̶            Sí – dice – y como vuelvas a besarla juro que te mataré – ambos se ríen - ¿Qué tal va todo en el aquelarre?
̶            Bueno, desde que te fuiste todos se están marchando.  Tú nos mantenías unidos, por eso tu padre quería que volvieras – Nate sonríe, no parece sorprenderle que sepa que estuvo hablando con su padre –. Fue la última vez que espié a nuestros queridos y psicóticos papás, y la verdad por eso vine a buscarte, me preocupó lo que dijo de ti y… de ella – alzo las cejas sorprendida.
̶            ¿Qué dijo de mí? – Rory mira a Nate preocupado y después a mí, muy serio.
̶            Cosas para mayores de edad. Creo que me gustaría ver tu mano – con un suspiro le tiendo la mano. Él la examina minuciosamente –. Dos líneas de la vida – comenta como aburrido y suelta mi mano –. Quizás sepas de lo que hablo después de todo.
Las palabras mayor de edad cobran sentido en mi cabeza de repente y entonces entiendo lo que quiere decir. Lo sabe. Sabe quién soy. Trago saliva y le sostengo la mirada.
̶            No lo pillo – dice Nate.
̶            Me voy a casa – digo y ando hasta la entrada del local. Nate me sigue.
̶            Espero verte por aquí – se despide de Rory, él le hace un gesto con la mano.
El frío de la noche me sorprende. Dentro hacía mucho calor. Ando más rápido para calentarme un poco. Nate va justo detrás de mí.
̶            Cassie – me dice – ¿Sabes a lo que se refería con lo de la mayoría de edad? ¿Con lo que mi padre dijo de ti?
Sí que lo sé. Pero no pienso decírselo. Cuando los brujos cumplen los 18 se les revela un secreto. La mayoría no lo cree. Pero aquí estoy yo para demostrarles que es cierto que ella, tan temida y odiada por los brujos ha vuelto. Scarlett.
̶            Felicidades. Hoy has estado a punto de conseguirlo – Nate frunce el ceño –, de hacer que te odie, no lo has logrado. Pero estoy muy cabreada. Te has librado de que monte una escena delante de Rory porque es tu amigo. Te avisaré cuando se me haya pasado,  mientras tanto ni me hables.
̶            Perdona pero tú también le has besado.
̶            Nathan, estoy borracha, tengo un terrible dolor de cabeza y unas ganas terribles de llorar y de matarte. Tú tienes la culpa de todo lo que ha pasado esta noche así que no intentes discutírmelo o culparme.
Nate me mira a los ojos y pone sus manos en mi cabeza. Dejo de ver y empiezo a sentir. Siento un profundo sentimiento de culpa y remordimiento, un poco de celos por lo de Rory, alegría por haberle visto después de tanto tiempo, tristeza. Pero por encima de todo un amor tan fuerte y sincero que me deja sin respiración.
Entonces lo abrazo muy fuerte y noto como las lágrimas me recorren las mejillas. Él me acaricia el pelo mientras me tranquilizo.
***
Un dolor intenso me atraviesa el pecho, salto desde los brazos de Nate y salgo corriendo de su propiedad con el corazón latiéndome a cien. Me paro fuera del camino de grava y respiro hondo. El dolor está desapareciendo.
Nate llega a mi lado y se inclina sobre mí preocupado.
̶            ¿Estás bien? – me pregunta.
̶            No – digo con voz entrecortada. Los ojos de Nate destilan  preocupación.
̶            Será mejor que entremos – siento una punzada en el pecho y abro mucho los ojos.
̶            No. No voy a entrar ahí. Nunca – la puerta de la casa se abre y sale Amy, la madre de Nate.
̶            ¿Qué dices? – él me coge por el brazo – Venga vamos dentro.
Empiezo a ver una lluvia de imágenes. El libro. Nate durmiendo en su cama. Un mechón de pelo rojo. Amy. Una luz azul plateada.
Me invade el miedo. Ella ha tomado mi cuerpo mientras yo dormía, y lo peor: no me he dado cuenta.
̶            No soy bienvenida en esta casa – Nate frunce el ceño algo confundido.
̶            Cassie…
̶            Si tu madre me dejara entrar, ten por seguro que lo haría – dice ella.
̶            ¡No! – grito – No me dejes entrar. Ella sólo quiere su…
̶            Cállate, estúpida – Scarlett coge a Nathan por el cuello y se gira hacia Amy – Dame lo que me pertenece o le mataré.
Scarlett levanta la mano izquierda. Empiezo a golpear y patalear. No consigo nada. Ella tiene el control ahora. La palma de su mano parece haberse incendiado. Nunca he visto resplandecer una hoguera tanto como su mano.

Una descarga eléctrica me recorre todo el brazo. La química. He recuperado el control. Miro a Amy, sus ojos están llenos de miedo y de rabia. Me lanza una mirada helada que me recuerda a las de Nate y bajo la vista hasta mi mano. A penas queda rastro del fuego. Suelto a Nate y salgo corriendo. No vuelvo la vista atrás y no paró hasta que me derrumbo en mi cama, llorando.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Capítulo 20


̶            Pensé que no vendrías – digo casi llorando.
̶            Siempre cumplo mi palabra. ¿Cómo has  podido dudarlo?
̶            Tenía miedo, creía que te había pasado algo en el camino – Nate, no, Christopher Lawrence, me sonríe. No, no a mí, a Elisabeth.
̶            Me han pasado muchas cosas durante el camino, pero aquí estoy.
̶            ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Dónde vamos a ir? – pregunto asustada. Él pone su mano en mi barbilla para que le mire a los ojos, llenos de ternura.
̶            Nueva York. Oh, Dios. Donde sea, no importa mientras sea contigo.
En el guion pone “suave beso en los labios”. En el guion. Nate me besa con tantas ganas que casi me caigo. Me agarra por la cintura apretándome más contra él, mientras sus labios se mueven ansiosos sobre los míos. Tiro de él para ocultarnos tras las cortinas que separan las calles del escenario.
̶            Nate – es lo único que consigo decir antes de que vuelva a besarme. Todo mi cuerpo me pide que me deje llevar, que disfrute, pero mi mente es bastante consciente de que estamos en clase de teatro y que frente al escenario está Daisy y el resto de compañeros, Becky y Kevin entre ellos – Nathan, para. Para por favor.
Nate apoya su frente en la mía jadeando. Yo trato de recuperar el aliento. Me aliso la ropa y me peino un poco el pelo con los dedos. Todavía noto el corazón martilleándome acelerado contra el pecho y las mejillas ardiendo. Salgo de detrás de las cortinas con Nate pisándome los talones. Daisy sonríe.
̶            Muy bien, pero que el beso sea menos apasionado la próxima vez. Escena uno. Todo el mundo preparado.

***
̶            Me has pegado el resfriado ese que tuviste el fin de semana – dice Tom desde el otro lado del teléfono –, ahora Lily no tendrá más remedio que creerte.
̶            Así que por eso has faltado hoy a clase.
̶            Sí y como comprenderás no voy a ir a correr, pero he llamado a Nate y me ha dicho que él sí va, podéis ir juntos.
̶            De acuerdo. Más te vale no volver a resfriarte – digo con voz amenazadora.
̶            Oye, Beck me ha contado lo que pasó ayer en teatro. Si él te obliga a hacer algo que no quieres… si se pasa de la raya me lo dices, ¿vale? – tardo unos segundos en contestar porque me ha pillado totalmente desprevenida.
̶            ¿Qué te ha contado Becky? ¿Qué me violó delante de todo el mundo?
̶            Algo parecido – contesta él un poco sombrío –. Enserio, si pasa algo me lo dices.
̶            Vale, no te preocupes tonto.
̶            Corre bien.
Suelto el teléfono en la mesita de noche y me preparo para salir a correr. Me pongo un top y unos shorts de deporte y las zapatillas. Salgo de mi cuarto y me paro un momento frente al espejo del pasillo. Mi melena rizada está hecha un desastre. Cojo una de las gomillas que siempre llevo en la muñeca y me hago una coleta alta. Ahora parezco una persona normal, no una que ha metido los dedos en el enchufe.
De camino a casa de Nate una brisa fresca me recuerda que la llegada del otoño es algo inminente. Las hojas de los árboles ya empiezan a amarillear, pronto tendré que empezar a llevar pantalones largos y sudaderas.
La casa de Nate se alza frente a mí, vieja, antigua y azul, con las ventanas pintadas de blanco y el tejado de color pizarra. El rosetón de la buhardilla está iluminado y proyecta sombras de colores sobre el caminito de grava que lleva hasta la puerta. El sonido de mis pisadas sobre la grava me acompaña hasta ella. Toco el timbre y espero. Escucho pasos amortiguados tras la puerta y un ojo asoma por la mirilla. La puerta tarda apenas un segundo en abrirse y me recibe la cara sonriente de Elektra. Sus ojos dorados y cálidos brillan de alegría. Lleva el pelo rubio platino recogido en un moño suelto y mal hecho y ropa de estar por casa.
̶            Hola, ¿puedes decirle a Nathan que…
̶            Nate se ha ido hace un rato – me interrumpe –. Pero estoy segura de que podrás alcanzarle. En el parque – añade al ver la expresión perpleja de mi rostro.
̶            Vale – respondo –. Gracias.
Salgo corriendo hacia al parque a un ritmo tranquilo. Ya me encontraré con Nate. La zona infantil está llena de niños pequeños y de padres vigilando que no se hagan demasiado daño. Un niño de unos cuatro años acaba de caerse de un tobogán  y se ha raspado las rodillas. La madre trata de calmarlo mientras que el niño no para de llorar escandalosamente. De pequeña cuando iba al parque me gustaba sentarme a mirar lo que hacían los otros niños – no era una niña muy normal –. Odiaba a los mocosos llorones, ellos no tenían ni la más mínima idea de lo que era el dolor, ellos no la tenían a ella, yo sí.
Conforme me voy alejando de la zona infantil el parque está cada vez más desierto y más salvaje. Todo tipo de árboles crecen sin control formando un bosque que sólo ha respetado el camino que lo atraviesa, y porque es de cemento, si hubiera sido de tierra o de grava ya no quedaría ni rastro de él.
Paro en seco cuando veo a Nate hablando con un hombre en un claro al lado del camino. Retrocedo y me escondo tras un enorme matorral que bordea parte del claro. Sinceramente no sé por qué lo hago. Por un presentimiento quizá.
̶            Vas a volver al aquelarre conmigo – dice el hombre. Me fijo mejor en él y se me encoje el corazón al darme cuenta de que es el padre de Nate. Tiene el pelo del mismo castaño oscuro y sus ojos son como los de Elektra, un poco más verdes –. Tenemos que evitar que la gente joven se marche, y desde que tú te fuiste está pasando cada vez más a menudo.
̶            Cuando me fui esperaba que la gente siguiera mis pasos, sería estúpido volver para hacer lo contrario. Así que no. No pienso volver contigo – el puño de Frederick vuela hasta la cara de Nate. Tengo que usar toda mi fuerza de voluntad para no salir corriendo hacia él.
̶            Que rápido me has perdido el respeto – dice Frederick con cara de asco. Nate se yergue.
̶            Nunca te he tenido respeto – una sonrisa irónica aparece en el rostro de su padre.
̶            Es verdad – dice –. Lo que me tienes es miedo – su puño se estrella ésta vez en labio de Nate, que inmediatamente empieza a sangrar. Nate escupe sangre a los pies de su padre.
No espero ni un segundo más y vuelvo corriendo al camino. Entro en el claro de la forma más natural posible como si me acabara de dar cuenta de que Nate estaba allí. Intento parecer algo agitada – se supone que llevo un rato corriendo sin parar –, no me cuesta trabajo fingirlo, mi corazón ya está latiendo a mil por hora.
̶            ¡Nate! – le llamo – ¿Se puede saber por qué no me has esperado? – él se vuelve hacia mí con sorpresa. Le veo tragar saliva.
̶            Cassandra – murmura. Llego hasta él y me planto a su lado mirando descaradamente a su padre, que me devuelve una mirada cargada de odio y asco. Nate sigue mi mirada – Este es mi…
̶            Tu padre – le interrumpo –. Frederick, ¿verdad? – le tiendo la mano con una espléndida y amable sonrisa en la cara. Él baja la mirada hasta mi mano. La cambio rápidamente, recordando que la mayoría de la gente es diestra. Frederick frunce el ceño –. Soy zurda – explico. Él estrecha mi mano por fin.
̶            ¿Y tú eres?
̶            Cassie, Cassandra Griffin. Nate me ha hablado de usted – noto como Nate se tensa a mi lado.
̶            Vaya sorpresa – dice Frederick. Me está analizando, la voz, la expresión, la postura, los ojos –. Nathan no suele hablar de mí a cualquiera.
̶            Cassie es mi mejor amiga – dice Nate –, no es cualquiera – lo miro sonriendo y frunzo el ceño como si acabara de reparar en su labio partido y su pómulo hinchado.
̶            ¿Qué te ha pasado en la cara? ¿Has tropezado con una raíz y te has caído de boca? – Nate sonríe, aunque sé que le duele hacerlo.
̶            ¿Tú eres adivina? – me río.
̶            Me gustaría haberlo visto – digo –. Bueno, ¿corremos o qué?
Nate mira a su padre.
̶            Hablaremos en otro momento – dice Frederick. Nate me coge del brazo y tira de mí –. Ha sido un placer conocerte, Cassandra Griffin.
Le sonrío mientras me alejo con Nate por el camino. Corremos hasta que llegamos a un banco. Entonces obligo a Nate a sentarse, no se resiste mucho. La herida del labio sigue sangrando y tiene toda la barbilla manchada. Sus ojos son de un azul más pálido de lo normal y su mejilla se está poniendo morada y realmente hinchada. Mi cara se enciende de rabia. Tendría que haberle pegado en vez de darle la mano. Tendría que haber irrumpido en el claro en vez de esconderme detrás de un arbusto.
̶            Quiero que me expliques porqué estabas con él – mi voz suena más dura de lo que pretendo –. Pero antes será mejor que vayamos a tu casa a curarte eso.
̶            No puedo ir a mi casa así. Si mi madre se entera… – él mueve la cabeza negativamente –. No puedo Cassie.
Me siento a su lado, le cojo la mano y la envuelvo entre las mías. Lo miro con ternura, no con lástima – odio que me miren con lástima –, y le abrazo. Él me estrecha con fuerza.
̶            Cassie – su voz suena ronca –. Yo…
̶            No lo digas – él me abraza más fuerte.
El aire a nuestro alrededor empieza a cargarse de electricidad, el parque desaparece, el banco en el que estamos sentados también y pronto me encuentro en mi habitación, sentada en mi cama. Nate me suelta.
Voy al baño a buscar gasas esterilizadas y agua oxigenada. Cuando vuelvo a mi cuarto Nate tiene mucho peor aspecto que antes. Echo agua oxigenada en una gasa y empiezo a limpiarle la herida con cuidado. Él hace una mueca de dolor.
̶            Voy a por hielo – digo. Él me agarra de la muñeca.
̶            No es necesario.
̶            ¡¿Cómo que no es necesario?! – digo enfadada.
̶            Ven aquí – dice. Me acerco a él y me siento sobre sus rodillas – Vale, ahora dame las manos. Bien, mírame a los ojos.
Hago lo que me dice. Siento como la magia pasa a través de mí y llega hasta él. La herida empieza a cerrarse. Abro la boca sorprendida y le sonrío. La magia deja de pasar a través de mí y empieza a salir de mí. La mejilla de Nate recobra su aspecto normal en un segundo. Miro mi mano izquierda y veo que rayos de color naranja rojizo se mezclan con los azules de Nate.
̶            ¿Pero qué… – empieza a decir Nate cuando se da cuenta. Aparto la mano rápidamente y la escondo tras mi espalda. Nunca me había pasado esto. Nunca había usado su magia –. Cassandra, – dice Nate en tono autoritario – enséñame la mano.
Cuando le miro a los ojos sé que no tengo opción, sé que tendré que enseñarle la palma de la mano porque hará cualquier cosa para poder verla. Saco la mano de detrás de la espalda y se la enseño. Ya no emite destellos pero se puede ver como la estrella naranja rojiza se va desvaneciendo poco a poco. Nate me mira con los  ojos brillantes de emoción. Tiene la esperanza de que sea una bruja. Ella se ríe. ¿No te parece irónico? Héctor tenía la esperanza de que yo… CÁLLATE.
̶            No soy una bruja, ni lo pienses siquiera – me levanto y salgo corriendo hacia el baño.
Cierro la puerta y echo el pestillo. Esto no puede estar pasando. Se supone que debería durar más. Mucho más. Voy al lavabo y me lavo la cara con agua muy fría. Quizá la magia la haya despertado y sea algo pasajero. Sí tiene que serlo. Nate pega en la puerta.
̶            Cassandra, ¿estás bien?
̶            Creo que es mejor que te vayas.
El pomo de la puerta empieza a girar de un lado a otro.
̶            Abre la puerta por favor. Cassie, abre la puerta o te juro que la echo abajo.
Cojo unas tijeras y abro la puerta. Apunto a Nate con ellas.
̶            Vete a casa o te juro que te clavo las tijeras – Nate alza las manos en el aire como si yo fuese una policía.
̶            Cass, Cassie, por favor – me suplica. Suelto las tijeras en el lavabo y me cruzo de brazos delante de él.
̶            ¿Qué?
Nate me coge como si fuera un saco de patatas y me lleva hasta mi cama. Se coloca sobre mí y contengo el aliento.
̶            Tengo que decirte una cosa – abro la boca para decirle que no lo haga, pero no me da tiempo. Me besa. Le rodeo el cuello con los brazos mientras él enreda sus manos en mi pelo. Cuando estoy a punto de devolverle el beso separa sus labios de los míos y me mira a los ojos. El corazón está a punto de salírseme del pecho. Parece un dios griego, con el pelo cayéndole sobre los ojos azules y brillantes de excitación y la sonrisa más pícara y traviesa de todas dibujada en el rostro –. Te quiero.
Le devuelvo el beso antes de que diga nada más.
̶            ¡¿Cassie?! ¡Ya estamos en casa! – grita mi madre desde la entrada. Nate y yo nos miramos unos segundos antes de reaccionar.
̶            Rápido – digo levantándome de la cama –. La escena siete.
̶            Elisabeth, por favor, escúchame.
̶            ¡Ya te he escuchado bastante! Te he encubierto un montón de veces, he arriesgado mi trabajo, incluso mi vida por ti. ¡Y ya estoy harta! ¡Vete de aquí! No quiero volver a verte nunca más.
̶            Deja que me explique al menos, entonces me iré.
̶            ¡Fuera de aquí! – grito.
̶            Haz lo que te dice mi hija si no quieres que llame a la policía – dice mi padre desde la puerta. Nate y yo nos miramos y empezamos a reír.
̶            Tranquilo papá, estamos ensayando para el teatro – mi padre nos mira y pestañea unas cuantas veces.
̶            Lo hacéis demasiado bien – dice.
̶            ¿Quién es ese? – pregunta mi madre asomándose por la puerta.
̶            Soy Nathan.
̶            Nathan – dice mi madre entrecerrando los ojos –. Soy Meredith y este de aquí es Ryan, mi marido. ¿Vas a quedarte a cenar?
̶            No, – contesto yo – ya se iba, ¿verdad?
̶            Esto… Sí, tengo que hacerle la cena a mi hermana.
̶            Otro día entonces – dice mi madre sonriente.
Cojo a Nate del brazo y lo arrastro fuera de mi cuarto hasta la puerta de la casa. Él empieza a reírse.
̶            Encima de que siempre estás en medio ahora también me echas siempre de tu casa, ¿qué se supone que voy a hacer contigo Cassandra? – me encojo de hombros.

̶            Puedes besarme otra vez – le sugiero. Él sonríe y me besa.